Silvia Palacios y Lorenzo Carrasco*
William Barr en su columna semanal del Wall Street Journal del 2 de marzo, propuso detener la epidemia del consumo galopante de fentanilo en los EUA a través de una invasión militar para combatir a los carteles del narcotráfico dentro del territorio mexicano (¡sic!), comparándolos con las hordas del Estado Islámico (ISIS).
Declaraciones de este tipo podrían parecer alucinaciones periodísticas causadas por el uso del producto que dice combatir, pero se trata de un individuo que ha ocupado varios puestos gubernamentales de alto nivel siempre vinculados con la rama de la seguridad, siendo Procurador General de Justicia, aunque esto no le quita sus posibles adicciones, ni contribuyó a frenar la drogadicción en su país.
Estas organizaciones paramilitares utilizan tácticas de soborno y terror para atrincherarse esencialmente como estados dentro del estado, controlando grandes áreas de México, escribió el exfuncionario y añade:
Los cárteles mexicanos han florecido porque las administraciones mexicanas no han estado dispuestas a enfrentarse a ellos. La excepción fue el presidente Felipe Calderón (2006-2012), que quería ir a todas contra los cárteles, pero las prioridades estadounidenses estaban en otra parte en ese momento.
Hoy, el principal facilitador de los cárteles es el presidente Andrés Manuel López Obrador. En realidad, AMLO no está dispuesto a tomar medidas que desafíen seriamente a los cárteles. Los protege invocando constantemente la soberanía de México para impedir que Estados Unidos tome medidas efectivas, asevera.
Barr no está solo en sus elucubraciones intervencionistas
Que ya contagiaron, hasta ahora, a los congresistas Dan Crenshaw y Michael Waltz, quienes presentaron en febrero último una iniciativa para que el Ejército de EUA combata a los carteles de la droga en territorio mexicano.
Además, el Senador Lindsey Graham (R-S.C), el día 6 de marzo declaró que presentaría una ley que “prepare el escenario” para una intervención militar en México, argumentando que ya es hora de “endurecerse” con el vecino; tal agresividad fue en respuesta a que cuatro ciudadanos norteamericanos fueron secuestrados y dos de ellos muertos por hombres armados la semana pasada en el estado norteño de Tamaulipas, uno de los centros controlados por el narcotráfico. (The Hill, 7 de marzo de 2023).
Las intervenciones militares de los EUA en el combate contra las drogas constantemente han tenido un efecto contrario siendo causal en el fomento de grupos narcoterroristas, desde el Al Qaeda en Afganistán hasta el Estado Islámico en Irak y Siria, (país donde el US Army permanece hasta hoy y protege el robo de petróleo y granos efectuado por milicias Kurdas que combaten el gobierno de Damasco).
El señor Barr
Debía recordar que más de 15 mil miembros del servicio militar de los EUA tuvieron que ser hospitalizados por problemas de sobredosis de drogas ilícitas en los últimos 5 años, habiendo fallecido 332, según el propio Pentágono admitió en audiencias en el Congreso.
Además, fue solo la intervención efectiva militar de Rusia que derroto al ISIS en Siria. Creemos que sería preferible y profiláctico mantener las tropas en casa y bien vigiladas.
Barr, y las autoridades, debían reconocer que su país tiene una sociedad enferma. Así lo corrobora la estadística que informa que más de 100 mil norteamericanos murieron de sobredosis en 2022 y dos terceras partes por el uso de fentanilo. Es decir, 182 muertes diarias.
Un pasado complicado
Dos años atrás, en diciembre de 2020, en el momento en que en México se debatía la Nueva Ley de Seguridad Nacional, el entonces Procurador General de Estados Unidos, William Barr, poco antes de dejar el puesto, metió sus narices.
En un inusitado comunicado de prensa emitido por su oficina el 11 de diciembre, cuando el proyecto de ley aún estaba en discusión, afirmó:
Nos preocupa que la legislación que se está tramitando en el Congreso Nacional, haga que la cooperación entre nuestros países sea más difícil. Y con énfasis, agregó, La aprobación de esta legislación solo puede beneficiar a las violentas organizaciones criminales trasnacionales, y otros criminales contra los que estamos luchando conjuntamente.
Barr tiene una larga historia en las operaciones secretas del aparato de seguridad estadounidense desde por lo menos 1989, cuando ocupó, por primera vez, un puesto en la Procuraduría General, en la presidencia de George H. Bush (1989-1993).
En la época, él era el jefe de la Oficina de Asesoría Jurídica y adjunto del Procurador General, Richard Thornburgh, autor intelectual de un principio intervencionista que justificaba la detención de dirigentes extranjeros sin autorización de los respectivos estados, en violación abierta de todos los principios de soberanía y no intervención que rigen el Derecho internacional, el cual quedó conocido como la “Doctrina Thornburgh”.

Es útil recordar que el arresto del general mexicano Salvador Cienfuegos en el aeropuerto de los Ángeles en octubre 2020, aconteció bajo ese principio de supranacionalidad que se estableció en el nacimiento del Nuevo Orden Mundial proclamado por el presidente George Herberth Bush a partir de la invasión de Panamá, en diciembre de 1989, y la Guerra del Golfo contra Irak entre agosto de 1990 y febrero de 1991.
Con ese principio intervencionista, el gobierno de Bush (padre) justificó la orden de arresto contra el presidente de Panamá, Manuel Antonio Noriega.
De 1991 a 1993, Barr fue Procurador General con el presidente Bush padre, período en el cual asesoró al presidente para conceder el indulto de algunos funcionarios involucrados en las operaciones secretas del denominado, Irán-Contras; esta fue una compleja maniobra clandestina, auspiciada por la CIA y la DEA que facilitaba el intercambio de drogas ilícitas por armas, realizada por el cartel de Guadalajara entre 1985 y 1986 durante el gobierno del presidente Ronald Reagan.
Entre los 6 funcionarios perdonados estaban el ex secretario de Defensa, Caspar Weinberger, el ex Asesor de Asuntos Estratégicos, Robert C. McFarland y el neoconservador Elliot Abrams, ex Sub Secretario de Estado para Asuntos Interamericanos. (https://pt.wikipedia.org/wiki/William_Barr)
La investigación de la operación Irán-contras mostró una manera muy peculiar del financiamiento de las actividades de un gobierno paralelo con capacidad para burlar cualquier supervisión del Capitolio. En síntesis, era un intercambio de drogas por armas para favorecer a un país como Irán (sometido a un embargo desde 1979), y a cambio financiar el movimiento insurgente de los Contras que buscaba derrocar el régimen Sandinista en Nicaragua. Toda esa intrincada estructura comenzó a ser construida durante el gobierno de Ronald Reagan teniendo en el mando al vicepresidente George Bush, quien había fungido como director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). El propio William Barr, fue reclutado a la CIA desde sus tiempos estudiantiles entre 1971 y 1977.
Verdades inconvenientes del combate al narcotráfico
El servicio de información Infobae, en un boletín del 5 de marzo de 2020, publicó un reportaje sobre uno de los episodios más dramáticos de la zona de sombras entre la lucha contra el narcotráfico y las actividades clandestinas y las agencias estadounidenses: El asesinato en México del agente de la DEA, Enrique Kiki Camarena.
De acuerdo con la nota, Después de 35 años del asesinato del agente de la DEA, Enrique ‘Kiki’ Camarena, el diario estadounidense USA Today aseguró en un artículo escrito por Brad Heath, que las autoridades norteamericanas están investigando nuevas pruebas que señalan que el agente fue traicionado por un oficial de la DEA y un agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su sigla en inglés) coludidos con el narco.” De acuerdo con las palabras de Brad, “fue entonces que las autoridades federales volvieron a investigar a los testigos quienes señalaron que funcionarios estadounidenses recurrieron a algunos integrantes del Cártel de Guadalajara para ayudar a armar y equipar ilegalmente a rebeldes que luchaban contra el gobierno sandinista en Nicaragua, caso que se conoció como el ‘Irán-contra’.
El reportaje prosigue, “El resultado fue una mezcla turbia de tráfico de drogas, corrupción y lucha contra el crimen en Guadalajara, Jalisco”.
Este tipo de operaciones secretas promiscuas con los carteles del narcotráfico se convirtió en una tónica
Por ejemplo, entre las más conocidas está la denominada, Rápido y Furioso, una pieza central en el conjunto de acciones realizadas entre 2006 y 2011 por la DEA, y la ATF (Agencia de control de alcohol, tabaco armas de fuego y explosivos), que, aparentemente, sin el conocimiento del gobierno mexicano, permitió la entrada ilegal de armas para abastecer a los carteles mexicanos de las drogas. La participación de la DEA la admitió quien fuera su director en la época, Michele Leonhart, ante una comisión especial del Congreso norteamericano.
Con estos tutores, por un lado, y las enormes cantidades de lavado de dinero bien resguardado por los grupos financieros de Wall Street, el combate a los carteles de la droga es un buen pretexto para intentar nuevas maniobras intervencionistas.

