El mundial de Qatar de ninguna manera pasará desapercibido en la historia de la justa deportiva. No sólo por su ubicación geográfica -y sus condiciones climáticas, que obligaron a modificar las fechas-; por su monarquía absoluta, y por su religión, el islam.
También será recordado por la enorme riqueza de este emirato de 11,581 km2, localizado en la península arábiga, donde su capital es la espectacular ciudad de Doha, la cual cuenta con una población de 2.3 millones de habitantes.
Según listado de Global Finance, que se basa en el PIB per cápita, Qatar es el cuarto país más rico del planeta, con US$ 112.789 por habitante, detrás de Luxemburgo, Singapur e Irlanda.

La prosperidad económica de Qatar
Es producto de la extracción y exportación del llamado oro negro, el petróleo, descubierto en 1939 y producido por primera vez en 1949, y del gas natural, pues un reporte del Banco Mundial, refiere que este emirato posee las mayores reservas del orbe.
Así como Qatar exporta petróleo y gas en sus diferentes formas y con sus derivados; importa equipos de transporte, bienes manufacturados, alimentos y animales vivos.
Durante la última década, Qatar ha estado dentro de las naciones más ricas del planeta, con una arquitectura ultramoderna, centros comerciales de lujo y excelente gastronomía. Pero antes de la Segunda Guerra Mundial no existía tal bonanza, la población se dedicaba a la extracción de perlas, a la pesca y a las actividades comerciales y, como colonia británica, era una de las más pobres del orbe.
Hoy día, el Banco Central Qatarí administra los recursos estatales y emite la moneda nacional, el Riyal Qatarí. El país se da el lujo de otorgar préstamos a países en apuros, principalmente a sus vecinos del Golfo y otras naciones árabes.


