Bolivar Hernandez*
Esta es la historia real de un joven de 28 años , ambicioso, y con deseos de superarse y vivir muy bien.
José Luis se llama, y es hijo único. Su madre lo tuvo a los 16 años, fruto de un amorío juvenil.
El chico conoció a su progenitor siendo un adolescente, y descubrió que era un cirquero que vive en los EEUU, a donde se fue a refugiar, al salir huyendo cuando supo que iba a ser padre, a los 17 años.
José Luis es un muchacho inteligente y muy dotado para los idiomas; habla varios con absoluto dominio de ellos, principalmente el francés.
Tuvo una infancia llena de carencias materiales y afectivas
Con un padre ausente y desobligado de su hijo, y con su madre presente, pero dedicada a la fiesta y al desmadre, que poco se ocupaba del cuidado de su hijo.
Con el auxilio económico de los abuelos maternos, José Luis estudió en colegios privados con un excelente desempeño académico. Concluyó sus estudios de la preparatoria con un buen promedio.
Y llegó el momento crucial de continuar estudios universitarios y decidir dos cuestiones: 1. ¿Qué carrera? y 2. ¿En cuál universidad?
José Luis optó por estudiar administración de empresas y escoger una universidad privada. Ambas cosas eran de llamar la atención de su familia, ya que cursar dicha licenciatura, sin tener familiares con empresas, era una locura, y además estudiar en una universidad privada con colegiaturas abultadas, era otra locura.
Las ambiciones de José Luis eran firmes y muy grandes, demasiado pretenciosas. Pero él se empeñó y siguió adelante con sus proyectos personales.
José Luis estudiaba y trabajaba para pagar sus estudios
Concluyó la carrera con méritos académicos. Y para no hacer una tesis, optó por pagar lo que se conoce como Opción Cero, que consiste en graduarse automáticamente sin la tesis y pagando una fortuna.
José Luis tenía muy claro en cuál empresa trasnacional deseaba trabajar, al graduarse. Hizo la entrevista de trabajo y fue aceptado de inmediato.
Ingreso como subgerente y al poco tiempo adquirió un automóvil de lujo, y era feliz, por fin.
José Luis siempre fue un joven delgado y atlético, aunque su dieta no era muy sana. Aún no cumple los 30 años, apenas lleva dos años en la empresa trasnacional, y ya se ve acabado. Como si fuera un hombre de 40 años; está gordo, con un evidente sobrepeso… ¡Y no es feliz!
En estos momentos
Está internado en un hospital privado, gracias a que la empresa le otorgó un seguro médico de gastos mayores, y se le diagnosticó una severa neumonía, producto del exceso de trabajo, el estrés intenso de su día a día, que le bajó las defensas y se enfermó gravemente.
José Luis tiene un tanque de oxígeno a su lado, y detrás de la mascarilla, se ven sus ojillos tristes y llorosos. Nunca imaginó verse acostado en una cama de hospital con signos de asfixia. Eso sí, está en un hospital de lujo, como a él siempre le habría gustado ser atendido.
Por cierto, el hombre gana bien, trabaja 16 horas diarias y tiene una hora para tomar sus alimentos. No tiene ni vida social ni vida personal, ¡Él sólo vive para trabajar!
*La vaca filósofa.

