Arturo Ríos*
La Bandida, gracias a su voz privilegiada, cantó varias canciones mexicanas como Cielito lindo o La cucaracha. Incluso, llegó a componer corridos, entre los que estaba El Siete Leguas, en honor al caballo favorito de Pancho Villa.
A los 18 años, los villistas llegaron a Irapuato, ella estaba en un convento de monjas y se reencontró con José Hernández. Se enamoraron y la condicionaron:
Para salir del convento se tenía que casar por la Iglesia con el revolucionario.
Se hizo soldadera
Adoptando el apodo de La Bandida, que se lo pusieron los de la División del Norte.
Al saber que era vigilada por las autoridades norteamericanas, se cortó el cabello y, disfrazada de hombre, regresó a México con un maletín que contenía 46 mil dólares.
Fundó en la calle de Durango 247, en la colonia Roma, su famosa casa de citas que era atendida por más de 100 meseros y mujeres.
A aquel lugar asistían toreros, intelectuales, políticos y estrellas de cine como: José Vasconcelos, Agustín Lara y Adolfo López Mateos. La protegía Maximino Ávila Camacho y fue una de las principales distribuidoras de drogas.El regente Ernesto P. Uruchurtu mandó cerrar su negocio
Y lo reabrió en otro lado, hasta que fue olvidada y desplazada por otros negocios que la fueron imitando.
Murió en 1962 en manos de la encargada de un asilo de huérfanos al que siempre se encargó de suministrarle dinero.
Sin duda, Graciela Olmos fue una mujer con una vida fascinante, como traficante y como compositora. Vale la pena conocer su historia para adentrarse al bajo mundo de la Ciudad de México. Fuente: MXCity
*Periodista e Historiador

