Frente a los riesgos de sobrecarga laboral y aislamiento, la gobernanza de la IA en México debe situar la dignidad humana y los derechos colectivos al centro.
Bernardo Méndez Lugo*
La inteligencia artificial está transformando los lugares de trabajo en México a una velocidad que apenas comenzamos a dimensionar. Si bien muchos empleados ya reportan ganancias en productividad y calidad del trabajo, también surgen señales de alerta: Mayor carga laboral, aislamiento y riesgos de burnout.
Ante este panorama, la pregunta central no es si la Inteligencia Artificial llegará a más empresas, sino bajo qué condiciones puede mejorar realmente el clima laboral. La respuesta pasa, necesariamente, por la ética de la IA y por las normas internacionales del trabajo.
Un estudio reciente de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), publicado en octubre de 2026, ofrece un marco útil para pensar este dilema.
Los investigadores Jordi Agustí-Panareda y Daniel Samaan comparan los principios más reconocidos de la ética de la IA —justicia, beneficencia, no maleficencia, autonomía y explicabilidad— con el sistema normativo de la OIT.
Encuentran convergencias claras en torno a la equidad, la dignidad humana y la prevención de daños. Sin embargo, también identifican una diferencia importante: Mientras la ética de la IA suele privilegiar la dimensión individual (privacidad, transparencia, autonomía personal), las normas laborales de la OIT subrayan derechos colectivos como la libertad sindical, la negociación colectiva y el diálogo social.

Esta distinción es clave para México
El clima laboral no se construye solo con herramientas tecnológicas más eficientes; se edifica con reglas claras, participación de los trabajadores y límites al uso de datos y algoritmos.
Cuando se utilizan sistemas de inteligencia artificial para seleccionar personal, evaluar desempeño o distribuir cargas de trabajo, la falta de transparencia y de supervisión humana, puede erosionar la confianza y generar nuevos riesgos psicosociales.
La NOM-035 ya reconoce la importancia de prevenir estos factores. La IA, si se diseña y gobierna correctamente, puede ayudar a detectar patrones de estrés de manera temprana y a diseñar intervenciones más precisas.
Pero solo si se respeta el derecho de los trabajadores a conocer cómo se toman las decisiones que les afectan y a participar en la definición de los límites de la tecnología.
México cuenta con una ventaja relativa
La reforma laboral de 2024 en materia de trabajo en plataformas y la adopción del Convenio 193 de la OIT sobre trabajo decente en la economía de plataformas, ya incorporan principios de transparencia algorítmica y revisión humana de decisiones automatizadas.
Estos avances pueden y deben extenderse al resto del mundo del trabajo. No se trata de frenar la adopción de la inteligencia artificial, sino de asegurar que su introducción se haga mediante diálogo social y con evaluación de impactos.

La productividad que genera la IA no se traduce automáticamente en mejores condiciones laborales. Puede, incluso, intensificar el trabajo y reducir las interacciones humanas significativas si no se acompaña de políticas de reskilling, redistribución de tareas y protección de la salud mental.
Un enfoque centrado en las personas exige que los beneficios de la tecnología se distribuyan y que los riesgos se anticipen de manera colectiva.
En definitiva, la inteligencia artificial puede contribuir a un mejor clima laboral en México si se articula con las normas internacionales del trabajo y con una ética que no se limite a principios abstractos. La justicia, la no maleficencia y la explicabilidad solo cobran sentido concreto cuando se vinculan con la libertad de asociación, la negociación colectiva y el derecho a un entorno de trabajo seguro y digno.
El estudio de la OIT nos recuerda que la gobernanza de la IA en el trabajo no es un asunto exclusivamente técnico: Es, ante todo, un asunto de justicia social.


