En su columna del 21 de enero, Larry Johnson, exfuncionario de la CIA y del Departamento de Estado de Estados Unidos, toma el título de la película clásica de 1966, para describir el inicio de la nueva gestión de Donald Trump,
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En el lado bueno, Johnson presenta la lista del gabinete formado por gente de su confianza y que difícilmente lo traicionará, como ocurrió con varios escogidos de su primer mandato. Además, el entendimiento telefónico con el presidente chino Xi Jinping y la plétora de órdenes ejecutivas para anular medidas desastrosas de su antecesor, Joe Biden.
Entre ellas podemos destacar las que prácticamente echan por tierra los planes de la descarbonización de la economía estadounidense y las que se refieren a la serie de alucinadas demandas amontonadas en la anti cultura woke, epitomizada por la declaración de que, de ahora en adelante, el gobierno solo reconocerá la existencia de dos sexos, masculino y femenino.
En especial, la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París, la suspensión de los obstáculos ambientales a la explotación petrolífera y el retiro de los subsidios para las llamadas “energías” eólica y solar, representan un duro golpe para esos planes limitantes del real desarrollo económico.
En el lado malo y feo
Lo destacado es la amenaza de reconquistar el Canal de Panamá, al que podemos agregar las hechas a Dinamarca en torno de la posesión de Groenlandia, a Canadá, para que se convierta en el estado número 51 de la federación estadounidense, y México, al que amenazó con operaciones contra los carteles de drogas mexicanos, que implican acciones transfronterizas al ser clasificados organizaciones terroristas.

Además de esto, Trump volvió a atizar el sangriento conflicto del Medio Oriente al reiniciar el envío de bombas de una tonelada a Israel, y al suspender las sanciones contra grupos de colonos israelíes radicales de Cisjordania y la retirada completa de los palestinos de Gaza.
En la misma categoría se puede incluir el que haya cambiado la bravata de que acabaría con la guerra de Ucrania en 24 horas por una actitud más complaciente con la continuación de la ayuda militar a Kiev y la provocadora transferencia de la responsabilidad del fin del conflicto al presidente ruso, Vladímir Putin. Realmente malo.
Y, en la categoría feo, se puede encontrar la profesión de fe explícita, hecha en el discurso de toma de posesión, en el excepcionalismo y en el destino manifiesto de Estados Unidos –más excepcionales que nunca, en sus propias palabras-.
Al contrario de la película, se puede decir que Trump representa a los tres personajes en uno solo, lo que amplía de forma considerable las dificultades de hacer cualquier pronóstico seguro sobre su actuación en su nuevo arribo a la Casa Blanca, Con las cosas así, lo mejor es preparar los planes de contingencia para cualquier situación.


