Se acabó la diplomacia de por favor no: México deberá responder a las amenazas con expedientes jurídicos y nuevos mercados; debe dejar de comprar el chantaje emocional del presidente republicano.
Bernardo Mendez Lugo*
Donald Trump está derrotado y desesperado. No es una hipérbole, es la lectura estratégica del momento. Derrotado en lo político, porque su proyecto de restauración imperial ya no tiene materia prima. Derrotado en lo económico, porque los aranceles no trajeron fábricas de vuelta, trajeron inflación.
Y derrotado en lo personal, porque el hombre que construyó toda su identidad sobre la imagen de ganador invencible se enfrenta, por primera vez, a un espejo que le devuelve la imagen de un perdedor acorralado.
Un Trump desesperado es infinitamente más peligroso que un Trump triunfante
El Trump triunfante negocia, presume, hace show. El Trump desesperado destruye. Cuando no puede ganar, necesita que todos pierdan con él. Necesita un enemigo externo, un conflicto en la frontera, una crisis comercial que le permita gritar traición y justificar su fracaso.
Es en ese escenario donde México y Canadá, deben dejar de actuar como socios comerciales cordiales y empezar a actuar como lo que son: Dos países que comparten frontera con una potencia en implosión controlada.
Para México, la primera regla es no comprar el chantaje emocional. Cada vez que Trump grita sobre fentanilo, migrantes o el T-MEC, no está haciendo política exterior, está haciendo campaña interna de supervivencia.
Responder con histeria, con comunicados indignados cada mañana, es caer en su juego. El gobierno mexicano debe aplicar una doctrina de frialdad estratégica. Eso significa tres cosas:
Uno: Documentarlo todo. Cada amenaza arancelaria, cada tuit, cada declaración fuera de protocolo. No para responder en Twitter, sino para llevarlo directamente a los paneles del T-MEC y a la OMC.
Trump desesperado viola sus propios tratados porque ya no le importan. México debe convertir cada violación en un expediente jurídico que le cueste dinero a Washington.
Dos: Diversificación real y acelerada, no retórica. Cada día que México depende en un 80% de Estados Unidos es un día que le regala poder a un hombre desesperado. El acuerdo con la Unión Europea debe activarse a fondo, la alianza con Brasil y el Mercosur debe dejar de ser simbólica, y la puerta a Asia debe abrirse sin pedir permiso a Washington.
Cuando Trump amenace con cerrar la frontera, la respuesta mexicana no debe ser por favor no, sino tenemos otros puertos.
Tres: Unidad nacional sin fisuras. El peor error de México sería que la oposición interna use a Trump para atacar al gobierno, o que el gobierno use a Trump, para distraer de problemas internos.
Trump, derrotado, busca dividir a la clase política mexicana, comprar gobernadores, financiar voces que pidan sumisión. La respuesta debe ser un frente cerrado: Todos los partidos, todos los empresarios, todos los gobernadores defendiendo la misma línea de soberanía.

Para Canadá, el desafío es distinto pero igual de urgente
Canadá cometió durante años el error de creer que por ser anglosajón, educado y ordenado, sería tratado con respeto. Trump desprecia precisamente eso. Ve a Canadá como un estado blando, rico y dependiente, al que puede humillar sin costo.
El gobierno canadiense debe abandonar la cortesía. No más declaraciones de profunda decepción. La doctrina canadiense frente a un Trump desesperado, debe ser la del golpe quirúrgico.
Si Trump pone aranceles al acero, Canadá no pone aranceles genéricos. Pone aranceles al bourbon de Kentucky, a las motos de Wisconsin, a las naranjas de Florida. Golpea exactamente donde duele electoralmente al trumpismo moribundo. ¡Duele más y dura menos!
Además, Canadá debe dejar de jugar solo
Durante décadas, Ottawa intentó negociar bilateralmente con Washington, mientras México hacía lo propio. Esa división es el mayor regalo para Trump.
Un Trump derrotado no puede pelear en dos frentes a la vez. México y Canadá deben presentar un bloque común en cada renegociación, en cada disputa. ¡No es amistad, es supervivencia!
Si Trump quiere castigar a México por energía, Canadá debe amenazar con revisar su propia cooperación energética. Si quiere castigar a Canadá por lácteos, México debe respaldar a Canadá en el panel.
Ambos gobiernos deben prepararse para el día después. Trump está derrotado, y su desesperación es el canto del cisne de una era. Pero el trumpismo como chantaje no morirá solo. México y Canadá deben usar estos meses para blindar el T-MEC con candados legales que impidan que cualquier futuro presidente desesperado vuelva a usar los aranceles como arma política.
Necesitamos un mecanismo automático de represalias, un tribunal comercial independiente de la Casa Blanca, y un fondo común de defensa comercial.
No hay que temer a un Trump desesperado. Hay que contenerlo, aislarlo y dejar que se derrote solo. México y Canadá no tienen que ganarle. ¡Solo tienen que no perder con él!


