En los últimos seis meses, finalmente, la mayoría de los comentaristas dejó de decir que la relación entre Estados Unidos se encuentra “en su peor nivel desde el fin de la Guerra fría” y reconoció, por fin, lo obvio: la nueva Guerra fría se está desarrollando. La situación recuerda cada vez más la década de 1950, naturalmente, con los ajustes necesarios a la nueva coyuntura internacional. Creo que Rusia puede salir vencedora del actual agravamiento. Tan sólo necesita hacer la elección correcta en su política interna y en curso de la política exterior y, lo más importante, evitar envolverse en una gran guerra, que podría transformarse en un Armagedón termonuclear mundial y en el ciberespacio.
La ronda anterior de la Guerra Fría terminó con la derrota del comunismo y de la Unión Soviética. ¿Cuáles son las chances de la lucha actual, trabada contra China y Rusia? Como resultado del derrumbe de la URSS perdimos una parte significativa de territorio y de población. Las reformas sin éxito causaron daños significativos a la élite meritocrática, al capital humano, a la ciencia y a la alta tecnología. El escudo de seguridad occidental se encogió. La pérdida de influencia mundial y del imperio fue un golpe doloroso para muchos.
Luego de un rápido crecimiento en la década de 2000, la economía se estancó, con lo que se redujo un poco la base de influencia internacional. Pero, lo más importante, a largo plazo, esto acarrearía la erosión de la estabilidad interna y la pérdida del apoyo público activo a las autoridades. La debilidad fundamental del país es no tener una tecnología orientada al futuro, que sustituya las anteriores, la comunista muerta y las ideas de “retornar” a Europa, en los años de 1990, “levantarse de las rodillas”, en los años 2000, y recuperar la condición de una gran potencia de primera clase en la década de los 2010. Las grandes naciones se colapsan sin tales ideologías o luego de perderlas. La decisión de los círculos dirigentes de evitar la tan esperada “nueva idea rusa” que uniría a la mayoría de la población es bastante intrigante. Era necesaria una tecnología de alta calidad, pero ella no garantizaría una victoria en la lucha por el futuro. En los estadios iniciales de la Guerra fría anterior, el país tenía una idea, aunque comunista, y una economía en crecimiento.
Sin embargo, existen igualmente algunos aspectos positivos. Era necesario pagar por la grandeza. Fue enorme el precio que la Unión Soviética tuvo que pagar por el apoyo de los países de “orientación socialista” del Tercer mundo, de los vasallos de Europa Oriental y de las exrepúblicas soviéticas y a la gigantesca maquinaria militar. Antes de la derrota de 1990-91 teníamos la oposición de la civilización occidental, que comenzaba a perder, pero que todavía era poderosa. Ahora ella se está desintegrando política y moralmente y se debilita económicamente, aunque su potencial económico, militar, cultural y de información acumulada, accionada por medio de las sanciones y de una guerra de información, todavía es, verdaderamente, bastante grande.
Los sistemas políticos de la mayoría de los países que decidieron enfrentarnos a nosotros y a China no están adaptados para un enfrentamiento largo y feroz. Si tuviésemos la oposición de un Occidente gobernado por gobiernos más autoritarios y eficaces, la situación podría ser más complicada. Las tendencias autoritarias en Occidente, inevitablemente, aumentarán, así como en todos los demás lugares (usada ya con la pandemia para tal transición). Pero el cambio de los sistemas políticos establecidos a lo largo del último medio siglo será doloroso y tomará décadas. Al final de la Guerra fría anterior, el estado intelectual de Occidente era su gran triunfo. Ahora, la situación cambió espectacularmente. Occidente atraviesa por turbulencias y no define ya la tendencia mundial. Este es otro motivo para su pánico, su hostilidad y su deseo de separase de los otros. En el pasado, fue la Unión Soviética la que se mantuvo aislada del mundo, mientras que occidente se jactaba abiertamente su apertura para atraer a otros pueblos. Otra analogía sorprendente con la Unión Soviética -el despliegue enfermo de las fuerzas terrestres de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) en Afganistán y su previsible derrota, luego de casi 20 años de combates- parece una farsa.
No somos muy ricos, pero no falta de todo, como ocurría en el pasado -lo que, además del declive de la idea comunista, fue la causa más importante del derrumbe-. Rusia reconstruyó su maquinaria militar -un recurso de primera clase en un mundo de caos creciente y de competencia feroz (en la dicotomía de la espada de oro, ahora prevaleciente nuevamente)- con una pequeña fracción del costo anterior. Con la más reciente generación de armamentos demostramos que podemos ser la vanguardia donde fuese necesario con bajo costo. Al reequilibrar los lazos económicos con el Oriente y reducir la dependencia económica abrumadora de Occidente, obtuvimos más margen de maniobra. Cualquier patriota de nuestro país no puede dejar de lamentar la pérdida de tierras ancestrales. Pero la mayoría de esos territorios devoraron los recursos de Rusia. Ahora, esos territorios nos proporcionan una fuerza de trabajo de bajo costo. Sin ella, la declinación demográfica iniciada en los tiempos soviéticos sería mucho más dolorosa. El comercio se realiza a precios de mercado, y no subsidiados. Esta es una de las razones por las que casi todas las exrepúblicas soviéticas se hicieron pobres de una forma relativamente acentuada. El problema de Ucrania, creado en gran medida por nuestra inercia en el pasado, persiste, pero el país está caminando rápidamente a la insolvencia total. La asistencia a los países en desarrollo es relativamente minúscula. Pero lo más importante es que mantuvimos Siberia -una base fundamental para el desarrollo de los siguientes años.
Un factor significativo en el cálculo del equilibrio del poder es la disminución de la participación de Occidente en el PIB mundial y la creciente independencia del mundo no occidental, lo que ofrece más espacio para maniobras geoeconómicas y geopolíticas. Rusia tiene aún otra ventaja importante: la experiencia de la derrota en la Guerra fría anterior y la ausencia de ilusiones y de antojos ideológicos. Hasta ahora evitamos repetir los errores soviéticos -excesiva intervención imperial y copiar los actos de un oponente más rico en el campo militar- y abandonamos el extraño concepto de necesidad de igualdad numérica (paridad) en armamento.
Nuestra ventaja más importante es que la mayoría de los rusos y la élite rusa creen en su rectitud moral. Este sentimiento no existía en la sociedad soviética al final del régimen y esto se convirtió en uno de los principales motivos de la desintegración del país. En necesario sostener ese sentimiento con una estrategia y una ideología volcadas al futuro, y salir del estancamiento económico que agota nuestro espíritu y nuestro vigor.
Sospecho que aquellos que decidieron desatar otra Guerra fría contra nosotros, contra China y las otras “nuevas” (potencias) ya perdieron la fe en su propia justicia. En debates personales, ahora bastante raros, con colegas occidentales, les dije sencillamente más de una vez: “¡Dejen de mentir!” Y lo hicieron. Nosotros, los soviéticos, éramos tan tímidos… Pero esto no significa, sin embargo, que nuestros oponentes desistirían rápidamente. No obstante, están tratando de consolidarse. Un cambio fundamental en la posición geopolítica de Rusia ocurrió debido a la transformación de China, de un Estado enemigo en amigo, casi aliado. Es el recurso externo más importantes para el desarrollo y la economía de recursos con la reducción de los gastos militares. China está reconstruyendo sus Fuerzas Armadas y transformando su estrategia militar, de una orientación terrestre a una marítima. Pequín todavía no nos va a amenazar. Una China fuerte está atrayendo cada vez más recursos político-militares de Estados Unidos. Rusia está haciendo lo mismo por China. Rusia es un pilar estratégico en la esfera político militar y una fuente segura de los recursos naturales más críticos para China.
La Historia nos aproximó. Y esto es un gran triunfo en la situación actual. Es necesario no sólo profundizar esta cooperación y llevarla al nivel de una unión formal en la década que viene, pero también planear nuestra política hacia China de las siguientes décadas, cuando la buena vecindad indudable puede tener que complementarse con elementos más fuertes de equilibrio, si China se lleva la mejor parte sobre Estados Unidos (lo que tiene más oportunidades de hacer) y experimenta el vértigo imperial con el éxito. En este punto, la derrota relativa de Pequín no parece probable, pero, si sucediera, Rusia tendrá que reequilibrar su política a su favor. No se debe permitir que Occidente asuma el control. Ya demostró de lo que es capaz cuando piensa que va ganando -una serie de agresiones y de “revoluciones de color”, que hunden a países y regiones enteras en el caos y en la pobreza.
Debemos evaluar la posibilidad de que, en caso de que Estados Unidos sufran una derrota relativa, puedan en una década optar por un condominio con China, como propusieron Henry Kissinger y Zbigniew Brzesinski.
Tenemos una buena oportunidad de vencer en esa Guerra fría. Pero la lucha exigirá que emprendamos muchos esfuerzos nacionales y elaboremos una ideología volcada al futuro. Ella no debe confiar tan sólo en tradiciones que dan vida, sino que debe conducir al futuro. Sus contornos son bastante obvios. Mis colegas y yo los hemos descrito repetidamente. Muchos otros rusos pensantes también han presentado ideas fructíferas.
Para crear esa ideología y hacerla efectiva es necesario mantener la apertura intelectual y el pluralismo. Creo que eso se puede hacer, aunque no será fácil en medio de la confrontación en curso. Si esa libertad se restringiese, esto llevaría no sólo a la pérdida de la ventaja competitiva, sino también a errores inevitables en la política (como lo prueba la experiencia soviética).
Luego de la “victoria”, la Historia continuará y nuevos esfuerzos serán necesarios para mejorar nuestro país y encontrar el equilibrio ideal en el mundo. Perdimos el choque anterior de la Guerra fría, inclusive, al asumir un fardo avasallador. Ahora Rusia tiene la oportunidad de convertirse en un factor de equilibrio en la rivalidad EE. UU.-China (pero más amigable con China) y en el futuro sistema de la Gran Eurasia.
Para concluir, repetiré lo que ya dije muchas veces: el peligro de una nueva guerra mundial es extremadamente alto. El mundo se está equilibrando en el límite. Una política de paz activa es un imperativo. Si la línea se cruza, la Historia terminará y no habrá una cuarta guerra fría ni cualquier cosa similar.
Vladímir Putin y Joe Biden dieron en Ginebra un paso atrás de esa línea. Pero la situación sigue siendo extremadamente precaria. Yo me decepcioné con la Guerra fría anterior, que viví, estoy enojado con la actual, pero me gustaría que los analistas de las generaciones futuras pudiesen escribir artículos semejantes, argumentar y vivir.

