La incapacidad del PRI para arbitrar sus disputas internas condena el futuro de Sinaloa; la implosión tricolor que le pavimenta el camino a Morena.
Juan Manuel Acuña Salomón
Lejos de vislumbrarse una buena propuesta de la oposición para sacar a Morena del estado, las cosas están empeorando: Nada para nadie. Al contrario, los ataques intestinos en el PRI están arreciando y lo más triste es que lo peor está por venir.
En ese partido, el árbitro, el contacto directo que tiene la cúpula nacional y el responsable de dar buenas cuentas y parar esas luchas intestinas es el delegado nacional, Roberto Padilla. Hace unos días tuve la oportunidad de intercambiar ideas con él sobre la política en Sinaloa: Una buena charla donde me dio su versión de cómo ve las cosas en el estado, de su trabajo hacia el interior del PRI y de la labor realizada de cara a las elecciones del 2027.
En algunas cosas coincidimos y en otras no. Pienso que es una persona bien intencionada y que desea hacer bien su trabajo. A veces es bueno que alguien de afuera, con otra visión, aporte sus ideas y su esfuerzo; sin embargo, la burbuja de su partido lo copta y desvirtúa su trabajo. Cuando le platiqué de esto, me comentó que entre sus funciones está platicar no solo con los miembros del comité estatal, sino con todos los priistas del estado y con personajes externos.
Difícil y duro trabajo le espera. De entrada, en una entrevista comentó que es válido levantar la mano, pero ahorita el tema es preservar la unidad y la cohesión interna del PRI. Mencionó que Alejandro Moreno está muy informado de lo que sucede en Sinaloa y que, por su conducto, está haciendo un llamado a mantener la serenidad y la prudencia para no hacerle el trabajo sucio al adversario.
Con base en lo expuesto por el delegado, según mi opinión, bastante preocupados están por el rumbo que se está perfilando al interior de este partido. De no pararlo, terminará en una cena de negros, con consecuencias negativas para toda la oposición. Si no pueden controlar a su gente, menos serán capaces de lograr un buen acuerdo con los demás partidos políticos de oposición.

Los únicos perdedores somos los sinaloenses
¿Y cómo parar a sus aspirantes si se están dando con todo? Me refiero a Paloma Sánchez, con todo el supuesto apoyo de “Alito” y sus declaraciones desde la comodidad de sus oficinas y su casa en la Ciudad de México —a veces en sus visitas de fin de semana a Sinaloa—, cobijada por toda la estructura del comité estatal. Y a un Mario Zamora que no se queda atrás en sus declaraciones, manteniendo su posicionamiento territorial a pesar del poco apoyo de su partido.
En la fotografía actual, el pronóstico es fatal. Todo indica que esta pugna interna va a arreciar, algo nada deseable, y que la tan famosa alianza no se llevará a cabo. El choque abierto entre liderazgos, lejos de traducirse en una competencia democrática interna sana, refleja una implosión de pronóstico reservado. Y cuando hablo de liderazgos, también me refiero a Paola Gárate, quien ha sido ninguneada al interior del PRI cuando, hasta donde tengo información, sigue siendo priista.
Si un partido con la historia y presencia territorial del PRI en Sinaloa es incapaz de arbitrar sus propias diferencias internas con madurez, resulta ingenuo pensar que tendrá la estatura política para encabezar una gran mesa de acuerdos con el PAN, el PAS, Movimiento Ciudadano o las expresiones de la sociedad civil organizada.
En lo personal, como sinaloense me duele
Los sinaloenses no merecemos esto… o quizás sí, ya que si no somos capaces como sociedad civil de poner un hasta aquí y seguimos siendo complacientes con esta clase política, bien merecido nos lo tenemos y solo queda seguir padeciendo esta crisis de seguridad y económica sin chistar.
Y como dice la frase: Lástima Margarito… o mejor dicho, lástima Alito, quien es el menos preocupado por la situación de Sinaloa y —por qué no decirlo en palabras más duras— le vale madre Sinaloa.

