Gushsan inmortaliza en el lienzo, el siglo de oro de la aviación mexicana.
Ivette Sosa
Existen artistas que habitan el lienzo de su propio tiempo y otros, como Gushsan (Gustavo Sánchez Jáuregui, de 53 años), que parecen haber descendido directamente del Renacimiento: Pintor, muralista, escultor, maquetista y creador de mosaicos, este polímata binacional —nacido conceptualmente en Las Vegas, Nevada, hace más de 27 años—, ha consolidado una sólida trayectoria en el circuito artístico de Estados Unidos.
Pero, irónicamente, muchos en su propio México natal (nació en Guadalajara, Jalisco y, desde muy pequeño, avencidado en Tijuana), apenas comienzan a descubrir.
Gushsan no solo es noticia en el norte del continente, ahora proyecta su mirada hacia el sur
Una de sus imponentes obras de corte figurativo e histórico ha sido oficialmente seleccionada para participar en la prestigiosa VI Bienal Internacional de Arte Contemporáneo (BIARCO) en la región del Quindío, Colombia, un encuentro de trascendencia mundial que reúne a creadores de más de 25 naciones.

La pieza seleccionada no es casualidad; forma parte de una apasionada investigación histórica y visual que el artista abandera actualmente a través de conferencias y la producción de réplicas exactas a escala.
Busca rescatar del olvido los 100 años del nacimiento de la aeronáutica en la frontera de Tijuana, San Diego y Los Ángeles, una época dorada donde los cielos unieron a dos naciones en una era de audacia y récords mundiales.
El rugir de los motores en la era de la Ley Seca: Contexto histórico
Para entender la trascendencia de la obra de Gushsan, es necesario viajar en el tiempo a 1927. Mientras Estados Unidos se asfixiaba bajo el puritanismo de la Ley Seca, la frontera mexicana se convirtió en el epicentro del glamour, el juego y la libertad.
El mítico Casino de Agua Caliente en Tijuana atrajo a magnates, políticos y las estrellas más rutilantes del Hollywood clásico.
Para movilizar a esta élite sedienta de entretenimiento, el complejo fronterizo diseñó una infraestructura sin precedentes que incluía su propio aeródromo y pista de aterrizaje, precisamente donde hoy se asienta la actual colonia Aviación, en Tijuana.
En este ecosistema fronterizo, tres titanes del aire marcaron un hito tecnológico que está por cumplir su primer centenario:
- El Ford Trimotor: El coloso de hojalata
Apodado cariñosamente como el “Tin Goose” (Ganso de hojalata), el Ford Trimotor fue el verdadero pionero de la aviación comercial de pasajeros. Su revolucionaria estructura completamente metálica de aluminio corrugado y sus tres motores radiales le otorgaban una seguridad estructural inédita para la época.
Fue el transporte predilecto para conectar de forma regular y exclusiva los cielos de Los Ángeles y San Diego con el aeródromo de Agua Caliente, inaugurando el turismo de alta gama en la frontera mexicana.
- La dinastía Ryan: El “Spirit of St. Louis” y el “México-Excélsior”
Paralelamente, los talleres de la compañía Ryan Aeronautical en San Diego escribían páginas doradas en la historia de la aviación:
- Spirit of St. Louis: En mayo de 1927, mandado a construir por Charles Lindbergh, este avión monoplano de ala alta hizo historia mundial al completar el primer vuelo trasatlántico sin escalas en solitario, uniendo Nueva York y París.
- El México-Excélsior: Inspirado directamente por la hazaña de Lindbergh, el capitán de la Fuerza Aérea Mexicana, Emilio Carranza, conocido como el “Embajador del Aire”, comisionó su propio modelo Ryan B-1. Financiado en gran parte por una campaña nacional impulsada por el periódico Excélsior, Carranza utilizó esta aeronave en 1928 para romper récords de distancia.
Completó un vuelo histórico sin escalas desde San Diego hasta la Ciudad de México (18 horas y 31 minutos en el aire), antes de emprender su legendario vuelo de buena voluntad hacia Washington D.C.
- El milagro de Tijuana y el “Baja California 2”
La cúspide de este orgullo binacional ocurrió cuando el gobernador del territorio, Abelardo L. Rodríguez, adquirió maquinaria en San Diego para fundar la primera fábrica de aviones en Tijuana, instalada en un antiguo almacén de trigo. Allí se manufacturaron con mano de obra mexicana tres aeronaves históricas: el Baja California 1 (vigilancia), el Baja California 3 (carga) y el más glorioso de todos, el Baja California 2 (BC-2).
El BC-2 fue una aeronave destinada a vuelos protocolarios e internacionales de larga distancia. Pilotado por los grandes pioneros del aire, el avión despegó desde Tijuana para protagonizar extenuantes e históricos periplos cruzando los cielos de México, Centroamérica y el Caribe, aterrizando triunfalmente en lugares como La Habana, Cuba, en agosto de 1928.
El arte como puente de la memoria
A casi un siglo de aquellas hazañas, las estructuras físicas originales de los aeródromos y las naves se han desvanecido del paisaje urbano cotidiano, dejando un vacío documental en las nuevas generaciones. Es aquí donde la labor de Gushsan cobra una dimensión monumental e indispensable.
A través de sus pinceladas, sus esculturas de precisión y sus gestiones para recrear un corredor turístico-cultural —que pretende erigir una réplica de la icónica Torre Emilio Carranza circundada por los aviones históricos—, el artista busca resarcir esa deuda histórica.
Su participación en la Bienal de Colombia no es solo un triunfo individual, sino la internacionalización de un capítulo de soberanía, innovación y gloria tecnológica mexicana que se niega a ser borrado del mapa de la memoria.

