Bolivar Hernandez*
Timoteo es un hombre de origen indígena, tiene 50 años, y es oriundo de la aldea El Progreso, Huehuetenango, departamento fronterizo con Chiapas, México.
Timoteo es hablante de Mam, es un idioma de origen maya que involucra un gran número de hablantes en México y en Guatemala.
Durante el conflicto armado, en los años 80
La familia de Timoteo huyó del país y se refugiaron en México primero, y luego en los EEUU. Vivieron en California cuando Timoteo era aún un niño. Timoteo es trilingüe, domina el Mam, el español e inglés.
En su estancia en USA
Timoteo dispuso alistarse en el ejército de los Estados Unidos, porque le dijeron que ahí tendría asegurado su futuro económico.
Timoteo, una vez enrolado en el ejército norteamericano, fue destinado de inmediato a Irak, no como combatiente por su baja estatura y poco peso corporal, sino como experto en comunicaciones.
La guerra en Irak le produjo graves traumas emocionales a Timoteo, por lo que tuvo que ser atendido en el pabellón de psiquiatría en su campamento; ahí ingirió una gran cantidad de medicinas antidepresivas y, por fuera, consumió importantes cantidades de drogas.
Después de tres años en la guerra de Irak, Timoteo volvió a los Estados Unidos, traumado con crisis de angustia y ataques de pánico. De inmediato se dio de baja en las filas del ejército, y fue indemnizado con un pago único, muy cuantioso en dólares.
Timoteo nunca se casó ni tuvo relaciones formales con ninguna mujer, tampoco tiene hijos.
Timoteo volvió a Guatemala
Primero retornó a la aldea donde nació y no se halló ahí; era un extraño en la comunidad. Se sintió excluido, apestado.
Finalmente, decidió irse a radicar a la capital guatemalteca, para ver qué podía hacer. Y encontró empleo en un Call Center, con jornadas extenuantes. Él era muy eficiente con el idioma inglés, y recibía cientos de llamadas de clientes descontentos y todos lo insultaban siempre.

Ante tantas frustraciones…
Un día Timoteo decidió darse un gusto caro, y le contó a su familia que compraría un jaguar. Y todos se opusieron a tan descabellada idea.
–Estás loco, le dijeron sus padres y sus hermanos.
Timoteo fue el hombre más feliz sobre la faz de la tierra por poseer un jaguar.
Una buena parte de sus ahorros, en dólares, obtenidos por la indemnización del ejército, los invirtió en adquirir su caprichito.
Él vive en una zona peligrosa de la urbe guatemalteca, la famosa Zona 18, que es una zona roja por sus altos índices de criminalidad.
Ahora, el jaguar de Timoteo se encuentra en estado lamentable: no tiene llantas, ni motor, lo desmantelaron sus vecinos por completo.
Timoteo sufre mucho, pocas ocasiones pudo manejar ese auto de lujo, se quedó con las ganas de viajar con su jaguar hasta la aldea que lo vio nacer y poder callar bocas de sus paisanos envidiosos.
*La vaca filósofa.

