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No cualquier día alguien del calibre de Richard Haass, que acaba de cerrar dos décadas en la presidencia del influyente Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) de Nueva York, hace juicios tan directos en el país que casi 10 entre 10 miembros del “Establishment” lo reverencian “excepcional” y destinado a guiar los destinos de la humanidad de acuerdo con sus conveniencias
Él afirma que, por primera vez, las amenazas internas superan a las externas y Estados Unidos se convirtió en el mayor peligro para la seguridad mundial. Sin rodeos Haass lo afirmó al periodista Peter Baker del New York Times (01-07-2023).
(El mayor peligro) somos nosotros. Nuestra situación política interna no sólo es algo que otros no quieren imitar, pero también pienso que introdujo una imprevisibilidad y una falta de confiabilidad que es realmente venenosa; para la capacidad de Estados Unidos de funcionar con éxito en el mundo, quiero decir, eso dificulta bastante que nuestros amigos dependan de nosotros, afirmó.
En su evaluación, el momento actual es todavía peor que en 1968
Año marcado por los asesinatos de Matin Luther King, Robert Kennedy y Malcom X, manifestaciones contra la guerra de Vietnam y la exigencia de los derechos civiles:
Aquellas no fueron amenazas para el sistema, tan estructurado. Es por ello que pienso que este momento es más significativo.
Sobre la democracia estadounidense, él afirmó tiene que remodelarse y, ahora, se convirtió en una preocupación de seguridad nacional. Para contribuir al esfuerzo, acaba de dar a conocer el libro La carta de obligaciones: Los diez hábitos de los buenos ciudadanos (The Bill of Obligations: Theten Habits of Good Citizens, Penguin Press, 2023), en el que delinea los caminos para que los estadounidenses puedan ayudar a curar a su propia sociedad.
Mi trayectoria cambió. Este nuevo libro no es algo que haya previsto que escribiría hace cinco o diez años, pero pienso realmente que es casi la remodelación de la democracia estadounidense, afirma.
A pesar de sus temores, Haass sostiene que no es pesimista:
Cuando salgo por ahí para hablar de este asunto, la gente sabe que hay algo equivocado con la democracia estadounidense. Saben que se está descarrilando. Podemos no estar de acuerdo necesariamente sobre como repararla. Pero hay una apertura real a las conversaciones. Para reforzar el mensaje, Haass publicó un artículo en Project Syndicate (21/06/2023), en el que menciona las reacciones mundiales, en especial de la entonces Unión Soviética y de China, a las actitudes de Estados Unidos ante la invasión de Kuwait del Irak de Saddam Hussein y, ahora, a la invasión de Ucrania realizada por Rusia:
Aquella vez, el mundo se movilizó contra la agresión. Ahora no. Por una u otra razón, muchos países son reluctantes a oponerse a Rusia. India le compra sus armas y su petróleo, tal como hacen otros. Además, la capacidad de Estados Unidos de movilizar el mundo está muy disminuida, en una medida nada despreciable porque el respeto a Estados Unidos también ha menguado, debido a sus divisiones internas y por la irradiada oposición mundial a las intervenciones estadounidenses en Irak, en 2003, y en Libia, en 2011. El gobierno del presidente Joe Biden no ayudó con la insistencia a encajonar la guerra (de Ucrania) entre la democracia y el autoritarismo…
¿Qué, entonces, sacamos de esas diferencias?
La geopolítica y la rivalidad de las grandes potencias, común a lo largo de la Historia, están de vuelta, así como los conflictos armados entre países. El respiro que siguió a la Guerra fría, el día de descanso de la Historia, terminó.
Estados Unidos sigue siendo el primero entre iguales (o desiguales, para ser más preciso), pero esto no debe confundirse con nada que parezca hegemonía. Las ventajas disfrutadas por Estados Unidos en 1990 desaparecerán, mientras que otros obtendrán un poder más grande.
Y lo más importante, la laguna entre las respuestas del mundo a las agresiones, entonces y ahora, es una sobria advertencia de que el sistema internacional se deterioró. El mundo quedó más dividido, exactamente cuando la necesidad de unidad se necesita más que nunca para enfrentar los desafíos comunes como las enfermedades infecciosas, el cambio climático y las tecnologías emergentes, como la inteligencia artificial.
Desde su creación en 1921
El CFR de Nueva York ha sido el principal centro de discusiones y de formación de consensos sobre la política exterior de Estados Unidos, al grado que casi invariablemente terminan convirtiéndose en directrices políticas para los gobiernos de Washington.
Creado a la par del Instituto Real para Asuntos Internacionales (RIIA) británico, más conocido como Chatham House, luego del fin de la Primera guerra mundial, en su existencia centenaria, el CFR ha sido el símbolo mismo del poderío económico y militar que sirvió de cimientos de Estados Unidos luego de la Segunda guerra mundial.
Así es de grande el hecho de que su presidente más longevo cierre su trayectoria con una grave advertencia:
La hegemonía de Estados Unidos llegó a su fin y el país es hoy la fuente más grande de inestabilidad mundial.
De manera que las advertencias y los lamentos de Haass suenan cual canto del cisne de la hegemonía y del excepcionalismo estadounidense que ya se puede sentir en lontananza.

