La Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) del gobierno de Donald Trump, difundida recientemente, es un reflejo en términos amplios de una abertura para un nuevo ordenamiento mundial en el que confluyen procesos complejos.
MSIA Informa
Es, en primer lugar, el reconocimiento de que se debe frenar el globalismo responsable de haber hundido al mundo en las décadas recientes bajo sus macizos pilares institucionales: El culto al dogma del libre comercio y la usura galopante del sistema financiero, el ambientalismo desenfrenado que oculta su raíz maltusiana, la transición energética apoyada en la engañadora descarbonización y la corrosiva contracultura del relativismo, la ideología de género, la anulación de la historia y sus variantes.
A todo lo anterior, la ENS le atribuye el debilitamiento de la clase media y de la base industrial estadounidense. No obstante, mal acostumbrados a reducir el aspecto estratégico a escenarios utilitaristas de corto o mediano plazo, sorprendió que la ESN, abordara con énfasis asuntos cruciales: la cultura, identidad y valores religiosos trascedentes que caracterizaban a lo que fue el mundo cristiano occidental.
Queremos la restauración y revitalización de la salud espiritual y cultural estadounidense, sin la cual la seguridad a largo plazo es imposible.
Y lo hace extensivo a Europa:
“Queremos que Europa siga siendo europea, que recupere su confianza civilizatoria”, apunta. Según el texto, lo que promueve la “Unión Europea y otros organismos transnacionales debilitan las libertades políticas y la soberanía”, además de promover “la censura de la libertad de expresión y la supresión de la oposición política, reducir la natalidad y promover la pérdida de identidades nacionales y la confianza”, afirma.
El texto es igualmente mordaz hacia el establishment norteamericano:
Han vinculado la política estadounidense a una red de instituciones internacionales, algunas impulsadas por un antiamericanismo manifiesto y muchas por un transnacionalismo que busca explícitamente disolver la soberanía de cada estado. En resumen, nuestras élites no solo han perseguido un objetivo fundamentalmente indeseable e imposible, sino que, al hacerlo, han debilitado los medios necesarios para alcanzarlo: el carácter de nuestra nación, sobre el que se han construido su poder, riqueza y decencia.
Señala más adelante que un elemento clave es la primacía de las naciones: “La unidad política fundamental del mundo es y seguirá siendo el Estado-nación… El mundo funciona mejor cuando las naciones priorizan sus intereses. Estados Unidos priorizará sus propios intereses y, en nuestras relaciones con otras naciones, las alentará a que también prioricen los suyos. Apoyamos los derechos soberanos de las naciones contra las incursiones debilitadoras de las organizaciones transnacionales más intrusivas”.
La ESN redefine la etiqueta anterior de potencias revisionistas aplicada a China y Rusia. La primera se convierte en un competidor con el que se busca una “relación económica genuinamente mutuamente beneficiosa. Con la segunda, Estados Unidos debería trabajar para restaurar la estabilidad estratégica en todo el territorio euroasiático.

En el ámbito económico, el rector que guía es la seguridad económica, basada en el comercio equilibrado, la reindustrialización y el acceso seguro a cadenas de suministro y de materiales críticos.
Cabe destacar en este contexto la mención del secretario del Tesoro, Alexander Hamilton, el padre intelectual del denominado Sistema Americano de Economía Política, directrices adoptadas durante la mayor parte de la historia de Estados Unidos, la cual consolidó su posición como la mayor potencia económica mundial, y de otras naciones industrializadas.
En contraste con lo anterior, sin embargo, al llegar a una redefinición de las relaciones en el hemisferio occidental reconociendo su importancia histórica para los EUA, la ESN enfatiza que tal región está reservada a ser área de influencia estadounidense.
Este asumido Corolario Trump de la Doctrina Monroe, indica que: Atraeremos a nuestros aliados en el hemisferio para controlar la inmigración, interrumpir el flujo de drogas y fortalecer la estabilidad y la seguridad en tierra y mar. Nos expandiremos cultivando y fortaleciendo nuevas alianzas, a la vez que reforzamos el atractivo de nuestra nación como socio económico y de seguridad predilecto del hemisferio.
En este punto, no cabe ninguna duda de que la ESN sepulta el orden hemisférico posterior a la Guerra de las Malvinas, cuando los Estados Unidos de Ronald Reagan desconocieron el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) a favor del Reino Unido en su confrontación con Argentina.
Para remendar el descalabro hacia Iberoamérica
El establishment anglo-americano infló al siniestro Diálogo Interamericano, con el que dio vuelo a normas para asfixiar a los estados nacionales iberoamericanos; de ahí provino el programa multifacético que sembró el veneno de las “soberanías limitadas”, adoptado por numerosos miembros de esta institución que asumieron posiciones de liderazgo en sus países.
Y, si la ESN pone en la balanza recuperar los orígenes culturales cristianos, este horizonte también debería ser sopesado para la totalidad del hemisferio occidental. Por ejemplo, el 12 de octubre, el presidente Trump, renombró el feriado Día de Colón, celebrando al navegante y a los Reyes católicos españoles, Fernando e Isabel. Y ha demostrado repetidamente su aprecio por la devoción a la Virgen María como un elemento importante de la cultura estadounidense.
En este contexto, sin embargo, la zona de sombras de la nueva ESN reside en definir cómo será el Corolario Trump, si se asemejará más a la Doctrina Monroe anticolonial original (1823), de la cual provino la Política de Buena Vecindad de Franklin D. Roosevelt, rindiendo tantos frutos a Iberoamérica, o al garrote imperialista del inaceptable “Corolario Theodore Roosevelt (1904).
Esto dependerá de cómo las naciones del hemisferio aborden el desafío de proponer a Estados Unidos el establecimiento de un orden de bien común soberano del siglo XXI orientado por medidas de corte hamiltoniano, un pleno desarrollo nacional cooperativo con ventajas compartidas.
Para ello es fundamental que resolvamos adecuadamente nuestras contradicciones internas, que han obstaculizado nuestro propio desarrollo y vulnerado nuestra soberanía, y no menos importante, el establecimiento de relaciones dignas, no maniqueas de sumisión o antagonismo hacia Estados Unidos. Nos cabe protagonizar una parte de un nuevo momento histórico en ciernes.

