enero 31, 2023

El Grinch, los buenos samaritanos y la cena navideña

El Grinch, los buenos samaritanos y la cena navideña

Bolivar Hernandez*

Esta historia navideña no pretende otra cosa más que mostrar la bondad y generosidad de mis amigos. Tampoco esconde un mensaje subliminal para solicitar atención o compasión a mi condición de soledad elegida.

Un samaritano es una buena persona que se comporta de una manera compasiva y ayuda a los demás. También es un gentilicio para aquellos nacidos en Samaria, en la antigua Palestina.

La entrada del nuevo siglo, el siglo XXI

Me motivó a hacer un nuevo tipo de vida, vivir en soledad, una soledad elegida, y largamente acariciada por mí. Mis ansias de libertad son infinitas, tanto la libertad de pensamiento y la de movimiento, igualmente.

Llevo ya 17 años en ese propósito, muchos me preguntan: Te arrepientes?, pues la verdad, no.

Viví más de 40 años en pareja, no con la misma. Sé perfectamente lo que significa cohabitar con alguien más. Fue toda una experiencia de vida, la vida en compañía de una mujer.

Escogí deliberadamente la soledad, pero no estoy solo. He sido un solterón con pareja

Ahora que estamos de lleno en la época prenavideña, en la cual a todo el mundo, sobre todo en el mundo occidental, se sienten forzados a ser felices, y a querer a todo el mundo a su alrededor; se respira un aire artificial confeccionado de buenos propósitos con el prójimo.

Recuerdo como unos amigos míos, por estas fechas les entraba un amor por las personas que no tienen casa y viven en la calle, y les llevaban cobertores para soportar el frío decembrino, además les brindaban unos ricos sándwiches y café en la Nochebuena, y así todos los años, una vez al año. Y eran dichosos, inmensamente dichosos con sus acciones filantrópicas con los desheredados de la tierra.

Mis amigos, que antes eran muchos, y ahora son muy pocos

Se angustiaban al saber que estaba yo solo en estas fechas tan familiares y llenas de cariño. Y pues, me invitaban a pasar la Nochebuena y el Año Nuevo con ellos y sus familias. Eran bondadosos conmigo, altruistas, sin duda alguna.

Foto: PexelsEn los primeros años de mi soledad elegida, mis amigos se turnaban para invitarme a sus fiestas navideñas. Yo aceptaba las  invitaciones porque mi educación me lo imponía, aunque ello fuera en contra de mis verdaderos deseos.

Estuve en varias celebraciones navideñas, muy pocas por cierto, en casas de amigos. El ritual era el mismo, había un árbol navideño artificial como la nieve que lo cubría, muchas luces de colores, un nacimiento al lado, y muchos, muchos regalos al pie del mismo.

Yo sentado en la sala, y muy inquieto viendo todo con detalle: algunas veces brindaban con champán, y a mí que no me gusta eso; de pronto pasábamos a la mesa bellamente decorada con motivos navideños, mantel y servilletas rojas; y en medio de la mesa una charola de plata conteniendo un animal gigantesco: un pavo relleno de quien sabe qué cosas.

Yo que detesto comer aves, estos animales  con plumas y desabridos, sufría ese espectáculo. No cenaba más que la ensalada navideña.

Luego de la cena maravillosa pasábamos a la sala, y la emoción embargaba a todos porque ya llegaba la hora de abrir los regalos con intensa alegría. A veces había un regalo para mí, cosa que yo no pedía ni deseaba, y tenía que abrir ese regalo y mostrar a todos mi agradecimiento.

A las 12 de la noche se me rompe el encanto y me convierto en calabaza

Y debo huir de cualquier sitio donde me encuentre a la medianoche. Salía a la calle a buscar un taxi para irme a mi casa, asunto complicado por la hora y el día tan especial. Llegaba al departamento de soltero, mi cueva, y daba gracias al universo por esa velada tan amorosa de parte de mis amigos, rogando no se volviera a repetir.

Cuando vivía en la Ciudad de México, la Nochebuena y el Año Nuevo lo celebraba cenando temprano, debido a que los restaurantes cierran a las 9 de la noche esos dos días festivos, pues los meseros desean irse a sus casas con sus seres queridos, asunto comprensible. Por lo regular voy a Sanborns o Vips, y las cenas son especiales porque ofrecen pavo relleno, y debo optar por unas quesadillas o un sándwich vegetariano, ante la mirada atónita de los meseros.

Ahora que vivo en una finca, las opciones se reducen considerablemente para ir a un restaurante, están muy lejos y cierran temprano o, de plano, esos días no están abiertos por las noches.

Pienso que en estas próximas festividades navideñas y de Año Nuevo, tendré que poner en práctica el ayuno intermitente, que consiste en irme a la cama sin cenar.

¡Hasta pronto amigos!, que se la pasen muy bien cenando pavo, tomando champán y abriendo sus regalos.

*La vaca filósofa
Foto: kaboompics

About The Author

Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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