Bolivar Hernandez*
Este relato abarca un año completo del naufragio que padecí; primero el terremoto de 7.9 grados en la escala de Richter y luego el tsunami, y claro que me refiero a la pandemia del COVID-19 y sus estragos en mi vida personal.
Un terremoto de esa magnitud y un tsunami posterior, deja a su paso desolación y destrucción del tejido social, obligadamente.
La palabra japonesa tsunami, significa, literalmente, que el mar ingresó tierra adentro. Ocasionando pérdidas de los bienes materiales y la muerte de seres queridos.
Esta metáfora de la desolación y la pérdida de seres cercanos es el balance provisional de la pandemia en mi interior.
En febrero del 2020
Volé a México desde Guatemala para una corta estancia por motivos personales, familiares y amorosos. El viaje fue redondo ida y vuelta, pero también por sus logros. Abracé a mis hijos, charlé con mis amigos queridísimos y paseé por el centro histórico de la CDMX, tomado de la mano de una dama poblana.
Fue un viaje intenso en vivencias y experiencias; tengo muchos amigos y quise verlos a todos, a mis hijos los amé cuanto pude y a mis nietos, igualmente.
Soy un hombre de cafés, tengo dos, uno en el centro histórico de la Ciudad de México, el Café Regina; y el otro en el barrio bohemio de La Condesa, el Café Toscano, frente al legendario Parque México. Tengo mesa reservada en ambos cafés, privilegios de un cliente frecuente. Soy hombre de tertulias literarias y poéticas, y procuro reunirme con gente de pluma fina y elegante.
Me doy gusto en la comida mexicana y asisto a varios sitios emblemáticos para mí, como es el Sanborns de los Azulejos, Casa Toño, Salón Corona, Los Bisquets de Obregón, taquería La Alteña, Cafetería el Jeque Mir.
Mi mexicanidad esta en lo culinario, aunque confieso que no como chile, picante, ají. Pero disfruto los platillos típicos. Soy un Bon vivant.
Y vuelvo a Guatemala, a finales de febrero del 2020
Con una mascarilla improvisada, ya se había dicho algo de la pandemia que se originó en China, y la dama poblana muy creativa ella, en una noche armó unas mascarillas.
Volé en Interjet, y el vuelo traía muchos chinos, y me asusté por la posibilidad de contagio. Los asiáticos fueron retenidos en el aeropuerto de Guatemala, ignoró el porqué. Mencioné Interjet, y esa línea aérea quebró estrepitosamente, pocos meses después.
Llega marzo, y la pandemia, dice la OMS, ya es un tema mundial.
En Guatemala, por su tradición militar, el gobierno impuso toque de queda y cerró todo el comercio y los servicios no esenciales, y deja sin transporte al pueblo.
La población se confina en sus hogares. Sin tener nada de información fidedigna sobre el COVID-19. El gobierno empieza a dar tumbos y no sabe qué hacer con la pandemia. La comunicación gubernamental es nula o deficiente. Solo existe la cadena nacional para que el presidente regañe a todos por irresponsables y mal educados.
El presidente rechaza informar al pueblo, y no admite ruedas de prensa, por incómodas e irreverentes. Sólo acepta entrevistas televisadas a modo. Sin cuestionamientos serios. Entrevistas bien pagadas y sosas, carentes de interés general.

Después de seis meses…
El tema coronavirus y la pandemia desaparecen del discurso público gubernamental. Las estadísticas, siempre deficientes, hasta ese momento se dejan de publicar por ser irreales y sospechosas de falsedad documental, No tienen datos duros, no los hay.
Los pobladores permanecemos confinados y con un gran escepticismo acerca del futuro o curso de la pandemia. Sin vacunas, sin cama de hospital disponibles, ni ventiladores, ni medicamentos, ni personal sanitario; el sistema de salud está colapsado. Los médicos y enfermeras no cobran sus salarios desde hace mucho tiempo.
El tejido social está roto, desgarrado por tanta muerte de vecinos y parientes, y el aislamiento casi total enloquece y estresa a muchos de sus habitantes. Y la pérdida del empleo tiene postrados a miles de trabajadores que, desesperados, imploran ayuda económica a las autoridades.
El gobierno dispone dar ayuda económica a quien lo solicite después de llenar unos formularios imposibles de cumplir todos sus requisitos. Sin embargo, se descubre que muchos amigos de políticos recibieron esos apoyos, sin merecerlo.
Hemos normalizado el confinamiento
Hay fiestas clandestinas por doquier, como un desafío a la autoridad que las prohíbe.
El mar está a una hora en auto de la capital, y miles de capitalinos forman extensas caravanas de miles de automóviles para, cada fin de semana, ir a la playa. Esto estaba prohibido también, absurdamente porque es algo al aire libre y cosa muy difícil de contagiarse con esa fuerte brisa marina. El desafío al gobierno es abierto o solapado.
El absurdo es que todo el mundo anda con la mascarilla puesta, aunque estén solos o caminando por calles desiertas, o manejando sus vehículos.
Procuro hacer ejercicio físico todos los días incluyendo los fines de semana. Ruedo en mi bicicleta por la finca sin cubrebocas, porque no es necesario. Después de recorrer la finca y sus avenidas, me detengo a observar la erupción del volcán de Pacaya, muy cerca de donde vivo. Es un espectáculo gratuito de la naturaleza, que es tan prodiga en volcanes con esta patria chica.
Siendo un ser social, que fomenta la amistad con otros seres distintos a mi, y que piensan diferente a mi, ahora estoy impedido absolutamente de hacerlo.
Vivo un encierro involuntario y molesto. Vivo el adentro en demérito del afuera. Soy solitario por necesidad.
Practico todos estos verbos:
- Pintar, escribir, bailar (solo), pasear, dibujar, cantar. Me llenan el espíritu, absolutamente.
- La distancia social me hizo perder a mis amigos. Amistad siempre nutrida de encuentros cara a cara.
- La desolación de este náufrago es enorme. El tsunami interior arrasó mis playas y destruyó parte de mi ser interior. Quedé como un Robinson Crusoe, en una isla sin un alma a la vista, ni modo!
- Sobreviviré, estoy seguro. He superado catástrofes sociales, terremotos reales, y enfermedades mortales.
- El amor me sostiene, el amor a los otros, y el amor a mi mismo.
- Quiero vivir largo tiempo para llevar a buen puerto mis ideales y proyectos.
- Pero quiero vivir con salud física y mental.
- Me cuido tanto como a la niña de mis ojos.
PD: En estos días murió un amigo entrañable, por el nuevo coronavirus. Me dolió su partida, porque quedamos firmemente en tomar un café en el Regina, a mi regreso a México.
*La vaca filósofa.

