Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma* El continuo aumento de las tasas de interés por la Reserva Federal de los EUA, seguida de cerca por el Banco Central Europeo (BCE), está generando consecuencias catastróficas, especialmente en los países en desarrollo, llevando a los capitales a fugarse de estos países y desvalorizando sus monedas en relación con el dólar estadounidense. La obvia consecuencia es el aumento de los precios de las “commodities”, del costo de las importaciones, e incluso de los bienes de subsistencia. Además de todo, el enorme crecimiento del costo de las deudas los volvió incapaces de cumplir el pago de intereses. Se agrega una situación específica de China. Además de los efectos de la pandemia de Covid-19, las sanciones impuestas a Pekín afectan no solamente a China, sino también a los países ligados a su “cadena de suministros”. Las mercancías chinas mandadas hacia el resto del mundo no se producen exclusivamente en China, sino particularmente en los países asiáticos y africanos y son parte de sus cadenas productivas. El estudio “Panorama Económico Mundial” del Fondo Monetario Internacional (FMI), divulgado en enero pasado, estima que el 15% de los países de ingresos bajos tiene problemas de endeudamiento, mientras otros 45% están en alto riesgo de incumplimiento y 25% de las economías emergentes también pasan por problemas de endeudamiento.
El último informe del Banco Mundial apunta que, a finales de 2024, el Producto Interno Bruto (PIB) de los países emergentes y en desarrollo permanecería 6% abajo del registrado antes de la pandemia. Para ellos, se espera un largo período de crecientes deudas y pocas inversiones. Los capitales, de hecho, serán absorbidos por las economías avanzadas, afectadas, por tasas de interés y deudas elevadas. Para 37 países pobres, la situación será mucho peor. En África Subsahariana, se estima un aumento en la tasa de pobreza absoluta para el bienio 2023-24.

El verdadero problema, principalmente para nosotros, los occidentales
Es que las iniciativas puramente geopolíticas sean tomadas considerándose solamente asuntos de seguridad y de poderío militar, muchas veces, sin evaluar sus consecuencias económicas y sociales en otras partes del mundo. Los efectos impactan países geográficamente distantes, pero después reverberan en nuestra casa. Normalmente, cuando los gobiernos son forzados a recortar presupuestos, ellos recortan gastos sociales. Esto genera inestabilidad política y revueltas populares. Globalmente, enfrentamos situaciones peores de las vividas en la primera década de este siglo, cuando la especulación alimentaria mezcló la inflación con la llamada “Primavera Árabe”. Líbano, por ejemplo, según el Banco Mundial describe, enfrenta “una de las más graves crisis globales desde mediados del siglo XIX”. Desde 2019, la libra libanesa perdió 98% de su valor. En Irak, explotan protestas en Bagdad, debido al colapso de la moneda local, el dinar. La libra egipcia perdió la mitad de su valor en un año, debido a la inflación de los precios. El año pasado, Sri Lanka, a mitad de una agitación social, se volvió insolvente por primera vez en su historia y las autoridades locales aumentaron el precio de la electricidad en un 66%, en un intento de garantizar un paquete de rescate del FMI. Pakistán enfrenta su peor crisis económica, con escasez de gas y energía y una elevación de precios. En Argentina, la inflación volvió a llegar a casi 100% anual.
Tasas de interés e inflación altas constituyen una mezcla explosiva. El caso de Argentina es emblemático, donde, en un año, la tasa de interés del Banco Central se disparó del 35% hasta el 75%. Así, lo que al inicio de 2022 representaba una pensión media mensual de 450 dólares cayó hasta 150 dólares. El aumento de la tasa de interés de “Fed” llevó también al Banco Central de Brasil a llevarla del 10.7% hasta los actuales 13.75%. En México, la tasa de interés casi se duplicó, del 6% hasta el 11.25%. En Nigeria, aumentó del 11.5% hasta un 17.5%, con una inflación de 22%.
El mundo está pagando un precio muy alto. Las causas, a nuestro parecer, son el consentimiento de Fed ante una agresiva finanza, sus errores de evaluación y falta de intervención. Podría suceder que, así como su ceguera demostrada en la víspera de la gran crisis financiera de 2008, hoy, hasta el último minuto, el banco central estadounidense repita el mantra de que la inflación es “transitoria”. Todo es transitorio, pero el problema es la duración de la transición y sus consecuencias. En Europa, no hay necesidad de quedarse tranquilo. El BCE siempre demostró su “extraordinaria independencia”, pero repitiendo los mismos errores de Fed algunos meses después.
*MSIA Informa

