Elisabeth Hellenbroich, desde Wiesbaden, Alemania*
En una entrevista de 7 de diciembre pasado con el periodista Flavio von Witzleben y con Peter Brandt, con quienes firmó una propuesta de paz y de cese al fuego publicada en la prensa alemana en septiembre de 2023, el general Harald Kujat, exinspector general del Ejército alemán, rebatió las propuestas para el envío de misiles de crucero Taurus a Ucrania.
Él afirma que esto sería una “locura militar”, que aproximaría a Alemania a “participante directo de la guerra.” Kujat reiteró sobriamente lo ya dicho en varias ocasiones: Los rusos construirán instalaciones de defensa formidables y el precario estado de las Fuerzas armadas ucraniana las imposibilita iniciar cualquier ataque concentrado.
Enseguida mencionó una declaración del presidente de la mayoría del Senado de Estados Unidos, Mitch McConnell sobre la conversión del dólar en un arma. Se refirió a la fracasada votación del Congreso de mediados de diciembre que debería haber concedido un paquete de ayuda financiera de 60 mil millones de dólares a Ucrania. McConnell dijo en una entrevista que:
Cuando hablamos de ayuda a Ucrania, hablamos también de a dónde habrá de fluir el dinero. Una cantidad substancial irá a parar a 38 estados de Estados Unidos y se gastará en ellos para sustituir las armas que luego demos a Ucrania por otras más modernas. Así, reconstruimos nuestra base industrial. No perderemos (soldados) estadounidenses y Ucrania está derrotando a uno de nuestros mayores rivales geopolíticos (¡sic!).
Kujat mencionó al teórico militar prusiano Carl von Clausewitz, quien definió que la guerra es la continuación de la política por otros medios, y afirmó que “cuando un ministro alemán dice que Ucrania vencerá, porque debe vencer, entonces esto es vudú.” Una solución razonable debería dirigirse a una paz justa, siguiendo el principio descrito por el Doctor de la Iglesia, San Agustín, en su texto sobre la “Guerra justa”. De acuerdo con Kujat, “suspendemos la política y no pensamos racionalmente sobre cómo poner fin a la guerra.”
Nicolai Petro: Una nueva forma de abordar la tragedia ucraniana
En la búsqueda de una solución razonable del conflicto que asola Europa, vale la pena mirar un estudio compilado por Nicolai Petro, especialista en Rusia y Ucrania y profesor de la Universidad de Rhode Island, en el libro “La tragedia de Ucrania: lo que la tragedia griega clásica nos puede enseñar.” El libro, publicado a principios del siglo pasado, es muy preciso y rico en pruebas históricas y actuales, al contrario de los argumentos presentados comúnmente por políticos y periodistas estadounidenses y europeos, Petro describe un país que, “sufre por la incapacidad de definir una identidad sólida y unificadora para una nación.” Es particularmente crítico con el papel de la militancia de derecha de Ucrania, que tiene sus raíces históricas en Galizia (parte occidental del país) y que desempeñó un papel crucial en los acontecimientos de 2013-2014.
Por ello, Petro presenta una versada reflexión sobre la tragedia griega durante la democracia ateniense (el periodo de Esquilo y de Sófocles). Así aborda las lecciones que se pueden aprender de la tragedia ateniense, la “compasión y la capacidad de escuchar al otro.” “Ellas pueden curar y reconciliar, esto quiere decir, formar ciudadanos mejores, que bien ilustró Esquilo. El Bien común era puesto por encima de las ventajas personales y el escenario mostraba que el público podía escoger entre ceder a la búsqueda de la venganza y la catarsis, o permitir que otras emociones, ya sea la piedad (eleos) o la compasión (oiktos) entren en el alma y ocupen el lugar de la rabia.”
Petro intenta arrojar luz sobre el papel de la extrema derecha y los trágicos errores que atraviesan la historia de Ucrania, específicamente, la ausencia de un diálogo significativo entre Galizia y el Donbass, respectivamente, los centros culturales de Ucrania de lengua ucraniana y rusa:
Espero una comprensión más profunda de ella lo que Tucídides cierta vez llamó una gramática para ayudar en la reconstrucción del lenguaje de la política.
El conflicto se arrastra desde hace 150 años y ya irrumpió en hostilidades militares en cuatro ocasiones: durante las dos guerras mundiales, luego del golpe de Estado de Maidan de 2014 y en 22022. Se debe notar que en cada caso la violencia fue exacerbada por la intervención de potencias extranjeras que buscaban hacer oscilar la balanza dentro de Ucrania para sus propios intereses: “La solución de este conflicto destructor sería, por lo tante, un largo camino para limitar la capacidad de intervención extranjera. Esto, sin embargo, exigiría un nuevo grado de diálogo, compasión y reconciliación mutua entre los mismos ucranianos.”
El rol de la extrema derecha
En el libro, Petro observa que se debe ignorar a la extrema derecha y a su papel en la historia de Ucrania. Asunto repetidamente comentado por políticos rusos, que han reiterado que el objetivo de Rusia es “desnazificar” partes de Ucrania.

Entre la Primera y la Segunda guerras mundiales, existió la Organización de los Nacionalistas Ucranianos (OUN), cuyo ideólogo, Dimitry Dontsov, argumentaba que “la naturaleza no conoce el humanismo ni la justicia, sino lo que llamamos resistencia o simplemente el exterminio del débil.” El pensamiento de Dontsov influyo en la ideología de la “ucranización y la expulsión de los otros.” El derecho de una nación a existir, según Dontsov, debe estar “por encima de la vida de cualquier individuo, encima de la sangre y de la muerte de miles, encima del bienestar de determinada generación, encima de los cálculos mentales abstractos, encima de la ética humana universal”, de acuerdo con Petro, “encima de cualquier concepto imaginario del bien y del mal.”
Según Petro, Donstov promovía que Ucrania debería convertirse en una nación conquistadora o sufrir su extinción. Su ideal unificador debe ser, por lo tanto, destruir a Rusia, pues sólo con una Rusia desmembrada y sus territorios absorbidos por Ucrania, Ucrania podrá alcanzar seguridad y grandeza.
En la Segunda guerra mundial, la OUN se convirtió en un “aliado natural de las potencias del eje y tenía simpatías abiertas por el nazismo y por el fascismo italiano.” Una expresión de esto “fue Stepan Bandera, que saludaba abiertamente al fascismo y es hoy un héroe.”
Desde 2014, afirma Petro, “el conflicto actual estranguló efectivamente el desarrollo del regionalismo saludable de Ucrania y desde 2014 la ‘cuestión lingüística’ se hizo, por lo menos, más tóxica, con varias figuras políticas y culturales importantes que declaraban abiertamente que el que un ucraniano usase el ruso equivaldría a una traición.”
El mismo Petro arrojó luz sobre la Revolución naranja de 2004, que terminó en un desastre y mostró cómo un gobierno popular con apoyo occidental se convirtió en el gobierno más impopular de la historia de Ucrania. En la época se creía que la identidad galiziana sería la única legítima para todos los ucranianos y terminaría por unir al resto de Ucrania contra ella.
El papel del departamento de Estado de EEUU
Petro continua, “fue la primera vez que los gobiernos occidentales participaron activamente y se interesaron en cambiar el curso de la política ucraniana. Las bases para esto fueron presentadas en 2003, cuando la secretaria de Estado de Estados Unidos de ese entonces, Condolezza Rice, reclutó a Stephen Krasner, un académico de Stanford que “sostenía que la soberanía de los estados débiles debería ser limitada, debido a la amenaza que representaban para el orden internacional. Él y Carlos Pascual, antiguo director del Consejo de Seguridad Nacional encargado de Rusia, Ucrania y Eurasia, y el embajador de Estados Unidos en Kiev (2000-2003), concibieron una estrategia de intervención anticipada de Estados Unidos en los asuntos de esos estados débiles. “Se elaboró una lista de ellos y un plan de reconstrucción con actores externos, igual que los estados occidentales. Esos países podrían recibir asistencia política, militar y financiera”. Pascual explicó que la “asistencia debía prestarse por equipos de respuesta rápida compuestos por empresas privadas, organismos no gubernamentales y grupos de reflexión, en un intervalo de tres a seis meses. El objetivo de tal intervención sería cambiar el mismo tejido social de una nación.”
Desde el inicio, Ucrania fue un candidato obvio a la “soberanía compartida.” Grupos financiados por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo internacional (USAID), por ejemplo, Development Associates Inc., afirmaron más tarde haber “desempeñado un papel decisivo en la facilitación del cambio de rumbo de Ucrania hacia una democracia en 2004.” El Proyecto de refuerzo de la administración electoral de Ucrania (SEAUP) “Entrenó directamente a 7 405 personas en el ámbito electoral territorial… a más de 95 mil comisarios de asambleas de votos y a 1.350 jueces, así como a jueces de los Tribunales supremos de Ucrania.”
Luego de su derrota humillante en las elecciones de 2010, el presidente Viktor Yushchenko rehabilitó al líder de la OUN, Stepan Bandera, y lo declaró héroe nacional. Durante los eventos de Maidan, entre el primero de diciembre de 2013 y el 19 de enero de 2014, cuando los radicales atacaron a la policía y las milicias mataron a 100 personas usando franco tiradores, afirma Petro, “la extrema derecha fue subestimada en su influencia; no estaba tan sólo pidiendo barrer determinado grupo político, sino todo el sistema político.”
El 20 de febrero de 2014, los ministros de Relaciones Exteriores de Alemania, Francia y Polonia (después acompañados por el embajador ruso) volaron a Kiev para negociar un acuerdo de paz. En aquel momento, más de 100 personas habían sido asesinadas en otras rondas de tiros de franco tiradores venidos de la zona controlada por las fuerzas de Maidan. Dos días después, el presidente Viktor Yanukovych renunció y acordó elecciones anticipadas. En ese ínterin, Arsenii Yatsenyuk acordó acepto el cargo de primer ministro interino. En el Donbass, muchos ucranianos vieron en esto un golpe de Estado.
Fue la extrema derecha la que “dio el tono para la política nacional desde 2014”: Petro
Luego menciona que el Partido Nacional Social de Ucrania (SNPU), creado en octubre de 1991, en Lviv, impulsaba una forma ucraniana de nacionalsocialismo basada en los diez mandamientos de los nacionalistas ucranianos, su símbolo era el Wolfsangel teutónico, y tenía su propia ala militar inspirada en el partido nazi. “Uno de sus miembros más famosos, Andrey Parubiyn, se convirtió en el comandante supremo del levantamiento Maidan en 2014 y, más tarde, presidente del parlamento ucraniano.” Después, el partido fue renombrado Svoboda (Libertad), habiendo desempeñado un papel fundamental en los sucesos de Maidan.
De acuerdo con Petro, 90 por ciento de las actividades del Sector Derecha fueron coordinadas con el Ministerio de Administración Interna (MVD) y el servicio de seguridad de Ucrania (SBU).
Luego de 2014, el Svoboda recibió posiciones claves en las comisiones parlamentarias de seguridad y de la aplicación de la ley -cinco gobiernos regionales y cinco ministerios gubernamentales de seguridad nacional e interna-. Además, Vadim Troyan, ex integrante de los Patriotas de Ucrania y vicecomandante del Batallón Azov, fue nombrado subjefe de la policía nacional. La extrema derecha también ayudó a promover una importante innovación ideológica en el gobierno, la “narrativa nacionalista de la guerra perpetua contra Rusia.” De acuerdo con esta narrativa, aunque el conflicto militar con Rusia había comenzado técnicamente con la toma del Soviet Supremo de Crimea, “era, de verdad, parte de un plan ruso establecido hacía ya mucho tiempo para desestabilizar y absorber a Ucrania.”
Para que Ucrania pueda curarse de su discordia interna, el país debe aprender las lecciones de la tragedia griega, aconseja Petro, y, en vez de la venganza, buscar el diálogo, así como la compasión y la reconciliación, según el modelo de varias comisiones de la verdad y de la reconciliación, recomendando el caso de África del Sur, la cual abrió el camino para el diálogo después del régimen del Apartheid.
No tiene ninguna duda de que la paz podrá ser llevada a Ucrania si al país se le considera “un puente comercial entre Eurasia y Europa, en lugar de ser un muro entre ellas. El restablecimiento de los lazos comerciales mutuos con Rusia, no sólo revitalizaría la producción industrial del país, también promovería la cura dentro de Ucrania, incentivando el diálogo, en lugar de la emigración al exterior.”
*MSIA Informa

