La cúpula patronal en la encrucijada electoral: Cuando el protagonismo fractura las causas ciudadanas.
Juan Manuel Acuña Salomón
La historia de Marta Reyes Zazueta al frente de Coparmex Sinaloa, es uno de esos casos sumamente prometedores que, con el paso del tiempo, ha ido desviando el rumbo hacia posturas erráticas y polémicas.
Su gestión ha sido un auténtico sube y baja mediático y político. Asumió la dirigencia con una bandera muy fuerte de liderazgo femenino, articulación gremial y una exigencia clara hacia las autoridades en materia de seguridad, estado de derecho y reactivación económica.
Contaba con el respaldo de una trayectoria respetable, tras haber ocupado la vicepresidencia del propio centro empresarial y la presidencia de AMMJE.
Sin embargo, conforme pasaron los meses, el discurso de mediación neutral se transformó en una postura de confrontación abierta frente a los gobiernos estatal y federal. Entre denuncias de exclusión en mesas de diálogo, choques con actores locales y la posterior intención de incidir directamente en las boletas electorales, la cúpula patronal comenzó a dar señales inequívocas de partidización.
Es, en ese preciso momento, donde la frontera entre la representación gremial y la agenda personal se desdibuja por completo.
El problema surge cuando las demandas legítimas del empresariado y de las familias sinaloenses —el hartazgo ante la inseguridad, la exigencia de paz y el clamor por certidumbre económica—, se empiezan a capitalizar mediáticamente con la mirada puesta en el calendario electoral. Al ser cuestionada sobre probables candidaturas o al ventilar los guiños de diversos partidos políticos, se envía un mensaje equívoco:
Que la trinchera empresarial sirvió, al final del día, como trampolín político.
A la par de esta ambición, emergió el afán de acaparar causas que pertenecen a la sociedad en su conjunto. Pretender encabezar o tutelar las marchas por la paz y los movimientos civiles, bajo una lógica de “solo mis chicharrones truenan”, genera fracturas profundas con otros liderazgos sociales y empresariales que llevan años trabajando desde la base, sin buscar reflectores ni espacios de elección popular.
Arrogarse la vocería de la verdadera sociedad y pretender dictaminar quién pasa o no la prueba moral, termina restando credibilidad al movimiento.

Hoy por hoy, la fuerza y resonancia que ostenta Marta Reyes se las otorga la presidencia de Coparmex, un cargo que está por entregar a finales de este mes. Una vez terminada esa etapa, dejará de ser la interlocutora de un sector productivo clave para convertirse, a los ojos de la opinión pública y del poder político, en una participante más en la contienda, haciendo campaña anticipada.
Quiero ser muy claro
No estoy en contra de las aspiraciones políticas ni del involucramiento de la sociedad civil. La inquietud por cambiar la realidad crítica de Sinaloa y el deseo de participar en política no solo son válidos, sino indispensables.
Lo que veo grave es que el protagonismo individual y la competencia de egos desplacen la posibilidad real de construir un frente común.
El consenso exige humildad, saber escuchar, ceder la vocería cuando el momento lo requiera y edificar proyectos transversales. Cuando la actitud es rígida o vertical, los espacios de articulación se degradan hasta convertirse en vitrinas de vanidad o en intentos por cooptar causas ajenas para llevar agua al propio molino.
Sinaloa atraviesa momentos decisivos. Si los diferentes sectores no somos capaces de articular un frente unido y persisten las inercias de protagonismo individual, no se llegará a ningún buen fin. La causa ciudadana es demasiado importante como para dejarla a merced de personalismos.

