Los medios de comunicación están en su jugo haciendo gran escándalo por un estudio de la NASA donde se prevé que algunas regiones del planeta podrían tornarse inhabitables en los próximos 50 años por el aumento de las temperaturas globales.
MSIA Informa
Claro, acuerdo con la tesis de que todo es causado por las emisiones de carbono de los combustibles fósiles, la ganadería y otras actividades humanas. Las regiones anotadas son: el Sur de Asia, Golfo Pérsico/Mar Rojo y partes de China, Sudeste Asiático y Brasil.
“Previsiones” de este tipo suelen impresionar a los legos –la gran mayoría de la sociedad- y más cuando son vinculadas a la agencia espacial de los EUA, considerada siempre un sinónimo de frontera del conocimiento y de la tecnología.
Sin embargo, este catastrofismo no tiene ninguna base de hechos. El citado estudio se basa solamente en proyecciones de modelos matemáticos computarizados con algoritmos diseñados para resaltar el papel del dióxido de carbono (CO2) en la dinámica climática, en detrimento de factores mucho más significativos como:
La actividad solar, la radiación cósmica, distribución de masas continentales, corrientes marinas, cobertura de nubes y otros, cuyas contribuciones relativas y sinérgicas todavía no han sido debidamente determinadas por ningún modelo climático.

En rigor, los alarmistas climáticos
Vienen previendo el apocalipsis desde la década de 1970, siempre demorando la fecha del “juicio final”. Un ejemplo muy ad hoc lo tenemos en un caso de Brasil, donde el presidente de la empresa de investigación agropecuaria Embrapa, Luiz Carlos Pinheiro Machado, afirmó en 1985 que si la “devastación ambiental” no fuera contenida, en el año 2010 la Amazonia tendría más la apariencia de un gigante arenal que la de un bosque.
Bien, en 2024, a pesar de la histeria de los ambientalista, el Bosque Amazónico todavía se encuentra preservada en el 83% de su extensión, un área mayor que el territorio de India. A pesar de ser un científico con méritos, Machado se dejó arrastrar por el clima alarmista que ya se establecía en la época en relación a la amazonia, que Brasil aceptó de forma acrítica y así permanece hasta la fecha.
En suma, el apocalipsis previsto por la NASA tiene tanto valor cuanto el amazónico pronosticado hace casi 40 años; ambos son productos de la estupidez artificial.

