abril 24, 2026

Migración y desplazamientos forzosos ante pobreza, violencia y crimen organizado

Migración y desplazamientos forzosos ante pobreza, violencia y crimen organizado

Convenio 169 de OIT sobre Derechos Indígenas: Es mandato constitucional en México desde 1991 y se siguen violando sus derechos y a su hábitat. Los cambios legales y de respeto a sus derechos humanos y de territorio son teóricos y, en la práctica, se violan flagrantemente.

Bernardo Méndez Lugo* 

Otros lineamientos del Convenio 169 

La parte IV se refiere a Formación profesional, artesanía e industrias rurales, corresponde a los artículos 21, 22 y 23 y son lineamientos de carácter general que busca hacer respetar la identidad cultural y tecnológica de los pueblos indígenas en su capacitación y entrenamiento.

La parte V se refiere a la Seguridad Social y la Salud que tiene implicaciones muy claras en la defensa de la cosmovisión de la salud y la enfermedad en el mundo indígena, se pide tomar en consideración sus métodos de prevención, prácticas curativas y medicamentos tradicionales. (Artículos 24 y 25).

Educación y medicina tradicional como costumbre jurídica

La Parte VI desarrolla las normas para educación y medios de comunicación. Se indica que los programas educativos deben responder a sus conocimientos y técnicas, a sus sistemas de valores y sus aspiraciones sociales, económicas y culturales.

El artículo 28 especifica que debe enseñarse a los niños de los pueblos interesados a leer y escribir en su propia lengua. El artículo 30 es muy elocuente de la necesidad de adoptar medidas acordes con las tradiciones y culturas de los pueblos autóctonas.

Como sucede en otras partes del mundo, la experiencia de la política mexicana en educación bilingüe tiende a desplazar paulatinamente las lenguas autóctonas para imponer la lengua castellana. El caso de la educación es aleccionador:

La Secretaría de Educación Pública a través de la Dirección General de Educación Indígena lleva a cabo tareas de alfabetización y enseñanza de cada una de las 56 lenguas autóctonas que existen en México, son esfuerzos loables y se realizan en estrecha colaboración con profesores bilingües indígenas en los propios poblados rurales. 

Sin embargo, el proceso educativo y el entorno socio-cultural tiende a relegar la lengua materna del estudiante indígena y el aprendizaje de su idioma, escritura y lectura se convierte en una “transición” a la lengua nacional dominante, el idioma español.

En el caso de la medicina tradicional

El ejercicio médico dominante minimiza o subestima los métodos curativos tradicionales y se establecen algunas líneas de recuperación de prácticas de herbolaria y tradiciones regionales pero circunscritas y acotadas a un papel menor mientras se promueve la generalización de la medicina basada en los fármacos de la industria multinacional.

En el rubro cultural y lingüístico, cabría resaltar que existen resistencias a “transitar” al español, algunos pueblos indígenas del Istmo oaxaqueño, en regiones de cultura y lengua maya de Yucatán y en diversas localidades autóctonas se percibe un creciente interés por escribir historias, cuentos, poemas, canciones y recuperar en general, las tradiciones culturales y lingüísticas de los pueblos indígenas.

En lo que se refiere a la medicina tradicional, también existe un amplio movimiento social que lucha por preservar la herbolaria y variadas tradiciones curativas indígenas en Michoacán, Oaxaca, Morelos, Estado de México, etc.

Además, el gobierno mexicano a través del Instituto Mexicano del Seguro Social ha auspiciado la recuperación de la Herbolaria y la medicina tradicional indígena, contando desde hace varios años con un Centro de Estudios de Medicina Tradicional en el estado de Morelos, cerca de la ciudad de Cuernavaca.

Debe reconocerse que estos esfuerzos de recuperación de tradiciones curativas indígenas son relativamente marginales, y al igual que en otros ámbitos donde se realizan verdaderos intentos de preservación  y rescate cultural y educativo de manifestaciones autóctonas, no se logran consolidar los esfuerzos debido a la dinámica del mercado global y la tendencia a destruir formas de organización social y económica que impiden o frenan la internacionalización del tejido productivo del territorio mexicano.

Myriams-Fotos

Marginación, pobreza e injusticia

De acuerdo con una nota de la agencia de noticias EFE difundida el 28 de febrero de 2007, el representante en México de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, el italiano Amerigo Incalcaterra, afirmó  que tanto en la legislación como en la práctica existe una “discriminación hacia los pueblos y comunidades indígenas”.

Durante la presentación del informe del “Diagnóstico sobre el acceso a la Justicia para los indígenas en México: Estudio de Caso en Oaxaca”, el funcionario internacional dijo que el estudio muestra “que debido a la situación de marginación y pobreza”, los indígenas “no logran tener una defensa adecuada” aún en el país.

El funcionario de la ONU detalló que muchas violaciones a los derechos humanos de los indígenas quedan impunes, porque se enfrentan a diversos obstáculos para denunciar ante las instancias jurisdiccionales.

“La situación de desventaja y vulnerabilidad en la que se encuentran los pueblos y comunidades indígenas en México se hace aún más patente y grave cuando éstos acuden o se ven obligados a enfrentarse al sistema de impartición de justicia”, afirmó Incalcaterra.

Mencionó que los miembros de pueblos y comunidades indígenas siguen enfrentando importantes obstáculos en la plena realización de su derecho al acceso a la justicia en México, sobre todo en los estados con más población de este origen: Chiapas, Guerrero y Oaxaca.

Una de las constantes para la denegación en el acceso a la Justicia es “la escasez y poca capacitación de los abogados de oficio en zonas indígenas y la situación que viven los presos indígenas”.

Por su parte, la directora del estudio de la ONU, Jan Perlin, explicó que para este trabajo se realizaron 1.038 entrevistas a presos, de los cuales 740 fueron indígenas y 290 no indígenas. De los indígenas que pidieron traducción tras ser arrestados por delitos comunes, sólo un once por ciento recibió este apoyo, dijo Perlin, autora de este estudio.

Entre los indígenas se han detectado más casos de tortura (21 por ciento de los arrestos) en relación con las personas que no lo son (15 por ciento).  

Además, tras un acto de este tipo, sólo el 16 por ciento de los indígenas torturados lo denuncia ante el juez que lleva su caso, frente a un 28 por ciento entre los no indígenas. Perlin explicó que el estudio se hizo en el estado de Oaxaca porque este estado tiene la mayor población indígena en términos relativos, 1,6 millones de una población total de 3,3 millones.

Crece Migración Indígena a Estados Unidos, preocupante indicador 

Un tema adicional que genera creciente preocupación entre especialistas, autoridades y la misma población es la mayor migración indígena a Estados Unidos.

De acuerdo con una crónica reciente, poco a poco, comunidades indígenas de México se convierten en pueblos fantasma, ante los altos índices de migración registrados en los últimos años.

“Es una situación verdaderamente grave porque una de nuestras fortalezas es la pluralidad cultural que tenemos, que nos define como país” aseguró Silvia Schmelkes, académica de la Universidad Iberoamericana (UIA).

El calculo oficial indica que de los 130 millones de habitantes que tiene México, 15 millones pertenecen a alguna de las 62 etnias que viven en México o han emigrado a Estados Unidos. 

Sin embargo, la migración indígena a las grandes urbes y cierta aculturización de sobrevivencia hace que se subestime en los censos demográficos las verdaderas cifras de población indígena.

Cálculos conservadores extraoficiales indican que al menos son 20 millones de indígenas en México y no 15 millones, si se consideran criterios mas amplios en la definición de indígena como parentesco, participación en redes sociales y familiares, inserción laboral, practicas sociales y comunitarias, sentido de pertenencia, tradiciones alimentarias y religiosas aun cuando se haya perdido la lengua, el vestido tradicional y que no se radique en la región geográfica tradicional.

Es el caso de diversos grupos étnicos de indígenas mexicanos que han perdido la lengua

Se han establecido en nuevos asentamientos lejos de la región geográfica tradicional, en algunos casos han desarrollado alianzas matrimoniales o de unión libre con personas de otras etnias o mestizos procedentes de otras regiones de México o de Latinoamérica, especialmente cuando se han establecido en Estados Unidos.

También existe un rechazo abierto o velado a identificarse como parte de una etnia porque significa en muchos casos, discriminación y maltrato en los estratos sociales que aun teniendo un fuerte componente indígena se minimiza u oculta con el objeto de ser “aceptado” y poder integrarse a la cultura mestiza dominante.

Son muchos los grupos que desarrollan estas formas de sobrevivencia y de mimetismo de identidad.

En  mi experiencia de trato con migrantes indígenas en Estados Unidos procedentes de la etnias chatina en Oaxaca, grupos náhuatl de Puebla y Tlaxcala, mayas de Yucatán y Guatemala, purépechas de Michoacán, otomíes de Hidalgo, tojalabales de Chiapas, mayos de Sinaloa y Sonora, coras de Nayarit, tepehuanes de Durango, entre otros, se percibe la clara intención de no ser identificados como indígenas, sino como mexicanos. 

Solo las etnias que han logrado un desarrollo y cohesión social en sus nuevos espacios de residencia en Estados Unidos se percibe un sentido de identidad y de recuperación de orgullo étnico, tal es el caso de los mixtecos y zapotecos de Oaxaca, yaquis y papagos de Sonora, huicholes de Nayarit, entre otros.

Si se considera que en las grandes urbes de México se han asentado miles de indígenas desde hace varias décadas, integrándose a la vida urbana y de zonas conurbadas en el Distrito Federal y estado de Mexico, Guadalajara, Puebla, Pachuca, ciudad de Oaxaca, Acapulco, regiones turísticas de Quintana Roo y Yucatán entre otras entidades y ciudades que han sido destino migratorio de muchos grupos indígenas.

Se estaría hablando de por lo menos 5 millones de indígenas ubicados en urbes y periferias urbanas en México que, difícilmente el Censo de Población, los ha definido como indígenas, ya que ellos mismos tienen un afán de aculturización asimilación y de pertenencia a la nueva identidad de mexicano. 

Una excepción a la regla, serian los mayas de Yucatán que siguen hablando el maya en el entorno familiar y conservando parte importante de su identidad maya a pesar de su plena integración a la vida mestiza en ciudades y en sus asentamientos en el extranjero.

Cifras oficiales señalan que entre 1990 y el año 2000, cerca de 400 mil indígenas salieron de sus comunidades rumbo a Estados Unidos y aunque no se cuenta con datos precisos, se estima que el número ha ido en aumento en las últimas dos décadas.

Las entidades de donde más emigran son: Oaxaca, Chiapas, Puebla, Veracruz, Yucatán, Estado de México, Hidalgo y Guerrero, donde se concentra el 80% de la población indígena del país. 

Estas cifras pueden ser subestimadas ya que se calcula que anualmente emigran al menos 100 mil indígenas a Estados Unidos anualmente, lo cual implica que al menos se han establecido en la década 1990-2000, un millón de indígenas mexicanos en los Estados Unidos, considerando un criterio más amplio de lo que se define como población indígena. Del 2001 a febrero 2025 seguramente se han establecido al menos un millón y medio más de indígenas mexicanos en EU.

Las nuevas generaciones de jóvenes indígenas se preparan para emprender la búsqueda de mejores horizontes. “Ya algunos saliendo de la secundaria tienen ese anhelo de migrar para obtener una mejor vida”, dice Joel Mendieta, Delegado Municipal del pueblo de San Andrés Daboxtha, una de las comunidades con mayor difusión de migrantes en el estado de Hidalgo al centro del país.

En busca de oportunidades 

La necesidad de migrar de los pueblos indígenas se debe principalmente a cuestiones económicas, pero también lo hacen por conflictos sociales, políticos o religiosos.

En la mayoría de las comunidades, principalmente en el centro y sur del país, su modus vivendi es a través del trabajo agrícola, fuera de esto existen pocas oportunidades de empleo.

Por ello cuando la producción se afecta, se ven en la necesidad de buscar el sustento fuera de sus lugares de origen.

Hay algunas regiones que son de alta vulnerabilidad y las consecuencias de la migración son de abandono de las comunidades, de las actividades productivas y de pérdida de algunas prácticas culturales, señala Juan Jesús Hernández, Director Ejecutivo de Investigación de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CNADEPI).

El campo en crisis 

La situación actual que vive el campo mexicano, ha orillado a gran parte de esa población a abandonar sus tierras. Sobre todo en la década de los ochenta y a partir de la implementación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), después con el T-MEC, cuando los campesinos se vieron en desventaja ante los subsidios otorgados por los gobiernos de Estados Unidos y Canadá a su sector agrícola.

Su destino son las grandes ciudades del país como Monterrey, Guadalajara o Cuidad de México; las zonas de mayor producción agrícola en el norte de México como Sonora, Sinaloa, Baja California Norte y Sur, pero principalmente hacia Estados Unidos. Ahora en impasse, ante la política antiinmigrante del presidente Donald Trump.

Y aunque Jesús Hernández explica que “entre los indígenas, se puede ver con mayor frecuencia que regresan a su lugar de origen, que no es una migración definitiva”, la situación actual del agro mexicano puede cambiar esta dinámica.

La crisis del campo se ha agudizado muchísimo de tal manera que en este momento muchos campesinos e indígenas ya no están regresando, se están quedando en los lugares donde migran y eso está provocando que sus comunidades se vacíen de manera irremediable, advierte la investigadora Silvia Schmelkes.

Marginación, principal causa 

Según la firma Consultores Internacionales, que se apoya en datos de la CNADEPI, 80.4 por ciento de los municipios con esa población, sufre de un alto grado de marginación, situación que señala como la principal causa de la migración indígena.

En un informe de la firma publicado en 2007 da como ejemplo el caso de los indígenas mixtecos que viven en Estados Unidos, cuya cifra alcanza los 440 mil, mientras en los nueve distritos de Oaxaca de donde es originaria esa etnia, la población asciende a 556 mil 250.

En los últimos 17 años (2007-2024) está dinámica se ha profundizado y ya es más la población indígena radicada en EU y decreciente la que permanece en sus lugares de origen en México.

El caso de los mixtecos se esta repitiendo con otras etnias que también una parte importante de sus integrantes se encuentra radicada en el extranjero o en otras partes del territorio mexicano.

Esto, asegura, se traduce en que el número de integrantes de esta etnia que vive en Estados Unidos representa 80 por ciento de los que habitan en Oaxaca. Saúl Ramírez, de la CNADEPI reconoce que se puede hablar de algunos casos de riesgo, como el mixteco, pero, asegura, no todos los pueblos indígenas están en esa condición.

Pero, la Organización Internacional para las Migraciones, señala que el éxodo de indígenas está provocando el despoblamiento de comunidades en 600, de los 2.445 municipios del país, las cuales tienen un desarrollo poblacional negativo.

En las entrevistas que realicé siendo Cónsul Alterno en el Consulado de México en Tucson a los mexicanos detenidos por las autoridades migratorias de Estados Unidos, en el marco de la Operación Streamline, en el periodo enero-mayo de 2008  se calcula que al menos del 15 al 20% de los detenidos proceden de regiones indígenas de Oaxaca,  Puebla, Veracruz, Chiapas y Guerrero. 

Generalmente los migrantes piensan que su migración es por unos cuantos meses, pero algunos eligen quedarse por años o permanentemente dejando con ello secuelas sociales, culturales y ecológicas que, para algunos, parecen irreversibles.

Yo diría que gran parte de la solución a los problemas ecológicos de nuestro planeta los tienen los indígenas, por ejemplo la milpa es una estrategia de producción diversificada que permite que el suelo no se agote y eso se está acabando, señala Schmelkes.

Investigadores internacionales como la doctora Gabriela Stoll, autora del libro “Control Natural de Cultivos en zonas tropicales”  (Alemania, Misereor-Agrecol, 1989) ha recuperado tradiciones autóctonas en diversas localidades indígenas del mundo como México, Perú, Filipinas, Tailandia Sri Lanka y Tanzania para proteger de manera natural y orgánica los cultivos.

Nueva geografía de zonas expulsoras a EU y nuevos riesgos de muerte en la frontera, aumenta la migración indígena mexicana a nuestro vecino del norte.

Datos periodísticos indican que los migrantes o aspirantes a trabajadores indocumentados en Estados Unidos, proceden de entidades mexicanas del sur y el sureste de nuestro país. Sin embargo, el endurecimiento de las políticas migratorias de Estados Unidos reporta ya los primeros efectos en el número de mexicanos indocumentados repatriados. 

En 2005 –la Patrulla Fronteriza devolvió a 479 mil 368 migrantes, mano de obra joven, con bajo grado de escolaridad que, en su mayoría, tenían en México algún empleo pero mal remunerado. En el periodo enero 2020- noviembre 2021, la patrulla fronteriza ha regresado a México a cerca de medio millón de personas mexicanas indocumentadas, una cifra muy similar a los deportados en 2005. Los 8 años de gobierno del presidente Obama superó más de 2 millones de deportados mexicanos.

Se debe considerar que la pandemia y las fuertes políticas antiinmigrantes de Trump limitaron la posibilidad de cruzar sin documentos la frontera de México con EU, pero el incremento se dio y se percibió más aumento en 2022, tanto de mexicanos, centroamericanos y de otros países que intentaron llegar a la Unión Americana.

“Elevada peligrosidad” con que ocurren esos desplazamientos

La Mtra. Elena Zúñiga resumió el resultado de la encuesta: los migrantes se encuentran en un estado de mayor vulnerabilidad, al tiempo que sigue prosperando el negocio del tráfico de personas, el cual ha sabido beneficiarse del control fronterizo impuesto por la política estadounidense.

Es decir, si bien el mayor control policial en los puntos tradicionales de ingreso a Estados Unidos no ha conseguido detener la afluencia de indocumentados que cruzan por tierra en busca de un empleo mejor remunerado, sí ha propiciado que se desplacen a puntos de cruce de mayor riesgo y costo.

Las cifras sustentan lo anterior: En 1995, el flujo de migrantes laborales indocumentados era de 217 mil y hasta el año 2007 la cifra rondaba 780 mil; no obstante, en el periodo 2008-2012, cuatro de cada 10 se internaron en territorio estadounidense por el desierto de Sonora, la región más inhóspita de toda la frontera. Esto cambió a partir de 2013-2014 porque la mayor parte de ranchos y cruces fronterizos fueron acaparados por carteles de la droga y los migrantes dejaron de utilizar ese paso.

Hace años, la mitad del flujo migratorio pasaba a Estados Unidos desde algún punto de Tijuana, pero hasta 2010, ese porcentaje lo hacia por territorio sonorense (desierto), lo cual había provocado una muerte al día, en promedio. 

Después de 2011, con el control de los ranchos fronterizos de Sonora con Arizona por el crimen organizado, ha disminuido mucho el cruce de migrantes por la ruta de Altar-Sasabe y en los últimos años esta ruta ya no existe, debido al alto riesgo de los migrantes por ser víctimas de extorsión de los carteles y presionados para llevar droga en mochilas, en el cruce a territorio de Arizona. 

En el Encuentro de Pueblos Indígenas Fronterizos de las Américas, celebrado en San Xavier, población de la Nación Tohono, al sur de Tucson del 7 al 10 de noviembre de 2007, se condenó la construcción del muro, se pidió que se respete el articulo 36 de la Declaración de Derechos Indígenas de las Naciones Unidas para que se permita a los pueblos indígenas que habitan en regiones fronterizas de dos países, visitar a los miembros de su etnia que viven separados por las fronteras.

Ante las medidas restrictivas impuestas por el gobierno de Estados Unidos, los connacionales regresan básicamente por orden de las autoridades norteamericanas y de operativos de la Patrulla Fronteriza.

Además, está latente la amenaza de castigar a empleadores que contratan a indocumentados, prohibiciones de rentar casa-habitación a personas que no muestren su numero de seguro Social o su calidad migratoria legal. 

Otra tendencia que se ha adoptado en muchas ciudades y estados de la Unión Americana es la creciente colaboración entre policías locales con la autoridad migratoria, motivo por el cual, una simple falta de transito significa en muchas ocasiones, el llamado de la policía a la autoridad migratoria y la inmediata deportación de quien no compruebe estancia legal.

En 1995, 17 por ciento de los retornos eran por deportación o salida voluntaria al ser detenido el migrante por la autoridad migratoria por esa causa, pero en 2007 el nivel ascendió a 47 por ciento.

La diferencia de ingresos monetarios promedio entre los trabajadores de ambos países es abismal: 14 contra dos veces el salario mínimo vigente, rango que se ha recrudecido al paso de los años.

La encuesta también revela que existe una nueva geografía de las zonas expulsoras del país. En el pasado eran punteros Michoacán, Guanajuato y Jalisco, pero actualmente ese fenómeno ocurre en casi todo el territorio nacional, con énfasis en Chiapas, Oaxaca y Guerrero, en su mayor parte población indígena del sector agrícola.

Se han llevado a cabo nuevas cumbres de mandatarios de la región mesoamericana para buscar un programa integral que atienda este fenómeno, como la del mecanismo de diálogo de Tuxtla (realizado en Tabasco en junio de 2008) y que ha tenido continuidad relativa, pero deberá fortalecerse en el marco de la nueva iniciativa del Plan de Cooperación con Centroamérica del expresidente López Obrador y que fue responsabilidad del exCanciller Marcelo Ebrard.

Este fPlan quedó en manos del expresidente Joe Biden que, desde su campaña electoral, prometió 4 mil millones de dólares de ayuda para países del Triángulo del Norte de Centroamérica. Pero Biden no cumplió, por las emergencias de guerra en Ucrania y Medio Oriente y la necesidad de erogar más de 100 mil millones de dólares.

México tiene que realizar mayores esfuerzos para cumplir con el Convenio 169 de la OIT, que es norma constitucional mexicana desde 1991.  La clave esta en el modelo de desarrollo y la necesidad de estudiar con seriedad el paradigma de modernización que se ha adoptado en México y muchos países.

A pesar de existir una retórica anti-neoliberal desde la llegada al poder del Partido Morena y aliados desde el 1 de diciembre de 2018, uno de los exponentes icónicos de la izquierda nacional, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas se deslindó de los errores de políticas diversas de AMLO, pues la política económica del gobierno del expresidente López Obrador (y hoy de Claudia Sheinbaum), están muy apegadas a las reglas neoliberales.

* Mi experiencia docente y de investigación por más de 20 años en mi vinculación universitaria en UAM-Xochimilco CdMéxico (Octubre 1974-Mayo 1996). Fundador de UAMX, diplomático de carrera en retiro y actualmente consultor en temas de migración internacional. Para entrevistas por correo: consulmendez@yahoo.com

Fotos: indicepolitico.com, Pixabay / Cartón: Luy

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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