La intervención militar de Rusia en Ucrania está dando un fuerte impulso a la reconfiguración del orden del poder mundial generado por el traslado del centro de gravedad geoestratégico y geoeconómico del planeta, del eje euroatlántico (EEUU-Europa Occidental) al euroasiático, encabezado por China y Rusia.
El histórico acuerdo de cooperación ilimitada firmado por estos dos países el 4 de febrero pasado, consolida la posición de ambos como las principales fuerzas motrices de un orden mundial multipolar, cooperativo, no hegemónico y considerablemente independiente del dólar estadounidense como moneda de referencia internacional.
La reacción negativa de las élites dirigentes de Estados Unidos a este escenario de pérdida de su hegemonía es una de las principales fuentes de las tensiones mundiales, y sus planes para enfrentarlo se pueden evaluar en la reveladora conferencia de la secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen, pronunciada en el Atlantico Council, institución elaboradora de estudios estratégicos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en Washington, el pasado 13 de abril.
Al mismo tiempo que admitía el fracaso del actual sistema financiero encabezado por Estados Unidos para cumplir plenamente sus promesas de desarrollo y la emergencia de un escenario de dos sistemas paralelos y competidores, dijo claramente que Washington no cederá la prerrogativa de liderato y no permitirá que los países se mantengan “encima del muro” -es decir, que tendrán que escoger un lado, o enfrentarse a ser excluidos de la lista de “países amigos” con quienes Estados Unidos hará negocios. Lo cierto es que no todos los días una tecnócrata como Yellen hace una admisión como ésta:
La ironía de la situación es que, mientras el mundo se hunde en el ahorro -las tasas de interés reales han caído durante décadas-, no fuimos capaces de encontrar los capitales necesarios para invertir en educación, salud e infraestructura. Para ir al frente, tenemos que hacer evolucionar el sistema financiero del desarrollo, en especial el Banco Mundial y los bancos de fomento regionales, para nuestro mundo en transformación, en particular para movilizar mejor los capitales privados y financiar los bienes públicos globales. Los bancos de fomento multilaterales, sin embargo, nunca podrán hacerlo solos a la escala de financiamiento necesaria, de modo que tenemos que revisar nuestras estrategias para que los mercados de capitales trabajen para las personas de los países en desarrollo.
Trató de trasmitir, por otra parte, su confianza en la capacidad de Estados Unidos de mantener su posición hegemónica:
Con respecto al dólar, creo que con lo que están experimentando países como Rusia, ustedes ven el poder de la sociedad entre Estados Unidos y nuestros aliados y de la importancia del dólar, del euro, monedas en las que se hacen las transacciones, una herramienta para imponer sanciones que pueden ser inmensamente costosas. Y existen países a los que les gustaría inventar un sistema que los libere de recurrir al dólar, pero creo que esto todavía va a necesitar mucho tiempo, tal vez nunca ocurra (sic), antes de que el dólar sea sustituido en su papel de principal moneda de reserva de la economía global, y esto, fundamentalmente, por causa del papel reforzado de la economía de Estados Unidos, de la fuerza de nuestro sistema financiero.
Para reforzar sus argumentos, Yellen fue categórica al señalar que sanciones como las que se le están imponiendo a Rusia serán uno de los pilares del sistema encabezado por Estados Unidos: “Y déjenme ser clara, la coalición unificada de países que impusieron sanciones no será indiferente a los actos que debiliten las sanciones que se pusieron en efecto”.
Y no dejó ningún margen de duda sobre las pretensiones de Washington:
Nuestro objetivo debería ser el de llegar a un comercio libe, más seguro. No podemos permitir que los países usen sus posiciones de mercado en materias primas, tecnología o productos cruciales, para tener el poder de debilitar nuestra economía o de ejercer una palanca geopolítica indeseable.
Utilizando la expresión “friend-shoring” (amigo naciente) para calificar la reorientación de la política comercial estadounidense al referirse a la preferencia de la “cadenas logísticas ligadas a un gran número de países confiables”.
La periodista Rana Foroohar, miembro vitalicio del selecto Consejo de Relaciones Exteriores de Nueva York (CFR), el principal centro de debates del establishment estadounidense, editora asociada del periódico Financial Times y comentarista económica de la red CNN, para quien el mundo está entrando a una “era postneoliberal”, se hizo eco de la secretaria Yellen, con quien participó en el debate.
En un artículo publicado el 18 de abril, titulado “Es hora de un nuevo Bretton Woods”, en referencia a los análisis debatidos en el CFR, calificó el nuevo marco financiero de “un mundo, dos sistemas”, uno de ellos basado en la “confianza”: “confianza en un sistema encabezado por Estados Unidos, confianza en un grupo de aliados”.
Más aún, al recalcar un comentario de Yellen, Foroohar observó que poco más de 30 países se dispusieron a seguir a Estados Unidos en la imposición de sanciones a Rusia, aunque este no fue el caso de China, factor considerado como pivote para el establecimiento de un nuevo marco de la economía mundial.
China, en efecto, es el elefante que no se puede ignorar, como muestra la amenaza de Yellen:
China no puede esperar que la comunidad global (sic) respete sus llamados a los principios de soberanía y de integridad territorial en el futuro, si ella no respeta esos principios ahora, cuando ellos están en juego.
La mención proverbial “comunidad” es un antiguo tic de Washington para calificar a los países bajo su influencia, pero su real dimensión se puede medir con el reducido número de países que se unieron a las sanciones.
Sea como fuere, las advertencias de la secretaria del Tesoro muestran claramente la extensión de los desafíos que el mundo tiene enfrente. No se trata de adherirse incondicionalmente a uno u otro sistema de transacciones financieras, económicas y comerciales; al final, ni Estados Unidos ni varios países de la Unión Europea podrán interrumpir sus relaciones con China ni con Rusia; pero si aprovechar el momento ante el nuevo escenario mundial, con un grado de autonomía que hasta ahora no era factible para muchos países.
*MSIa Informa

