julio 13, 2026

Sucedáneos del Psicoanálisis: De la yoga y malabarismos, a las artes marciales y macramé

Sucedáneos del Psicoanálisis: De la yoga y malabarismos, a las artes marciales y macramé

Bolivar Hernandez*
En la práctica de la clínica psicoanalítica, he tenido experiencias variadas con pacientes, hombres y mujeres, que me han sorprendido al declarar que abandonan el psicoanálisis por otras actividades que les parecen pueden sustituir la terapia con menos sufrimientos.
El catálogo de sucedáneos del psicoanálisis es amplio y variado, va desde la yoga, pilates, meditación zen, aeróbic, zumba, salsa, tango, adopción de mascotas, servicio social con ancianos, cuidado de niños, el teatro y malabarismos, hasta dedicarse al macramé, arreglos florales, pasando por prácticas de defensa personal con artes marciales.
Todas esas actividades, que son básicamente para el cuidado del cuerpo, tienen el propósito de retomar el movimiento corporal o su fortalecimiento, como una manera de protestar por las actividades laborales extenuantes que estimulan la vida sedentaria y obesidad.
La toma de conciencia sobre el cuerpo es importante en una sociedad como la nuestra que no estimula el deporte ni la sana alimentación. Los gimnasios sustituyen ahora a las clínicas psicoanalíticas.
Desde los griegos clásicos, ya decía Juvenal: “Mente sana en cuerpo sano”, es decir que el ser humano es un todo integrado. Tan fundamental es cuidar el cuerpo, como la psique.
Para tratar de enmendar sus neurosis particulares, los pacientes han discurrido que la clave es una terapia ocupacional. Buscar distracciones sanas y productivas. Mantener ocupada la mente con una serie de distractores inocuos.
En otras sociedades acudir a una terapia psicoanalista es algo normal
Es un asunto que no se esconde, no se oculta; inclusive los choferes de los taxis, en una capital sudamericana, van a terapia y tienen un psicoanalista de cabecera. Esto es impensable en nuestras sociedades.
En ellas casi nadie admite estar acudiendo a una terapia psicoanalista, ni siquiera sus parejas o familiares están enterados de eso, es un secreto celosamente guardado. Hay un estigma sobre los individuos que van a terapias psi, se piensan que “están locos “, o desquiciados.
Existen muchos mitos alrededor del psicoanálisis, son rumores maliciosos, y esto sucede desde los tiempos del mismo Freud, quien fue objeto de una campaña de desprestigio de sus propios colegas. Las objeciones principales giraban en torno a la sexualidad, que es todavía un tema tabú.
En la época contemporánea
Parece un chiste, pero Woody Allen con sus confesiones públicas ha causado muchos perjuicios a la práctica psicoanalítica.
Allen ha dicho que ha ido con el psicoanalista durante más de 25 años, y en sus películas no tiene empacho en decir que sufre de un Edipo no resuelto con su santa madre.
La sociedad estadounidense rechaza al comediante y cineasta afamado, por sus escándalos públicos, en forma particular por su matrimonio con su hija adoptiva, y por sus relaciones de pareja con dos famosas actrices de varios de sus films.
La condena social es: “Cómo un sujeto con tantos años en el diván del psicoanalista, pueden tener una conducta tan enferma?”.
Que los pacientes se retiren de la terapia psicoanalítica es normal, muchas veces las razones si son estrictamente económicas o financieras. En otros casos , ellos solitos “se dan de alta”. Y se van…
Pero cuando expresan algo parecido a esto: “Me voy de la terapia porque encontré algo mejor o superior al psicoanálisis, creo que lo que necesito es la yoga”. Estos son sucedáneos simplemente.
Es como cuando se quiere sustituir la quimioterapia con alguna planta medicinal, como le ocurrió al millonario Steve Jobs, dueño de Apple, quien murió de cáncer por evitar las quimioterapias y tomar solamente tés de hierbas.
Foto: ElisaRiva
Los pacientes que utilizan un pretexto para interrumpir el proceso psicoanalítico, al decir que hallaron algo mejor que el psicoanálisis sin ningún sustento válido, me dejan anonadado, estupefacto.
No tengo palabras para esos pacientes que abandonan súbitamente el proceso terapéutico, simplemente les digo: “¡Que te vaya bien!”.
Una historia reciente
Con una paciente expresa muy bien esta temática tan crucial para mí. Ella tiene un severo trastorno de personalidad, con crisis cíclicas que la llevan a internamientos en clínicas privadas de psiquiatría. Ella está en un tratamiento psiquiátrico mediante la ingesta de 35 cápsulas diarias, casi todas son ansiolíticos. Vive dopada permanentemente.
Familiares suyos le recomendaron tomar una terapia psicoanalítica y ella aceptó con agrado. Al enterarse de esto, el psiquiatra que la atiende se mostró en desacuerdo con una terapia psicoanalítica. La razón es que las medicinas que consume en exceso, son la única solución, afirmó el psiquiatra, y comenzó a presionar a la paciente para que dejara la terapia psicoanalítica.
El boicot era evidente, el psiquiatra se vio amenazado en su tratamiento con pastillas, que por cierto son muy caras, al enterarse que yo dije que eran muchas cápsulas , y que eran innecesarias la mayoría de ellas.
Un día vino la paciente a mi consultorio para despedirse de mi, y decirme que no podía vivir sin el arsenal de medicinas que le receta el psiquiatra, y que además al haber suprimido varías cápsulas, le generaba mucha angustia, falta de sueño y apetito, y que conmigo era como someterse a una operación quirúrgica sin anestesia. Mucho sufrimiento y dolor emocional no eran soportables para ella. Le di un abrazo y le deseé lo mejor.
Hubiera preferido que esta paciente tomara clases de yoga o de defensa personal, y que no volviera a consumir las drogas psiquiátricas
*La Vaca Filósofa
Fotos: Sozavisimos / ElisaRiva

About The Author

Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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