Un estudio de la investigadora francesa Nathalie Pross reveló que la deshidratación leve repercute específicamente en el estado de ánimo.
Durante la investigación se utilizó dos grupos de personas: uno de bebedores frecuentes de agua y otros de no tan frecuentes.
Al primer grupo se le disminuyó la dosis del líquido vital y se descubrió que tuvieron impactos negativos en su humor, sed, impaciencia y, en general, menos sentimientos positivos.
MIENTRAS QUE LOS QUE COMENZARON A TOMAR MÁS AGUA TENÍAN MENOS FATIGA, CONFUSIÓN, SOMNOLENCIA Y MENOS SED.

