📈 Record histórico de endeudamiento: En solo un año, la deuda pública estadounidense escaló cerca de 2.9 billones de dólares, situando la relación Deuda/PIB en un alarmante 123%.
Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma
De acuerdo con los datos de la Reserva Federal de St. Louis, USA, la cual tiene entre sus funciones la preparación de investigaciones económicas para su banco central, la deuda pública estadounidense registró un aumento récord en el primer año de la presidencia de Donald Trump. Hacia finales del primer trimestre de 2025, la deuda pública era de 36.2 billones de dólares, llegando a los 39.06 billones apenas 12 meses después –un aumento desproporcionado de cerca de 2,9 billones de dólares en un año. Casi 3 billones. Hoy la relación deuda/PIB de los EUA es del 123%. Hace diez años era del 104%.
La presidencia de Joe Biden, la cual no ahorró esfuerzos para aumentar la deuda pública, la elevó “apenas” un poco más de 4 billones en sus cuatro años entre el primer trimestre de 2021 y el primer trimestre de 2025.
Decir que la receta económica de Trump es de alto riesgo es un eufemismo. Es un fracaso puesto en evidencia con los aranceles que, según él, habrían llevado billones de dólares a las arcas del Estado y enriquecido y alegrado a los ciudadanos estadounidenses. En su lugar, los resultados fueron un aumento en la inflación doméstica y pérdidas en la participación de mercado, con excepción de los sectores militar y del petróleo.
El gobierno de los EUA todavía no acaba de pagar miles de millones de dólares en aranceles impuestos arbitrariamente y considerados ilegítimos incluso por las instituciones estadounidenses competentes. Pero el magnate, no satisfecho, está intentando de nuevo la suerte con los aranceles.
Las tasas de interés tampoco bajarán, a pesar de las órdenes dadas por Trump a la Reserva Federal y de los cambios de personal impuestas por él. De hecho “Fed” sigue alertando que las evaluaciones de activos y del mercado accionario de Wall Street son excesivamente altas y desproporcionadas al desempeño subyacente de la economía estadounidense.

En su carrera en el ramo inmobiliario
Trump tuvo 6 grandes quiebras, y una siniestra petición de bancarrota bajo el capítulo 11 y numerosos rescates financieros. Pero nunca declaró una quiebra personal, sino siempre para sus negocios. Con frecuencia, se trataba de desarrollos in mobiliarios y financieros ligados a casinos y al ramo del entretenimiento.
Por ende, es necesario tomar en cuenta estas “experiencias”, pues estas tienen una influencia significativa en sus decisiones que orientan la gestión económica y financiera en los EUA y en todo el mundo.
En primer lugar, el concepto de “muy grandes para caer”. Trump lo vivió personalmente y se volvió un gran deudor; los bancos y el sistema bancario como un todos, que detentaban créditos significativos, temían su posible quiebra. Esto también había creado agujeros en sus balances.
Para los bancos acreedores, es siempre mejor buscar una reestructuración de la deuda: Mantener deudas notoriamente malas en sus balances, conceder préstamos adicionales y mantener al deudor hasta la superficie, en lugar de declarar la quiebra individual. Entonces, ellos aprendieron la lección de la bancarrota de Lehman Brothers, la cual desencadenó una serie de otras quiebras y, por desgracia, la crisis financiera global de 2008-09. Trump conoce muy bien de esto y también que, a pesar de todas las dificultades, para él, los EUA no puede caer.
En consecuencia, piensa que puede inflar los balances con deudas que también pueden servir de chantaje contra otros países. “Cuidado”, dice, “una crisis financiera en los EUA, les afectará a ustedes drásticamente”. Es lo que imaginamos que esté pasando por su cabeza, pero esto no significa que el resto del mundo siempre tendrá que aceptar y someterse a las políticas estadounidenses. Es el “juego de la gallina” (chicken game), donde el más loco siempre parece vencer. Lo mismo ocurre con la amenaza de armas nucleares. No siempre funciona y, si no funciona, las consecuencias serían catastróficas para todos.
La otra obsesión de aquellos que están endeudados es encontrar nuevos activos, “robar” nuevas riquezas para usarlas de garantías para su montaña de deudas. Este es el aspecto más práctico y prosaico detrás de los alegatos teóricos y geopolíticos de la estrategia del Hemisferio Occidental bajo la hegemonía estadounidense y su proyección militar en el resto del mundo.
Con la operación en Venezuela, Trump monopolizó las mayores reservas petroleras del mundo y otras materias primas potencialmente evaluadas en varios billones de dólares. La enorme riqueza de Canadá es tentadora, igual que la de Groenlandia. Esto le quita el sueño por la noche. Serían decenas, cientos de billones para ostentar ante el mundo y mostrar que las finanzas de los Estados Unidos están en excelente estado de salud. Y todavía hay riquezas escondidas en África, los países productores de petróleo de Oriente Medio y de Asia, los peajes para la navegación por los estrechos y mucho más.
Trump tiene una vida sin escrúpulos, siempre listo para cualquier cosa. Por tanto, no debemos subestimar ninguna “sorpresa de octubre” antes de las elecciones intermedias de noviembre. De hecho, se dice que la célebre Sorpresa de Octubre, original de 1980 fue organizada por los líderes de campaña de Ronald Reagan para demorar la liberación de los rehenes estadounidenses mantenidos por Irán después de las elecciones de noviembre. Caso contrario, habría favorecido la reelección de Jimmy Carter. ¿Ocurrirá lo mismo ahora?

