El Plan Matei para África y el proyecto Transagua
Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma*
En una reciente entrevista, citada en la revista italiana Análisis Diferente, el ex-primer ministro y ex-presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, abordó el desarrollo económico, de la infraestructura y social del continente africano, de una forma concreta, con visión de largo plazo, y obviamente, polémica. Lo hizo como estadista, y no como un militante político.
Una de las áreas más afectadas por la falta de desarrollo es el Lago Chad en el Sahel, región sub-saharaiana. El lago está desapareciendo con el avance del desierto. Desde la década de 1960, su tamaño disminuyó en un 90%, mientras la población circundante pasó de 5 a 60 millones.
La existencia de comunidades enteras de agricultores, criadores de ganado y pescadores está amenazada. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), 34 millones de personas en la región sobreviven gracias a la asistencia humanitaria. La crisis ha causado conflictos locales y favorecido la penetración del terrorismo. Las personas huyen en cualquier dirección emigratoria.
La crisis no es inevitable
Desde hace más de 40 años, existe el proyecto Transagua, planteando la apertura de un canal de 2 400 kilómetros con transferencia de agua por gravedad de la cuenca del río Congo en dirección hacia el Lago Chad.
“El Transagua podría ser una maravillosa propuesta”, dice Prodi, e Italia, quien actualmente trabaja en un Plan Mattei para África, podría encabezar el camino, porque no puede hacerlo en solitario. “Se necesita una acción de cabildeo fuerte y saludable, apelando a Europa, Naciones Unidas, la Unión Africana, los Estados Unidos y hasta China, si es necesario. Se precisa la colaboración de todos y un cambio de paradigma. Es hora de ponerle fin a las perspectivas separadas en África, y ahora esto queda claro para todos, Francia está pagando un altísimo precio”.
En los últimos años, Prodi ha mencionado varias veces el tema Transagua, en particular, en su calidad de enviado de la ONU para el Sahel y presidente de la Fundación para la Colaboración entre los Pueblos.
El proyecto fue presentado originalmente en 1980 por la empresa Bonifica del grupo IRI (Instituto para la Reconstrucción Inicial, extinto en 2002,-n.e.) exactamente en la época cuando Prodi era su presidente. El proyecto permitiría tanto la creación de una vasta extensión para el desarrollo agrícola, así como la generación de energía hidroeléctrica. Un motor de crecimiento beneficiando directamente a los países ribereños de la cuenca –Nigeria, Chad, Camerún y Níger –e, indirectamente a otros.
Hace 40 años su presupuesto era de 4 mil millones de dólares; hoy, serían necesarios cerca de 50 mil millones de dólares. Parece una suma enorme, pero no la es, si la comparamos con los miles de millones gastados en África en intervenciones paliativas o con el costo de un año de guerra en Ucrania. El G-20, debería tomar el proyecto, dando, así, contenido a las numerosas discusiones en torno a los cambios climáticos y las muchas promesas para el desarrollo y el mejor ambiente en África.

A pesar de existir una Comisión de la Cuenca del Lago Chad (LCBC) trabajando desde hace décadas para resolver los problemas derivados del dragado del lago, el proyecto ha sido constantemente olvidado y boicoteado internacionalmente. Por ejemplo, el Analisis Difesa cita un informe de 2020 financiado por la Comunidad Británica e instituciones gubernamentales francesas (Soft Poer, Discourse Coalitions and the Proposed Inter-Basin Water Transfer Between Lake Chad and the Congo River), según el cual el objetivo de Transaqua, al colocar la navegación por hidrovías en el centro de un sistema de sistema pan-africano más amplio, estaría “en línea con los anteriores sueños expansionistas de Italia en el Sahel. ¿Una Italia neocolonial en el África Sub-sahariana? Absurdo. Que los digan los ingleses y los franceses.
Las objeciones francesas, dice Prodi, son bastante curiosas, como si, en África no debería llevarse a cabo intervenciones en la infraestructura. Se trata de ayudar a la naturaleza y recuperar una situación de equilibrio interno, en beneficio de los pueblos africanos. Y, para comprender la importancia del Transagua, basta considerar que la cuenca del Lago Chad cubre una octava parte del continente africano.
Por desgracia, la comunidad internacional todavía parece querer concentrase más en intervenciones humanitarias y ambientales de corto y mediano plazo que en intervenciones radicales de largo plazo. Quizá, dentro de poco tiempo, la voz de las jóvenes generaciones sea escuchada más alto, y el resto del mundo, especialmente el Occidente, ya no logre ignorarla. Al respecto, sería bueno que los jóvenes europeos también hicieran oír sus voces.

