mayo 25, 2026

Boris Johnson y el ocaso imperial británico

Boris Johnson y el ocaso imperial británico

La renuncia del premier del Reino Unido, Boris Johnson, no señala tan sólo un cambio darwinista más en la residencia oficial de Downing Street 10, para elegir un sucesor “más apto”. La salida forzada del premier, antes de completar tres años de mandato, por la renuncia en masa de su gabinete, es, con todo rigor, un reflejo de la larga crisis existencial de la metrópoli del Imperio en el que el Sol nunca se ponía.

Tal crisis se evidencia en la lista de los candidatos presentados para la sucesión de Johnson, en la que se anotó una figura todavía más rara que la del premier de salida, la secretaria de Relaciones Exteriores, Liz Truss, quien presentó sus credenciales en un artículo publicado en el Sunday Telegraph del 10 de julio:

En mis funciones de secretaria de Relaciones Exteriores, yo ayudé a liderar la respuesta internacional a la guerra del (Vladímir) Putin en Ucrania y aplique un duro paquete de sanciones que lideró al mundo para imponerle dolores reales a él y al Kremlin.

Los británicos esperan que por lo menos la candidata haya mejorado sus conocimientos geográficos y haya aprendido a situar correctamente las fronteras de la Federación Rusa y a no confundir los países bañados por el mar Báltico y por el mar Negro, objeto de sus célebres metidas de pata.

La centenaria Chatham House, el principal centro de ideas británico

Dio el tono a las expectativas del Establishment, en un comentario del director ejecutivo de la Iniciativa Reino Unido en el Mundo, John Kampfner (07/07/2022):

A pesar de los actos teatrales de la renuncia de Boris Johnson, la forma en la que el Reino Unido tratará los asuntos mundiales por ejemplo de Ucrania, China y el Indo-Pacífico no cambiarán con un nuevo líder.

Pero él mismo admite que, tanto durante el mandato un tanto quijotesco de Johnson cuando fue secretario de Asuntos Exteriores, y su temporada en Downing Street 10, mucho de la imagen del Reino Unido en el mundo quedo atrapada en la personalidad de este hombre.

Foto: TheDigitalArtistLos delirios de una grandeza ocasionada por la incapacidad de sus élites dirigentes de aceptar la realidad de que aquellos días de gloria de los libros no regresarán, ni siquiera en la condición subalterna de socios menores de la súper potencia estadounidense que ya tomó el mando de hegemón mundial.

Las glorias pasadas se manifiestan igualmente, en el pretensioso plan de la Gran Bretaña Global (Global Britain), que parte de una proyección más que cuestionable de poderío aeronaval en la región del Indo-Pacífico, abiertamente volcado contra China, y ahora reforzada por las pretensiones globales de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), oficializadas en la reciente reunión cumbre de Madrid.

Delirios que motivaron las declaraciones del nuevo jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, general Patrick Sanders, para quien las fuerzas británicas se deben preparar “para luchar en Europa otra vez.” En una carta divulgada en junio, afirmó que “ahora hay un imperativo permanente de forjar un Ejército capaz de luchar al lado de nuestros aliados y derrotar a Rusia en la Batalla” (RT, 19/06/2º22).

No obstante, los habitantes del mundo real en el que vive la inmensa mayoría de sus súbditos de S.M. Elisabeth II (que celebró este año siete décadas de reinado), se ven otra vez con problemas mucho más mundanos, como el de pagar las cuentas de diario, principalmente alimentos, electricidad y combustibles, que sobrellevan los índices de inflación más altos de los últimos 40 años, que pasan de 9 por ciento y se dirigen al 11 por ciento en los meses venideros, según la evaluación incuestionable del Banco de Inglaterra.

La misma monarquía no está exenta de su cuota de problemas

Agravados por los escándalos sexuales del príncipe Andrew (apartado de todos sus cargos oficiales) y por la lisa y llana impopularidad del heredero al trono, el príncipe Charles, a quien Elisabeth pretende transferir varis de sus funciones oficiales. Aunque la institución monárquica cuente con un sólido apoyo de los británicos, no es insignificante en número de los que piensan que Elisabeth podría ser la última monarca del Reino Unido.

Hasta la misma condición de Reino Unido, está amenazada por el permanente irredentismo de escoceses e irlandeses del Norte. Los primeros, cada vez más descontentos con la salida de la Unión Europea post Brexit y los últimos, fortalecidos por el reciente triunfo electoral del Sinn Fein, el partido nacionalista de Irlanda del Norte, cuyo lema, “Nuestro día llegará, es cada vez más visible en las calles de Belfast.

Tal vez sea una ironía histórica que en un mundo multipolar donde la nostalgia de las élites de Londres se presenta como un risible anacronismo, la renuncia con tintes de farsa de un bufón de segunda categoría como Boris Johnson pueda acabar simbolizando el proverbial último clavo del ataúd imperial británico, el ocaso darwinista de un imperio que siempre creyó en la predestinación, en la prepotencia y en el excepcionalismo.

Fotos: Pixabay

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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