abril 16, 2026

La guerra de Ucrania expondrá las deficiencias de la economía real

La guerra de Ucrania expondrá las deficiencias de la economía real

MSIA Informa

Luego del inicio de la guerra en Ucrania, en febrero de 2022, Rusia comenzó a emplear en combate sus nuevos misiles hipersónicos de largo alcance en ataques que se caracterizaron por la enorme precisión con que se alcanzaban los blancos. Los especialistas militares occidentales afirmaron de inmediato que los ataque serían de corta duración, pues Rusia no disponía de un gran número de nuevas armas. Casi un año después, el arsenal ruso no parece estar cerca de agotarse. Por el contrario, entre las potencias de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que libran en Ucrania una guerra sustituta con Rusia, se observa cómo limpian la cazuela para encontrar algo en sus respectivos arsenales, que se están vaciando rápidamente para ser enviados en calidad de “ayuda” a Ucrania.

El gobierno de Estados Unidos llegó al extremo de pedir a los países latinoamericanos que cedieran equipos militares rusos antiguos a Ucrania. Y el canciller alemán Olaf Scholz, en su reciente visita a América del Sur, hizo el mismo pedido a Brasil y a Chile para que enviasen tanque Leopard I y sus respectivas municiones. Hasta ahora, todos se negaron.

Resulta irónica que la comparación que se hace comúnmente para justificar los pronósticos de una supuesta incapacidad rusa de sostener un conflicto prolongado con la OTAN, sea el producto interno bruto (PIB) ruso, no más grande que el de España. Sin embargo, lo que tales análisis dejan de lado es que la realidad de la economía física de un país no se puede medir tan sólo con un índice como el PIB, que no representa de ninguna forma su capacidad productiva, principalmente de su industria, de la que depende directamente su condición de librar y sostener conflictos armados. Esto es lo que Rusia está demostrando.

En una entrevista con el periódico francés Le Figaro, traducida a varios idiomas, el antropólogo francés Emmanuel Todd hizo una didáctica síntesis de la cuestión:

LF – Muchos observadores destacan que Rusia tiene el PIB de España. ¿No sobreestima su poder económico y su capacidad de recuperación?

ET – La guerra se convierte en una prueba de economía política, es el gran detector. El PIB de Rusia y de Bielorrusia representa el 3.3 por ciento del PIB occidental (Estados Unidos, la angloesfera, Europa, Japón y Corea del Sur), prácticamente nada. La cuestión es cómo ese PIB insignificante puede enfrentar y continuar produciendo misiles, La razón es que el PIB es una medida ficticia de la producción.

Si retiramos del PIB estadounidense la mitad de sus costos sobrefacturados en salud, después, la “riqueza producida” por las actividades de sus abogados, después, por toda una economía de servicios mal definida que incluye la “producción” de sus entre 15 mil y 20 mil economistas con un salario medio anual de 120.000 dólares, percibimos que la gran parte de ese PIB no es más que vapor de agua.

La guerra nos regresa a la economía real, permite comprender cual es la riqueza real de las naciones, la capacidad productiva y, por ello, la capacidad bélica. Cuando volvemos la vista a las variables materiales, vemos la economía rusa. En 2014 aplicamos las primeras sanciones importantes contra Rusia, pero, desde entonces, en 2020, aumentó su producción de granos de 40 a 90 millones de toneladas, mientras que, gracias al neoliberalismo, la producción de trigo estadounidense, entre 1980 y 2020, cayó de 80 a 40 millones de toneladas. Rusia también se convirtió en el principal exportador de plantas nucleares. En 2007, los estadounidenses explicaron que su adversario estratégico estaba en tal estado de declinación nuclear que luego sería posible el primer ataque nuclear contra una Rusia que lograría. Hoy, los rusos están en superioridad nuclear con sus misiles hipersónicos. Así que Rusia tiene una auténtica capacidad de adaptación.Cuando se quiere ridiculizar las economías centralizadas, se destaca su rigidez, mientras que cuando se defiende el capitalismo, se considera su flexibilidad. Bien, para que una economía sea flexible, evidentemente, es necesario el mercado de los mecanismos financieros y monetarios. Pero, antes que nada, es necesaria una población activa que pueda hacer las cosas.

Estados Unidos tiene ahora más del doble de la población de Rusia (2.2 veces en capas de edad estudiantil). La verdad es que en grupos comparables de jóvenes que cursan la enseñanza superior, en Estados Unidos, 7 por ciento estudian ingeniería, mientras que en Rusia son el 25 por ciento. Esto significa que con 2.2 veces menos personas estudiando, los rusos forman 30 por ciento más ingenieros. Estados Unidos llenan ese vacío con estudiantes extranjeros, pero estos vienen principalmente de India y más todavía de China.Este recurso de sustitución no es seguro y ya está disminuyendo. Este es el dilema fundamental de la economía estadounidense: sólo puede enfrentar la competencia con China importando mano de obra china calificada. Propongo, aquí, el concepto de equilibrio.La economía rusa, por su parte, aceptó las reglas de funcionamiento de mercado (inclusive, es una obsesión de Putin conservarlas), pero con un enorme papel del Estado. Y también conserva su flexibilidad en la formación de ingenieros para hacer ajustes, tanto industriales como militares.

LF – Muchos observadores consideran, al contrario, que Vladímir Putin explotó la renta de los productos básicos sin haber conseguido desarrollar su economía…

ET – Si fuese así, esta guerra no habría ocurrido. Una de las cosas sorprendentes al respecto de este conflicto, y eso lo hace tan incierto, es que levanta (así como cualquier guerra moderna) la cuestión del equilibrio entre la tecnología moderna y la producción en masa. No hay duda de que Estados Unidos posee algunas de las tecnologías militares más modernas, que en determinadas ocasiones fueron decisivas para los éxitos militares ucranianos. Sin embargo, cuando se entra en la duración, en una guerra de desgaste, no sólo cuentan los recursos humanos, sino también los recursos materiales, la capacidad de continuar depende de la producción de armas ligeras. Y deparamos, al mirar de vuelta por las ventanas, la cuestión de la globalización y el problema fundamental de los occidentales: transferimos tal proporción de nuestras actividades industriales que no sabemos si nuestra producción bélica puede continuar. El problema es admitido.

La CNN, el New York Times y el Pentágono se preguntan si Estados Unidos puede reiniciar las líneas de producción de este o aquel tipo de misiles. Sin embargo, no sabemos si los rusos serán capaces de mantener el ritmo de un conflicto de este tipo. El resultado y la solución de la guerra dependerá de la capacidad de los dos sistemas de producir armamentos.

En esencia, el conflicto de Ucrania está demostrando cabalmente la inadecuación de la decantada “financierización” de la economía promovida por la “globalización.”

La economía real de los países, no sólo para la guerra, sino principalmente para la paz, necesitan del regreso de los principios basilares que promueven y sustentan la capacidad productiva de las naciones, algo que nunca esta demás repetir y resaltar.

Foto: Defence-Imagery

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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