El físico si importa mucho. La gente bonita tiene más oportunidades en la vida laboral y amorosa, según un estudio de la Universidad de California.
Esta es la historia verídica de una chica bella originaria de Guadalajara, Jalisco. Luz Elena es muy hermosa y destaca por su estatura y por sus grandes ojos negros. Las tapatías suelen ser así, casi todas.
A sus 19 años
Luz Elena participó en el certamen Señorita México y lo ganó siendo Señorita Jalisco, en el año 2000.
Ella, aparte de su guapura era una joven inteligente y astuta, y sabía muy bien que deseaba en la vida. A los 20 años decidió estudiar psicología en la universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, ubicada en Santa Fe, al poniente de la ciudad.
Aparte de destacar cómo alumna por su gran belleza física, también se convirtió en una estudiante aplicada, y ejerció un liderazgo entre sus compañeras; ya que la carrera de psicología en la Ibero se feminizó casi al cien por ciento tanto en el profesorado como en el alumnado. El mundo de Luz Elena era femenino y muy competitivo.
A diferencia de sus compañeras que estudiaban psicología porque era para cumplir un deseo frustrado de sus madres, Luz Elena en cambio lo hacía por su genuino interés en conocer las profundidades de la psique.
La bibliografía sugerida en las materias de psicología era amplia y sin embargo Luz Elena siempre solicitaba más lecturas, porque era una ávida lectora.
Se graduó por excelencia académica con promedio de 9.8. Y con una tesis colectiva junto a otras dos chicas más, muy sobresalientes las tres.
La licenciatura entonces era suficiente para la mayoría de las recién graduadas en psicología. Pero para Luz Elena, no. Ella quería continuar con una maestría de inmediato.
Luego de un largo batallar
Entre estudiar una maestría en Estudios Psicoanalíticos con orientación freudiana y estudiar una maestría especializada en familia y parejas, optó por inscribirse en el Instituto Mexicano de Terapia Familiar, y luego convertirse en Terapeuta de pareja.
Luz Elena fue una alumna destacada en la maestría. Sin lugar a dudas, se aplicó bastante en alcanzar altos promedios y en hacer muchas prácticas con parejas en conflicto.
Ya graduada puso un consultorio con un par de amigas de la maestría. Su consultorio lo ubicaron en la avenida Nuevo León esquina con Campeche, en la colonia Condesa, barrio bohemio y singular de la Ciudad de México.
A las tres terapeutas les iba bien, tenían varios pacientes en la agenda. Las otras colegas de Luz Elena eran más bien sexólogas. Y ella era terapeuta de pareja.
Luz Elena atendió a una joven pareja con problemas fuertes de relación conyugal, y dificultades para procrear hijos.
Eran tan agudos los problemas de esa pareja a punto de separarse, que Luz Elena los citó para dos sesiones semanales. Las sesiones eran dramáticas.
Gritos, Insultos, recriminaciones dolorosas, llantos, muy catárticas eran las sesiones con esa pareja.
Tomar una terapia de pareja
Por lo regular lo propone la mujer y el hombre acepta asistir pero a regañadientes. Esta joven esposa escogió una mujer terapeuta, porque habría mayor comprensión al conflicto de pareja. Sentía que una profesional comprendería mejor su problema y podría empatizar con ella, buscaba una alianza terapéutica con Luz Elena.
Ocurrieron muchas sesiones a lo largo de los meses del tratamiento. La joven esposa se percató que la terapeuta no hizo alianza con ella, sino que se comportó fría y distante con ella. Luz Elena planteó una cuestión radicalmente distinta para continuar con la terapia. Ver a la pareja por separado, una sesión con él y otra con ella, según ella era lo más conveniente.
Al año de asistir a terapia la pareja no mejoraba su relación, al contrario, se agudizaban más las diferencias entre ellos. Ya dormían en camas y habitaciones separadas.
Luz Elena le aconsejó a la joven esposa que se divorciara de su joven esposo. Eso era lo mejor.
Y efectivamente, la ruptura legal se hizo realidad, se divorciaron de mutuo acuerdo, muy civilizados; no había ni hijos ni bienes en común.
La joven esposa ya divorciada regresó a casa de sus padres y dejó de vivir en la Condesa, él en cambio permaneció en el departamento de siempre.
Un día
La joven exesposa fue una noche a cenar a La Garufa, un restaurante argentino de la Condesa, acompañada de sus padres. Y ahí recibió la peor sorpresa de su vida.
-NO lo podía creer, lo que sus ojos veían era irreal, no puede ser, se repetía ella hacía sus adentros.
Unas mesas más hacia el fondo del restaurante, a media luz, en una mesa con una vela encendida, había una pareja de enamorados.
Y eran nada menos que la terapeuta Luz Elena con su exmarido. Beso y beso.

