julio 24, 2026

La III Guerra Mundial ya comenzó

La III Guerra Mundial ya comenzó

Muchos están hablando de la deriva de la humanidad en dirección a la Tercera Guerra Mundial, imaginando acontecimientos semejantes a los del siglo XX. Pero la guerra evoluciona. No habrá de comenzar con una invasión al estilo de la Operación Barbarossa, de junio de 1941, ni como un impasse nuclear al estilo de la Crisis de los misiles de Cuba de 1961. La verdad es que la nueva guerra mundial ya está en marcha -sólo que no todos la reconocen todavía-.

Dmitry Trenin*

Para Rusia, el periodo preguerra terminó en 2015. Para China, en 2016. Para Irán, en 2023. Desde entonces, la guerra -en su forma moderna y difusa- se ha vuelto más intensa. Esta no es una nueva Guerra fría. Desde 2022 la campaña de Occidente contra Rusia se hizo más decisiva. El peligro de un enfrentamiento nuclear directo con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a causa del conflicto en Ucrania está aumentando. El retorno de Donald Trump a la Casa Blanca creo una ventana temporal en la que el conflicto pudo evitarse, pero, a mediados de 2025, los halcones estadounidenses y de Europa Occidental nos empujan peligrosamente cerca de él nuevamente.

Esta guerra involucra a las principales potencias mundiales: Estados Unidos y sus aliados de un lado, y Rusia del otro. Es mundial, no por su escala, sino por que está en juego el futuro equilibrio de poder. Occidente ve el ascenso de China y el resurgimiento de Rusia como amenazas existenciales. Su contraofensiva, económica e ideológica, busca interrumpir ese cambio.

Es una guerra de supervivencia para Occidente, no sólo geopolítica, sino ideológicamente. El globalismo occidental -sea económico, político o cultural- no tolera otros modelos civilizatorios. Las élites postnacionales en Estados Unidos y en Europa Occidental se han comprometido a preservar su dominio. La diversidad de visiones de mundo, la autonomía civilizatoria y la soberanía nacional se ven, no como opciones, sino como amenazas.

Eso explica la severidad de la respuesta de Occidente. Cuando Joe Biden dijo al presidente brasileño Lula da Silva que quería “destruir” a Rusia, reveló la verdad detrás de eufemismos como la “derrota estratégica.” Israel, respaldado por Occidente, demostró cuan total es esa doctrina -primero en Gaza, después en Líbano y, finalmente, en Irán. A principios de junio, una estrategia semejante se usó en los ataques a las bases aéreas rusas.

Los relatos indican la intervención de Estados Unidos y del Reino Unido en ambos casos. Para los planificadores occidentales, Rusia, Irán, China y Corea del Norte son parte de un eje único. Esta creencia le da forma a la planeación militar. El compromiso no forma parte del juego. Lo que estamos presenciando no son crisis temporales, sino conflictos continuos. Europa Occidental y el Medio Oriente son los dos puntos críticos actuales. El tercero fue identificado ya desde hace mucho tiempo: el Este asiático, en particular Taiwán. Rusia está directamente involucrada en Ucrania, tiene intereses en Oriente Medio y puede enredarse en el Pacífico.

La guerra ya no es ocupación, sino desestabilización

La nueva estrategia se concentra en sembrar el desorden interno: sabotaje económico, agitación social y desgaste psicológico. El plan de Occidente para Rusia no es la derrota en el campo de batalla, sino el gradual colapso interno.

Sus tácticas son amplias. Los ataques con drones apuntan a la infraestructura y a las instalaciones nucleares. Los asesinatos políticos ya no están prohibidos. Periodistas, negociadores, científicos y hasta sus familias son cazados. Esta es una guerra total.

Esto parte de la deshumanización. Los rusos se pintan no sólo como enemigos, sino como subhumanos. Las sociedades occidentales son manipuladas para aceptar ese concepto. El control de la información, la censura y el revisionismo histórico se usan para justificar la guerra. Los que cuestionan la narrativa dominante son calificados de traidores.

Al respecto de esto, Occidente explota los sistemas más abiertos de sus adversarios. Luego de negarse a interferir durante décadas, Rusia se encuentra ahora a la defensiva. Pero estos días tienen que acabar. Mientras nuestros enemigos coordinan sus ataques, debemos romper su unidad. La Unión Europa no es un monolito. Hungría y Eslovaquia y gran parte del Sur de Europa no esperan ansiosos la escalada. Esas fracturas internas se tienen que ampliar.

La fuerza occidental reside en la unidad de sus élites y en el dominio ideológico sobre sus poblaciones. Pero esa unidad no es inquebrantable. El gobierno de Trump presenta oportunidades tácticas. Su regreso ya redujo la participación de Estados Unidos en Ucrania., Sin embargo, no hay que romantizar el trumpismo. La élite estadounidense permanece ampliamente hostil a Rusia. No habrá una nueva distensión.

La guerra de Ucrania se está convirtiendo en una guerra entre Europa Occidental y Rusia

Los misiles británicos y franceses ya están golpeando blancos rusos. El espionaje de la OTAN está insertado en las operaciones ucranianas. Los países de la Unión Europea están entrenando a las fuerzas ucranianas y planean ataques en conjunto. Ucrania no es más que una herramienta. Bruselas se está preparando para una guerra más amplia.

Lo que debemos preguntar es: ¿Europa Occidental se está preparando para defender o para atacar? Muchos de sus líderes perdieron el descernimiento estratégico. Pero la hostilidad es real. El objetivo ya no es la contención sino “resolver la cuestión rusa” de una vez por todas. Cualquier ilusión de que los negocios volverán a ser iguales se debe descartar. Estemos listos a enfrentar una guerra larga. Ella no terminará como en 1945, si se acomodará en la coexistencia de la Guerra fría. Las décadas por venir serán turbulentas. Rusia debe luchar por su lugar de derecho en el nuevo orden mundial,

Entonces, ¿Qué debemos hacer?

En primer lugar, necesitamos fortalecer nuestro frente interno. Necesitamos una movilización, pero no de los modelos rígidos del pasado soviético. Necesitamos una movilización inteligente y adaptable en todos los sectores -económico, tecnológico y demográfico-. El liderato político de Rusia es un activo estratégico. Debe permanecer firme y visionario.

Debemos promover la unidad interna, la justicia social y el patriotismo. Cada ciudadano debe sentir lo que está en juego. Debemos alinear nuestra política fiscal industrial y tecnológica con las realidades de una guerra a largo plazo, La política de fertilidad y de control migratorio deben revertir nuestro declive demográfico.

En segundo lugar, debemos consolidar nuestras alianzas externas. Bielorrusia es una fuerte alada en Occidente, Corea del Norte demostró confiabilidad en Oriente. Pero nos falta un socio semejante en el Sur. Esa laguna tiene que abordarse. La guerra entre Israel e Irán ofrece lecciones importantes. Nuestros adversarios se coordinan estrechamente. Debemos hacer lo mismo. No copiando a la OTAN, sino forjando nuestro propio modelo de cooperación estratégica.

Hay que obligar a potencias europeas como Gran Bretaña, Francia y Alemania a entender que son vulnerables. Sus capitales no están inmunes. El mismo mensaje tiene que llegar a Finlandia, a Polonia y a los países bálticos. Hay que enfrentar las provocaciones de forma rápida y decisiva.

Si la escalada fuese inevitable, debemos considerar medidas preventivas -primeramente, con armas convencionales-. Y, de ser necesario, debemos estar listos para usar “medios especiales,” en particular las armas nucleares, con plena conciencia de las consecuencias. La disuasión debe ser pasiva y activa.

Nuestro error en Ucrania fue esperar de más. La demora creó la ilusión de debilidad. Eso no se debe repetir. La victoria significa quebrar los planes del enemigo, no ocupar territorio.

Finalmente, debemos penetrar el escudo de información de Occidente. El campo de batalla ahora incluye narrativas, alianzas y la opinión pública. Rusia debe aprender nuevamente a involucrarse en la política interna de los otros, no como agresora, sino como defensora de la verdad.

El momento para ilusiones llegó a su fin. Estamos en una guerra mundial. El único camino para adelante es por medio de actos osados y estratégicos.

*Profesor de la Escuela Superior de Economía e investigador sénior del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales de Moscú: fue investigador sénior en el Colegio de Guerra de la OTAN (Roma) y director del Carnegie Moscow Center. El artículo fue publicado originalmente en el sitio RT.

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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