El fenómeno de la deshonestidad bilateral vacía los bolsillos de las empresas en México y tritura la salud mental de los trabajadores, bajo un esquema de ganancia inmediata, quiebre absoluto.
Ivette Sosa
En la improvisación teatral y en la terapia de pareja existe una técnica conocida como “exageración mutua”, donde ambas partes amplifican intencionalmente sus reacciones para llevar la situación al absurdo, romper la tensión y visibilizar un problema.
Sin embargo, cuando esta misma dinámica se traslada al mercado laboral mexicano, deja de ser una herramienta de sanación y se convierte en una peligrosa estrategia de supervivencia: La deshonestidad bilateral.
Hoy en día, conseguir o dar empleo se ha transformado en un juego de espejos, donde tanto el reclutador como el candidato, inflan la realidad para cerrar un trato a toda costa.
Las empresas maquillan sus vacantes prometiendo una flexibilidad idílica, un robusto salario emocional o un crecimiento meteórico, que no existe; por su parte, los candidatos potencian al extremo sus habilidades técnicas, dominan idiomas inexistentes en su día a día y decoran sus logros previos en el currículum.
El auge de la Gran Apariencia: ¿Cuándo y por qué surgió?
Esta dinámica no es nueva, pero cobró fuerza de forma alarmante en las últimas décadas con la hiperprofesionalización de los procesos de selección y el auge del employer branding (marca empleadora).
En un mercado saturado y altamente competitivo, nació la asimetría de información: El candidato teme ser descartado de inmediato, si es 100% honesto sobre sus debilidades, mientras que la empresa disfraza el puesto, para pescar al mejor talento disponible con presupuestos castigados.
El problema radica en que esta práctica rompe el contrato psicológico antes de firmar el legal.
Se trata de un juego de suma cero, donde la ganancia inmediata de cerrar la contratación, se convierte en una pérdida catastrófica de recursos y reputación a mediano plazo.

Un detonador de riesgo para ambas partes
El engaño mutuo actúa como un virus silencioso dentro de las organizaciones, manifestando sus peores síntomas en tres vertientes:
- Falsas expectativas: La organización incorpora a sus filas a alguien que carece de la competencia real, mientras que el empleado se estrella contra un entorno hostil, que nada tiene que ver con lo prometido.
- Rotación temprana (La regla de los 90 días): La decepción de ambas partes suele estallar durante los primeros tres meses. Esto dispara los costos de reclutamiento para la empresa y deja una mancha en el historial del trabajador.
- Cultura de la sospecha: Se establece una base ética sumamente frágil donde la transparencia y la honestidad son percibidas erróneamente como debilidades frente a la competencia.
La radiografía de una crisis de identidad
En el contexto nacional, los datos duros revelan que la deshonestidad laboral es un monstruo gigante que suele subestimarse en las juntas de consejo.
Mónica Surastegui, especialista en Recursos Humanos durante más de 20 años, sostiene que uno de cada dos candidatos, miente abiertamente en su currículum o durante las entrevistas. Asimismo, el 32% de los empleados activos en el país, muestra una alta propensión a cometer actos deshonestos, si se les presenta la oportunidad.

El brazo de la Ley: ¿Qué dice la Ley Federal del Trabajo?
El marco legal mexicano no es ajeno a este estira y afloja, e intenta equilibrar la balanza a través de sanciones severas para ambas partes, aunque la prevención sigue siendo el eslabón débil.
Mazo al trabajador: El Artículo 47 de la Ley Federal del Trabajo (LFT) es tajante: Entregar documentación falsa o mentir sobre las capacidades al momento de la contratación, es causa directa de despido justificado, permitiendo a la empresa rescindir el contrato de inmediato y sin obligación de pagar una indemnización.
Freno a la empresa: Por otro lado -señala la experta-, los Artículos 992 al 1004, imponen multas que pueden alcanzar las 5,000 UMAs (Unidades de Medida y Actualización) a las corporaciones que violen los derechos de sus empleados, maquillen contratos o falsifiquen registros de asistencia.
El Artículo 1006 castiga por la vía penal, la presentación de documentos o testigos falsos en medio de un juicio laboral.

El verdadero nudo gordiano
Se encuentra en la simulación organizada. Aunque el 87% de las empresas en México afirma tener códigos de ética perfectamente redactados y colgados en sus paredes, solo la mitad (50%) realiza evaluaciones de riesgo y controles de confianza constantes.
El resultado es un círculo vicioso de desconfianza sistémica. Candidatos y empresas omiten, maquillan e inflan información para protegerse o sacar ventaja del otro.
Para romper este bucle destructivo, los expertos señalan que el mercado mexicano urge transicionar hacia procesos de validación técnica estricta, entrevistas basadas en resultados 100% verificables y, sobre todo, una política de transparencia radical en las condiciones contractuales desde el primer “hola”. De lo contrario, se seguirá contratando ficciones, para cubrir realidades.

