junio 19, 2026

La ‘hegemósfera’ atiza la III guerra mundial

La ‘hegemósfera’ atiza la III guerra mundial

MSIa Informa

El pasado 26 de abril, los ministros de Defensa de 42 países, número mayor que el de los participantes de la II guerra mundial, además del secretario general de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), se reunieron en la base aérea de Ramstein, Alemania, para “ayudar a Ucrania a vencer en la lucha contra la injustificada invasión de Rusia”, señaló el anfitrión de la reunión, el secretario de la Defensa estadounidense Lloyd Austin. Un resultado del encuentro fue la creación del Grupo Consultivo de Defensa de Ucrania, alianza de naciones entrelazadas a la hegemonía angloamericana, a la cual aplicamos el calificativo de hegemósfera.

En la reunión dirigiéndose al ministro de Defensa ucraniano, Oleksii Reznikov, Austin comparó la resistencia ucraniana a la lucha de los Aliados contra el nazifascismo: “Ustedes saben, la batalla de Iwo Jima duró 36 días. La batalla del Bolsón duró 40 días. Y, ahora, Ucrania ha rechazado a las fuerzas militares rusas por 62 días” (US Department of Defense, 24/04/2022).

Y prosiguió con una retórica propia de la Guerra fría:

Su resistencia ha dado inspiración al mundo libre, una determinación todavía más grande a la OTAN y a la gloria de Ucrania.

Para que no quedasen dudas sobre lo que está en juego, recalcó:

Putin nunca imaginó que el mundo se alinearía tras de Ucrania tan rápida y decididamente. La invasión rusa, resaltó, es una afrenta al orden internacional basado en reglas y un desafío a los pueblos libres de todas partes.

Como se sabe, la expresión “orden internacional basado en reglas” es un eufemismo usado y abusado por los grupos de poder estadounidenses para calificar su plan hegemónico unipolar, que hoy enfrenta la amenaza mortal de la aparición del marco cooperativo y no hegemónico establecido por China y Rusia en torno de la integración del eje euroasiático como nuevo centro de gravedad geopolítico-geoeconómico del planeta.

De la misma forma, el secretario, que cambió temporalmente un lucrativo cargo en la dirección de Raytheon por el mando del Pentágono, dejó claro lo que esperaba de los aliados:

Me gustaría que todo este grupo saliera hoy con el entendimiento común y transparente de los requisitos de seguridad a corto plazo de Ucrania.

Washington exige y da el ejemplo

Además de los 11 mil millones de dólares en equipo y servicios militares ya destinados a Kiev, el presidente Joe Biden firmó la reedición de la Ley de préstamo y arriendo de la Segunda guerra mundial para facilitar las remesas para Ucrania, y el Congreso aumentó de 33 a 40 mil millones de dólares el mega paquete de ayuda futura.

El monto de 51 mil millones de dólares sería suficiente para colocar a Ucrania entre los diez mayores presupuestos militares del planeta, pero hay dos peros:

  1. La mayor parte de ese dinero ni siquiera llegará Kiev, pues se destinará a las grandes empresas abastecedoras del “complejo de seguridad nacional” estadounidense (Lookheed Martin, Raytheo, General Dynamics, etc.), o será desviado por los oligarcas que dominan el gobierno del presidente Volodomyr Zelenski al lado de los grupos ultranacionalistas.
  2. Esa montaña de dólares no es una donación y tendrá que ser reembolsada por Ucrania, cuyo Producto Interno Bruto (PIB) en 22021 no pasó de los 165 mil millones de dólares y, con la economía arrasada por la guerra, tendrá dificultades gigantescas para pagar la deuda. Recuérdese que los soviéticos y los británicos pagaron por décadas los envíos del “Arsenal de la democracia” de la Segunda guerra mundial, aun con grandes descuentos.

Presentes en Ramstein estuvieron los representantes de los países nórdicos que acaban de confirmar su candidatura para ingresar a la OTAN, Suecia y Finlandia, que optaron por abandonar su neutralidad tradicional para unirse al último suspiro de la “hegemósfera”.

Dos días después de Ramstein, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, hizo pública la expectativa del comando “aliado”, al afirmar que la guerra “podría estancarse y continuar por meses o años”.

A esta altura, es evidente que el liderato ruso no exagera cuando afirma que está en marcha una virtual guerra mundial. Igual lo afirmó en Naciones Unidas el representante ruso, Vassily Nebenzia: Esta no es una guerra en Ucrania, al contrario de lo que ustedes dicen, es una guerra buscada por el Occidente colectivo contra la Federación Rusa. Es parecido a que ustedes estuviesen esperando ávidamente este momento para desencadenar la represión contra Rusia. Y si vamos a hablar de guerra mundial, sin duda, esta ya se está librando en el plano económico. (Sputniknews, 05/05/2022).

Nebenzia observó que algunos países han soñado desde hace tiempo en transformar a Ucrania en una cabeza de puente para la guerra contra Rusia, desde que el país se hizo independiente de la antigua Unión Soviética, en 1992.

Al referirse a las sanciones contra Rusia

El mismo canciller Serguéi Lavrov hizo ponderaciones semejantes: “El Occidente colectivo declaró una guerra híbrida total contra nosotros y es difícil prever cuanto tiempo duraría, pero está claro que todos, sin excepción, sentirán las consecuencias” (Anadolu Agency, 14/05/2022).

Según él, el mundo atraviesa por un momento decisivo, el cual determinará si habrá un orden mundial justo, democrático y policéntrico, o si consistirá en un pequeño grupo de países empeñados en imponer su voluntad a la comunidad internacional.

Sin medias tintas, afirmó: “Ahora, todos los países capaces de perseguir una política independiente están bajo ataque de Estados Unidos. Los que no estén de acuerdo serán castigados. Nosotros lucharemos”.

Lavrov dijo que esperaba que la OTAN extendiera sus ambiciones a la región Indo-Pacífico y que la línea de defensa siguiente, luego de la establecido en la Guerra fría a lo largo del Muro de Berlín, deberá situarse en la región del Mar del Sur de China.

Lamentó la opción europea: “La Unión Europea está perdiendo señales de independencia al sacrificar la calidad de vida y los intereses fundamentales de los europeos en favor de Estados Unidos y del orden mundial unipolar que están promoviendo”.

Con todo rigor, el alcance casi mundial de los esfuerzos de Washington y sus satrapías para consolidar su hegemonía unipolar en el periodo de la post Guerra fría, si no -todavía- ha resultado en un conflicto de grandes proporciones, sí ha estado marcado por una combinación de conflagraciones bélicas y de operaciones de guerra híbrida, la mayoría involucrando a la OTAN (hoy con 30 miembros). El récord se lo llevó la recién terminada guerra de dos décadas de Afganistán, que llegó a involucrar a nada menos que 50 países, aunque la mayoría en funciones de apoyo. La lista incluye también los conflictos de Yugoslavia (1999), Irak (2003), Libia y Siria (2011); Ucrania (2014).

La Federación Rusa, uno de los blancos primarios de esa estrategia hegemónica, luego de repetidas advertencias y pedidos de que sus intereses de seguridad fuesen respetados, decidió poner punto final a la provocaciones en dos momentos decisivos: en 2014, luego del golpe de Estados en Ucrania, con la readmisión de Crimea en la Federación Rusa y con el apoyo a las provincias separatista del Donbass; y en 2015, con la intervención militar en Siria, a pedido del gobierno de Damasco, lo que cambió el rumbo de lo que parecía ser la inminente captura del país por un ejército de mercenarios yijadistas respaldado por la OTAN y por las petromonarquías del golfo Pérsico.

La operación militar de Ucrania, desencadenada después del rechazo de todas las propuestas para establecer un acuerdo de seguridad mutua con las potencias occidentales y ante el inicio de un ataque de Kiev contra Donestk y Lugansk, y en medio de la ya inmensa guerra de sanciones económicas, constituye tan sólo la fase bélica más reciente -y más peligrosa- de este vasto conflicto aún sin nombre.

En esencia, la III guerra mundial ya comenzó, entre la hegemósfera y las fuerzas que respaldan la multipolaridad cooperativa -falta saber cuándo y cómo terminará.

Imagen: Comfreak

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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