En 2009, un experimento demostró que los seres humanos emitimos luz, pero no luz en los espectros infrarrojo o ultravioleta, sino luz visible.
Científicos de la Universidad de Kioto, en Japón, emplearon cámaras mil veces más sensibles a la luz que el ojo humano, mismas que en la oscuridad absoluta, captaron que la piel y los órganos literalmente brillaban.
El experimento se amplió a numerosos seres vivos y comprobó que todos emiten luz. La ciencia, ante la imposibilidad de explicar la revelación, especuló que se debía a las reacciones bioquímicas que implican a los radicales libres, sin embargo, esta teoría no fue probada.

