Con una tercera parte de estas deseables peticiones de perdón del Presidente de la República, sería suficiente para que tuviera un respetable lugar en la historia de México
Bernardo Méndez Lugo*
Al cumplir 4 años de gestión gubernamental, pido perdón a 130 millones de mexicanos y 50 millones más de origen mexicano y mexicanos en EU por las siguientes razones, y espero no sea demasiado tarde para enmendar mis errores.
Fui elegido presidente con una votación histórica a mi favor y muchas esperanzas se depositaron en mi desempeño. A cuatro años de iniciado mi mandato no he podido cumplir todo lo qué me propuse.
Son muchos factores los que han afectado mis buenas intenciones y planes. Espero enmendar errores en lo que me resta de mi mandato; debo escuchar a mis colaboradores y no tratar de imponer mi decisión en todo.
El trabajo de equipo es fundamental para asegurar decisiones certeras. He cometido el grave error de imponer mis criterios y, de esa manera, excelentes colaboradores en todos los órdenes se han ido, los he despedido o ante el abuso de mi autoridad, se han alejado.
Mi apetito de poder y de controlar todo han sido malas decisiones y sin mucho esfuerzo he reproducido lo peor del presidencialismo mexicano, tendencias de la era neoliberal como en el Salinato o de antes con Echeverría.
Reconozco esa vieja costumbre…
De ver en los ciudadanos a vasallos o sujetos del clientelismo, ambas actitudes no son nada saludables.
E igual de grave el desconfiar de todos, excepto de mi mujer e hijos, también ha sido un error, en un doble significado: Limitar la capacidad de interlocución de mis colaboradores al exigir lealtad extrema y alimentar voluntaria o involuntariamente un cierto nepotismo.
Otro error importante es tratar de atribuir todos los males a las pasadas administraciones federales y querer rehacer en su totalidad las estructuras gubernamentales con la idea de que de raíz todo era corrupto y nada rescatable. Un caso lamentable ha sido atacar a la gran mayoría de los organismos autónomos.
Tampoco he sido capaz de combatir la corrupción estructural y no he castigado a los corruptos del pasado. He dedicado muchas horas de discursos y críticas a empresas y empresarios corruptos pero, al mismo tiempo, me he rodeado y hecho alianza con poderosos empresarios nada ejemplares que se fortalecieron y enriquecieron con las privatizaciones de la era neoliberal.
En la asignación de proyectos a empresas o al ejército, debo de pregonar con el ejemplo, siendo totalmente transparente y cumplir con la rendición de cuentas.
Debo reconocer que no tengo ni he tenido los mejores aliados entre empresarios, pero también en lo político he tenido y tengo aliados incómodos, de proceder poco ético y cuyos vaivenes indican su falta de compromiso social.
Sin evaluar consecuencias y viabilidad he destinado sumas millonarias a megaproyectos e intentado fortalecer rectoría del estado en electricidad y petróleo.
La ilusión de crear efectos multiplicadores positivos con los megaproyectos
Buscando la soberanía energética, como el caso de Dos Bocas, me ha impedido analizar a fondo la necesidad de fortalecer la producción de energías limpias y renovables y mi argumento ha sido denostar las grandes corruptelas de empresas de ese rubro sin brindar alternativas hacia la urgente y necesaria transición energética a un modelo distinto, que permita cumplir con nuestros compromisos en la agenda de cambio climático.
El entorno mundial ha sido muy complicado desde marzo de 2020 con la expansión de la pandemia y el impacto en nuestro país ha sido muy grande. Desde muy temprano en la pandemia, mi compañero de lucha, ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas propuso dedicar más recursos para luchar contra la pandemia y posponer algunos gastos de los megaproyectos pero no escuché.
Y sufrimos las consecuencias de mi empecinamiento por no escuchar a nadie con 330,495 muertos. Si somos autocríticos, las muertes fueron probablemente el doble o cerca del doble.
Mi empecinamiento y terquedad ha hecho mucho daño al país y a millones de mexicanos
No he tenido la tolerancia y prudencia para escuchar a los críticos y a todos los he calificado como adversarios y enemigos. Inclusive cualquier voz discordante entre mis colaboradores no la he tolerado.
En el terreno de la política sanitaria desde el inicio de la pandemia tuve muchas acciones y dichos imperdonables. Un grave error de política pública el haber intentado manejar la pandemia como un asunto político y no escuchar las voces autorizadas, algunas muy cercanas a mí, como la doctora y epidemióloga Asa Cristina Laurel.
Aún a críticos muy comprometidos con nuestro proyecto, nunca les escuché y preferí despedirlos o ignorarlos. Algo hemos avanzado con la vacunación gracias el alto desempeño del personal de salud.
Pero, inclusive, con ellos fui insensible y desconsiderado al hacer críticas sin fundamento a médicos y personal de salud. Les pido me perdonen, aunque tardío mi perdón, reconozco mi error de juzgarlos severamente sin razón.
Sin embargo, la tercera ola del Covid19 nos puso a prueba y con mucho esfuerzo en vacunación, pudimos salir adelante. Siguen semanas y meses con riesgo de rebrotes y nuevas cepas invernales y debo escuchar a las voces autorizadas y dejar de ver un problema sanitario como un asunto o tema político.
Hay muchos más pendientes que requieren con urgencia de mi atención. Es el caso del poder creciente de la delincuencia organizada y si bien no se deben reproducir las estrategias fallidas del pasado no podemos permanecer omisos.
Nuestras omisiones han significado darles mayor espacio y aún cuando con pragmatismo se vea a algunos actores de estos grupos como aliados coyunturales, el riesgo de quedar atrapados en sus redes es mayor que el beneficio.
Algo se debe hacer de inmediato
El fracaso de la Iniciativa Mérida y las malas experiencias con la DEA no deben ser factores que paralicen la urgente necesidad de acciones.
Sembrar discordia no trae buenos resultados a la larga y el enfrentamiento y resentimiento social explicable, no debemos alimentarlo. Pido perdón porque he sido responsable de atizar el fuego de la discordia. Entiendo la guerra de mis enemigos pero no he sido capaz de distinguir enemigos inclusive en nuestras propias filas, de quienes buscan de buena fe que enmendemos errores.
Un grave error, fustigar y descalificar a la clases medias aspiracionistas, la mayoría de mexicanos están en ese deseo de superación incluyendo a mis propios hijos y millones de mexicanos que se han ido a EU con el fin de superarse y tener mejor futuro.”
Y en ese sentido, aprovecho para pedir perdón a los paisanos y connacionales en EU, les he fallado en muchos sentidos: No he fortalecido de manera significativa la capacidad de defensa de nuestros connacionales en las tareas de protección de la red consular, en parte afectada por la pandemia.
Ellos han hecho su mejor esfuerzo con el envío extraordinario de más remesas, pero nosotros no hemos tenido la empatía suficiente para corresponder con más recursos a los consulados.
Tampoco hemos creado una alternativa al programa 3X1 y en general con los pocos recursos, los consulados han realizado una tarea titánica durante la pandemia.
También hemos fallado en atender a los deportados a México y han sido pocas, las políticas de apoyo en los estados con importante población de retorno.
Como en otras épocas de ingratos recuerdos
He abusado de la discrecionalidad de mis atribuciones en nombramientos consulares y diplomáticos de carácter político, no solo en EU sino en todo el mundo.
Me he excedido en nombramientos políticos de embajadores y lo más grave es que, como en el pasado, muchos de ellos y ellas, no tienen el perfil y conocimientos para el puesto.
Todo esto en detrimento del personal diplomático de carrera. Y reconozco de repetir el mismo error de mis nefastos antecesores: Otorgué muchos de estos nombramientos como pago a su lealtad política sin considerar el perfil y el puesto.
Este error se ha repetido en otros nombramientos en el gabinete donde, como sucedió en el pasado que tanto aborrezco:
Otorgué y he seguido otorgando puestos más por lealtad probada que por conocimiento del puesto. Y siguiendo mi ejemplo, mis subalternos secretarios de estado hacen lo mismo que yo: Nombran a amistades de confianza de probada lealtad. Y estas prácticas han sido en muchos casos, desastrosas por la poca o nula pericia y preparación de los nombrados.
Si he fallado, ha sido mi entera responsabilidad
.Tengo las mejores intenciones y toda mi vida he luchado por las causas de los pobres y más vulnerables. Tengo una gran deuda con las comunidades campesinas e indígenas. Es razonable el distanciamiento del EZLN y debo atender sus llamados.
Los megaproyectos pretenden llevar desarrollo y empleo a sus regiones. Debo evaluar con mayor rigor el impacto social y ambiental de los proyectos en el hábitat y territorios indígenas respetando el espíritu del Convenio 169 de la OIT sobre derechos indígenas.
Dos de los programas insignia de mi administración ‘Jóvenes Construyendo el Futuro’ y ‘Sembrando Vida’ necesitan acciones correctivas, han habido aciertos y buenos resultados parcialmente, pero todo programa necesita correctivos.
No siempre son errores de las cabezas responsables, sino la indebida utilización de los programas por camarillas y por la tentación de operarlos como instrumentos clientelares.
También pueden existir problemas más estructurales sobre la efectividad e impacto social. Ambos programas requieren correctivos, en el primero mejorar la capacidad de emprendimiento de los aprendices y evaluación del aprendizaje. Y en el segundo no provocar problemas de reforestación efectiva y riesgos de erosión por priorizar la entrega de dinero sobre cualquier otra consideración de viabilidad de mediano y largo plazo de recursos bióticos, forestales y silvícolas en las comunidades donde se desarrolla el programa, como lo han manifestado observadores internacionales independientes.
Lo grave es cuando esas camarillas que operan los programas son personas que les he depositado mi confianza o que, con el afán de quedar bien con el partido, conmigo o mi familia desnaturalizan el fin del programa.
Deben ser programas guiados por sus fines específicos y no convertirlos en instrumentos de control político o para crear lealtades. Tarde o temprano esas intenciones pervierten el noble fin de ambas programas que buscan mejorar el nivel de vida y el bienestar de los jóvenes al lograr su inserción laboral en el primer programa; y en el segundo programa la sustentabilidad agroforestal y desarrollo de las comunidades rurales.
Sobre celebraciones y conmemoraciones debemos ser más cuidadosos y tener mesura y prudencia al hacer una relectura de la historia.
Más que celebrar, vivimos un año de duelo y tristeza por pérdidas irreparables de vidas, muchas de ellas se pudieron evitar, pero todos cometimos errores en la política sanitaria y debemos ser humildes y cuerdos y aceptar que no somos perfectos.
No es correcto querer revisar la historia para intentar acomodarla a nuestros intereses. Se vale la búsqueda de una reinterpretación histórica, pero debemos evitar manipulaciones de los hechos para acomodarlos a nuestros fines políticos.
