mayo 31, 2026

La tradición olvidada: De Salamanca a Roma

La tradición olvidada: De Salamanca a Roma

Al pretender una identificación entre liberalismo económico y catolicismo, ha sido frecuente olvidar el inmenso tesoro de la tradición intelectual cristiana, que es la Escolástica tardía. Especialmente la Escuela de Salamanca (siglos XVI-XVII) – que ofrece una base intelectual católica profunda para criticar el capitalismo liberal contemporáneo, porque enseña que el ser humano es naturalmente social (homo est naturaliter politicus, id est, socialis) y que la propiedad privada, el comercio y la riqueza deben ordenarse siempre al bien común y a la justicia, al contrario del homo oeconomicus del capitalismo.

Pablo Sanz Bayón*

Resulta intelectualmente deshonesto el intento de ciertos sectores de las escuelas liberales por trazar una continuidad directa con la Escuela de Salamanca y la escolástica española, cuando en realidad sus fundamentos antropológicos y culturales divergen de forma radical. Mientras los escolásticos hispánicos partían de una concepción teleológica del ser humano, inserta en un orden moral objetivo y comunitario, el liberalismo moderno adopta una visión individualista, contractualista y utilitarista que quiebra ese marco metafísico. Pretender una filiación directa entre ambas tradiciones no solo distorsiona la historia del pensamiento, sino que encubre un vaciamiento de las raíces cristianas que dieron sustancia al pensamiento salmantino, sustituyéndolas por categorías propias del racionalismo secular y del mercado como principio ordenador absoluto. Son dos modernidades diferentes y en gran medida antagónicas.

La tradición escolástica salmantina ya intuía principios que siglos más tarde la DSI formularía en términos de subsidiariedad: las estructuras sociales (familia, gremios, municipios) deben ser protegidas frente a la invasión tanto del Estado como del mercado desregulado. Cada nivel de la sociedad debe tener su autonomía y su responsabilidad, lo cual se opone al economicismo liberal que tiende a erosionar los cuerpos intermedios. Para sus miembros, la justicia en las relaciones económicas no era fruto de la competencia, sino de la virtud, la equidad y el respeto al derecho natural. La defensa absoluta de la libre competencia, sin referencia moral, habría sido para ellos una aberración.

La Escuela de Salamanca, por ejemplo, reconoce que el precio justo tiene un componente de consenso social (communis aestimatio), pero siempre bajo el criterio objetivo del bien común y la equidad natural, no bajo un subjetivismo arbitrario o voluntarista. La idea de que el valor depende exclusivamente de la utilidad subjetiva (como postula el marginalismo económico) sería incompatible con su concepción objetiva del bien y de la justicia. Luis de Molina advierte que la acumulación de riquezas sin fin atenta contra la virtud moral y la cohesión social.

En síntesis, la tradición hispánica fue durante un tiempo la modernidad católica, aunque terminara derrotada por el imperialismo británico y la modernidad anglo-holandesa, y por tanto de matriz protestante (luterano-calvinista), que es la que ha forjado la ideología liberal actual y el sistema capitalista contemporáneo. El magisterio romano no es liberal ni capitalista porque enseña que la economía debe ser un instrumento subordinado a los principios de justicia, caridad y bien común, no un fin en sí misma.

Myriams-Fotos

Conclusión

El intento de instrumentalizar la Doctrina Social de la Iglesia para legitimar las tesis del liberalismo económico —sea en su versión austríaca, de Chicago o de otra cualquiera— es, en el mejor de los casos, un malentendido y, en el peor, una manipulación ideológica.

El catolicismo social no es una defensa del mercado absoluto ni del Estado totalitario, sino una llamada exigente a construir un orden social fundado en la verdad humana como ser relacional, moral y trascendente. La Iglesia, fiel a su misión, sigue recordándonos que la economía, como toda obra humana, debe ser juzgada a la luz de la dignidad de la persona y del bien común, y no al revés.

2000 años de historia de la Iglesia relacionándose con poderes temporales, monarcas, gobiernos, revoluciones de distinto tipo, patronales y sindicatos, movimientos populares, avalan una doctrina ecuánime, ponderada, razonable, prudencial. La Iglesia lleva más de un siglo y medio denunciando y condenando el marxismo-socialismo, pero también el liberalismo-capitalismo, con fundamento en su magisterio y experiencia bimilenar.

La DSI, en su coherencia interna y en su desarrollo histórico, se alza como un testimonio lúcido contra los errores tanto del marxismo como del liberalismo-capitalismo. Ambos sistemas son criticados no sólo por sus consecuencias económicas, sino, más radicalmente, por sus defectos en la comprensión antropológica y social.

Frente a la manipulación ideológica de ciertos sectores que buscan distorsionar el magisterio eclesial para justificar el orden económico vigente, es deber de los cristianos -y de todas las personas de buena voluntad- volver a las fuentes auténticas de la DSI y asumir, con valentía y profundidad, su llamada exigente a construir una sociedad verdaderamente humana.

*Sitio Frontiere/MSIA 

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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