junio 02, 2026

El “fracaso” de las sanciones

El “fracaso” de las sanciones

MSIA Informa

Existe la percepción de que las sanciones económicas contra Rusia han fracasado y, aunque sus efectos se limitan a la nación eslava, como se planeó inicialmente, están teniendo pleno éxito, ya que el objetivo principal era forzar una ruptura económica de Rusia con Europa Occidental, una continuación de la geopolítica británica del siglo XX, y debilitar especialmente la economía de Alemania, la mayor potencia industrial occidental, favorecida por el acceso a los abundantes y baratos recursos energéticos de Rusia.

Al mismo tiempo, el aumento de los precios de la energía y los alimentos, que ya se había producido antes de las operaciones militares en Ucrania, está provocando el efecto de un nuevo shock petrolero ampliado, que está absorbiendo los recursos económicos de los sectores productivos y los hogares de todo el mundo para sostener el sistema financiero del eje Wall Street-City de Londres. Notablemente, tales aumentos son proporcionales al gasto de envíos militares a Ucrania.

Es decir, existe una gran posibilidad de que la inflación, funcionando como un pesado tributo para los sectores productivos y las familias, haya sido un resultado ventajosamente planeado en Washington, Londres y Bruselas, menos para castigar a Rusia y más para socorrer al sistema financiero.

Directo al sistema financiero

De hecho, los rublos y demás monedas que Rusia está recibiendo por su gas natural, petróleo, fertilizantes y alimentos, están llegando a Moscú; los dólares y euros extras provenientes de la inflación en alimentos y energía que llegan a Unión Europea y, en menor grado, a EUA, van directo al sistema financiero.
La amenaza que flota sobre el sistema es todavía mayor que la representada por la crisis de 2008. Según el Instituto Internacional de Finanzas (IIF), la deuda global llegó a 305 billones de dólares en el primer trimestre de 2022, más de 35 billones de dólares por encima de los niveles pre-pandemia y equivalente a casi el 350% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, contra 282% antes de la crisis de 2008. En Wall Street, la capitalización de los mercados de acciones alcanzó el pico histórico de 2.8 veces el PIB estadounidense todavía a mediados de 2021 y sigue subiendo. Como referencia, este índice era de 1.9 en la llamada “burbuja de internet” del inicio de la década de 2000.

Por esto, la alta finanza “globalizada” busca una salida como la de 1971, cuando los EUA liquidaron el sistema de Bretton Woods, retirando el vínculo entre el dólar y el oro y ampliando el camino de la financierización de la economía que marcaría las siguientes décadas. En la ocasión, la salida para sustentar la hegemonía de Wall Street y de la City fue desatar la crisis del petróleo de 1973, generando enormes flujos de “petrodólares” y “eurodólares” para reciclarse en el sistema financiero anglo-americano. Después el efecto de las tasas de interés en 1979, impuesto por la Reserva Federal de Paul Volcker, se encargó de completar el servicio.

El resultado fue la crisis de las deudas externas de la década de 1980, un golpe a los planes de desarrollo de los países del “Tercer Mundo” y un auténtico saqueo de las economías reales en favor de las finanzas “globalizadas”.

Hoy, a pesar de que el mayor saqueo está ocurriendo en su propio interior, el recurrir a métodos semejantes denota el agotamiento de ideas y de vitalidad de la Hegemósfera, acosada por su propia esclerosis y por la rápida consolidación del eje euro-asiático como nuevo centro de gravedad geoeconómico-geoestratégico mundial, apoyado en un fuerte desarrollo de la economía real y por el sistema financiero “extra-dólar” que Rusia, China, India, Irán y otros países se empeñan en construir.

Foto: Pixabay

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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