julio 17, 2026

¿Qué habrá sido de Eulalia, la guerrillera argentina?

¿Qué habrá sido de Eulalia, la guerrillera argentina?

Bolivar Hernandez*
Esta historia ocurrió en los años 80 del siglo XX, en la Ciudad de México.
En esa época yo tenía 36 años y participaba activamente en los comités de solidaridad con los pueblos de América Latina, principalmente en aquellos países que padecían dictaduras militares y también con aquellas naciones con movimientos guerrilleros.
Los comités de solidaridad con El Salvador y Nicaragua eran muy activos, al igual que los comités de solidaridad con Argentina, Chile y Uruguay.
Nos tocaba recibir a los exiliados y perseguidos políticos de todo el continente latinoamericano, y buscarles un hogar y también algún empleo.
Por circunstancias especiales del momento, tuve qué ver más con sudamericanos que con centroamericanos.
Mantuve trato directo con refugiados uruguayos , chilenos y argentinos, durante los años 70 y 80.
La historia de Eulalia
Nombre adoptado en la guerrilla argentina, y que conservó siempre como nombre propio, fue toda una hazaña que ella pudiera llegar a México, ya que ella era del grupo guerrillero Montoneros, y había sido apresada y torturada, hasta que, mediante un canje de prisioneros entre la guerrilla y el gobierno, ella fue liberada y expulsada del país.
Me encomendaron la tarea de buscar alojamiento para los refugiados argentinos, entre los que estaba Eulalia.
Conseguí una casa en el poniente de la Ciudad de México, por los rumbos del Cerro del Judío, un barrio proletario marginal, pero con buenas comunicaciones con la ciudad en aquellos años.
Eulalia, en la guerra sucia que emprendió el gobierno Argentina contra los grupos subversivos, muchos combatientes guerrilleros fueron lanzados vivos al mar. Entre ellos un hermano de Eulalia y su esposa.
Eulalia era una mujer universitaria muy joven, que aún no cumplía ni 25 años cuando ingresó a la guerrilla para salvar su vida, porque el gobierno ya la tenía en la mira.
Ella era una joven blanca, bonita, inteligente y muy preparada políticamente.
Eulalia y yo nos hicimos muy buenos amigos, teníamos algunas similitudes familiares.
Eulalia quería conocer México entero. Y yo me ufano de conocer muy bien la Ciudad de México, ya que la he caminado bastante desde mis tiempos de estudiante pobre, cuando no tenía ni un peso para el bus urbano.
Caminaba mucho de la colonia Roma a Ciudad Universitaria, unos 10 kilómetros, y luego volvía por la noche a casa, en el automóvil de algún compañero generoso.
La chica tenía un marcado interés antropológico sobre el México prehispánico. Mi profesión de antropólogo me sirvió como anillo al dedo para mostrarle a Eulalia las culturas originales de este gran país mesoamericano.
Amante de las culturas mexicanas
DEZALBNo solo le dediqué muchas visitas al Museo de Antropología, en el Bosque de Chapultepec, cuya riqueza inmensa requiere hasta dos semanas para recorrer todas las salas de exhibición de las diversas culturas mexicanas. También visitamos el gran centro ceremonial de Teotihuacán, y después la llevé a Tula, Hidalgo.
Los tres meses que tuvimos contacto permanente Eulalia y yo, llegamos a establecer una buena amistad.
Nos veíamos seguido, pero no todos los días, porque yo trabajaba en esa época en el recién nacido periódico de izquierda La Jornada, y las jornadas de trabajo eran largas y extenuantes.
Yo me quedaba al cierre de la edición de cada día, y escribía los editoriales a nombre del diario, tanto los nacionales como, eventualmente los editoriales de carácter internacional. Salía de madrugada del periódico y echo polvo de cansancio por el estrés.
Alguna vez, la única, llevé a Eulalia a conocer al periódico La Jornada, aún estábamos en la calle de Balderas. Y los colegas varones rodearon a Eulalia como si fuera ella un panal de miel. Ella tenía un áurea de guerrillera, que es una actitud y una manera de estar y de ser.
Un día fui a buscar a Eulalia a su casa, en el Cerro del Judío
No habíamos hecho ninguna cita previa, es verdad. Toqué repetidamente el timbre de su casa, y no hubo ninguna respuesta.
Pregunté por ella a los vecinos, y nadie me dio alguna información. Ella se esfumó como si la tierra se la hubiera tragado…
Luego volví con un cerrajero y entré a la vivienda que le había conseguido a Eulalia, hacía unos meses. La casa vacía, no había ni un solo rastro de ella. Eso sí, la casa limpia y todo en orden.
Muchos meses después, Eulalia se comunicó conmigo, estaba en España. Tuvo que huir de México porque se dio cuenta que los servicios de inteligencia militar de Argentina estaban operando en nuestro país, y pretendían capturar a los guerrilleros y volver con ellos a la Argentina.
Nunca más supe algo de Eulalia
El único recuerdo que conservo de ella es una fotografía a color, ya muy deslavada, de cuando la invité a subir al mirador de la Torre Latinoamericana, en el centro de la Ciudad de México, y un fotógrafo del lugar nos la tomó.
Estamos sonrientes y felices, con el palacio de Bellas Artes atrás, como fondo.
¿Qué habrá sido de ella?
Hoy, 38 años después de haber conocido a Eulalia, la guerrillera argentina, cruzó fugazmente por mi mente su figura y su sonrisa tenue.
*La vaca filósofa.
Fotos: Pexels / DEZALB

About The Author

Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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