La primera guerra del algoritmo ya ocurrió. La segunda será más rápida, más automatizada y más opaca. La humanidad tiene muy poco tiempo para decidir si eso es aceptable.
Cuauhtémoc Valdiosera
El 28 de febrero de 2026, mil misiles, bombas y drones señalados por un sistema de Inteligencia Artificial seleccionaron sus blancos en territorio iraní en menos de veinticuatro horas. Nunca antes en la historia de la guerra moderna, una máquina había decidido a tal escala y velocidad, dónde caería la muerte.
Lo que el Pentágono llamó Operación Epic Fury inauguró, sin ceremonia ni debate, la primera guerra de gran escala dirigida por algoritmos.
En el centro de esa maquinaria letal opera un nombre que millones de personas conocen por su uso cotidiano: Claude, el modelo de Inteligencia Artificial desarrollado por la empresa californiana Anthropic. Integrado en el Maven Smart System de Palantir Technologies —el sistema de inteligencia artificial de targeting más avanzado del Pentágono—.
Claude procesó imágenes satelitales, interceptaciones de señales e información de vigilancia en tiempo real para generar coordenadas GPS de ataque, recomendaciones de armamento y justificaciones legales automatizadas para cada golpe.
El primer día de la guerra, un misil Tomahawk destruyó la escuela de niñas Shajareh Tayyebeh en la ciudad de Minab, al sur de Irán. Murieron más de 165 personas, la mayoría niñas. El Pentágono abrió una investigación para determinar si la Inteligencia Artificial había clasificado erróneamente el plantel como un objetivo militar. No ha respondido aún.
El Maven Smart System: La Máquina que acelera la guerra
Project Maven nació en 2017 como un programa del Departamento de Defensa de Estados Unidos para procesar el inconmensurable volumen de video capturado por drones militares. Una década después, operado por Palantir Technologies bajo un contrato que ha crecido hasta casi 1,300 millones de dólares, el sistema sirve a más de 25,000 usuarios en todos los Comandos Combatientes de las Fuerzas Armadas estadounidenses.
El Maven Smart System no es ya un simple procesador de imágenes. Es, en palabras del experto en conflictos modernos Craig Jones, de la Universidad de Newcastle, el sistema capaz de ofrecer recomendaciones de targeting a una velocidad que supera ‘en algunos casos la velocidad del pensamiento’.
La plataforma identifica y prioriza blancos, recomienda el tipo de armamento más efectivo, considera el inventario disponible y el rendimiento histórico de los misiles contra objetivos similares, y cuenta incluso con capacidad de razonamiento automatizado para evaluar los fundamentos legales de cada ataque.
Estamos reduciendo una carga de trabajo humana de decenas de miles de horas a segundos y minutos. Se automatizan decisiones de targeting que antes tomaba el ser humano, y eso abre una pandora de preguntas legales, éticas y políticas: Craig Jones, experto en guerra moderna, Universidad de Newcastle
Según datos de pruebas militares internas de 2024, reportados por Tech Brew, Maven identificó correctamente objetos —distinguir un camión de un árbol, por ejemplo— en aproximadamente el 60% de los casos, frente al 84% de precisión de los analistas humanos en pruebas comparables.
La diferencia fue considerada aceptable por los planificadores militares, seducidos por la velocidad y la escala que ningún equipo humano podría igualar. La invasión a Irak, en 2003, requirió unos 2,000 analistas de inteligencia para el trabajo de targeting. En Irán, ese mismo trabajo lo realizaron aproximadamente 20 personas asistidas por IA.
Claude en la guerra: El modelo que todos usamos, al servicio del Pentágono
En noviembre de 2024, Anthropic —la empresa fundada por Dario Amodei y otros exinvestigadores de OpenAI bajo el estandarte de la seguridad y la responsabilidad en IA— formalizó una alianza con Palantir y Amazon Web Services, que colocó a Claude en redes clasificadas del gobierno de Estados Unidos. En junio de 2025 lanzó ‘Claude Gov’, una versión específica para agencias de seguridad nacional.
Lo que Anthropic no anticipó —o no quiso anticipar— es que ese camino llevaría a su modelo a convertirse en el cerebro de la mayor campaña de bombardeo en Oriente Próximo desde la invasión de Irak.
Según múltiples reportes de The Washington Post, Bloomberg y NPR, Claude fue integrado en el Maven Smart System para procesar y clasificar inteligencia clasificada, proponer blancos con coordenadas precisas y generar síntesis de reportes de inteligencia que orientan las decisiones de los comandantes.

Dato clave
En las primeras 24 horas de la Operación Epic Fury —el nombre oficial de la ofensiva conjunta EE.UU.-Israel lanzada el 28 de febrero de 2026—, el sistema Claude-Maven generó aproximadamente 1,000 blancos priorizados. En comparación, la campaña ‘Shock and Awe’ de 2003 en Irak atacó alrededor de 500 objetivos en sus primeras 24 horas.
NBC News confirmó que Claude ‘no ofrece directamente recomendaciones de targeting’, sino que actúa como sistema de apoyo a la decisión. Sin embargo, cuando un sistema produce listas de objetivos priorizados con coordenadas GPS a velocidad de máquina, la distinción entre ‘recomendación’ y ‘decisión’ se vuelve semántica.
Paul Scharre, vicepresidente ejecutivo del Center for a New American Security, advirtió al respecto:
‘La IA se equivoca. Necesitamos que los humanos verifiquen el resultado de la IA generativa cuando hay vidas en juego’.
Anthropic contra el Pentágono: La batalla ética que perdieron todos
La historia tiene un giro desconcertante. La política de uso aceptable de Anthropic prohibía explícitamente que Claude fuera empleado en sistemas de armas letales autónomas o en la vigilancia masiva de ciudadanos estadounidenses. El Pentágono consideró estas restricciones inaceptables para operaciones en tiempo real.
El 27 de febrero de 2026, un día antes de que comenzara la ofensiva, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva instruyendo a las agencias federales a suspender sus relaciones con Anthropic, clasificando a la empresa como un ‘riesgo en la cadena de suministro’, una designación habitualmente reservada para adversarios extranjeros como Huawei. El argumento oficial: una empresa privada no puede imponer vetos sobre el uso legítimo de su tecnología en operaciones militares.
No podemos dejar que las decisiones de Amodei cuesten una sola vida americana: Fuente militar citada por The Washington Post
La paradoja fue inmediata: Mientras Trump sancionaba públicamente a Anthropic, el ejército continuó usando Claude en la guerra de Irán, porque no existía un sustituto operativo. Palantir CEO Alex Karp confirmó en la conferencia AIPcon 9 que el sistema seguía integrado con Claude. Según The Washington Post, Claude no sería retirado hasta que el Departamento de Defensa encontrara un reemplazo funcional.
A las pocas horas de la sanción a Anthropic, OpenAI anunció un acuerdo ampliado para desplegar ChatGPT en las redes clasificadas del Pentágono. El lenguaje del contrato, revelado por múltiples medios, estipulaba: ‘El Departamento de Guerra puede usar el sistema de IA para todos los propósitos lícitos’. Era exactamente la formulación que Anthropic había rechazado aceptar. Sam Altman informó a sus empleados en una reunión interna: ‘Ustedes no toman decisiones operacionales’.
Anthropic respondió demandando a la administración Trump, calificando la designación de ‘campaña ilegal de represalias’.
Israel y el Sistema Habsora: La ‘Fábrica de asesinatos en masa’
Israel no dependió exclusivamente de la tecnología estadounidense. Las Fuerzas de Defensa de Israel llevan años desarrollando su propio sistema de targeting por IA, conocido como Habsora —’El Evangelio’ en hebreo—, que puede seleccionar blancos de ataques aéreos a una velocidad exponencialmente mayor que cualquier analista humano.
Investigaciones previas revelaron que durante la guerra en Gaza, Habsora transformó a las FDI en lo que una fuente de inteligencia israelí describió como ‘una fábrica de asesinatos en masa, donde el énfasis está en la cantidad, no en la calidad’. Los errores eran no sólo previsibles, sino aceptados como parte del proceso. La misma lógica se trasladó a Irán.
El analista Trita Parsi, vicepresidente ejecutivo del Instituto Quincy para el Estatismo Responsable, documentó en redes sociales un ejemplo revelador: Israel bombardeó un parque en Teherán llamado ‘Police Park’ —Parque de la Policía—, un espacio de recreación público que no tiene ninguna relación con las fuerzas de seguridad. La hipótesis más plausible es que el sistema de IA identificó el nombre del parque como asociado a una institución gubernamental y lo incluyó en la lista de objetivos sin ninguna verificación humana adicional.
Las similitudes entre el bombardeo israelí de Gaza y el de Teherán son cada vez más evidentes. En ambos casos, parece que Israel usa IA sin ninguna supervisión humana: Trita Parsi, Instituto Quincy para el Estatismo Responsable
El periodista de ciberseguridad Omer Benjakob, del diario israelí Haaretz, señaló que Israel es probablemente más avanzado que Estados Unidos en el desarrollo de sistemas de IA militar independientes, precisamente para evitar la dependencia de compañías estadounidenses: ‘Un día alguien descubrirá que también usamos Claude, habrá una protesta en San Francisco, y nos quitarán a Claude. Más vale que tengamos nuestra propia versión’.

El frente digital: Deepfakes, Desinformación y guerra cognitiva
La batalla de la Inteligencia Artificial en la guerra contra Irán no se libra únicamente en el aire. La información —y la desinformación— se convirtieron en un frente de combate tan activo como el militar. Yael Moshe, especialista en inteligencia de fuentes abiertas, lo describió con precisión: ‘Lo llamo terrorismo psicológico digital’.
Desde el primer día de la ofensiva, redes sociales como TikTok, Instagram y X se inundaron de imágenes generadas por IA, videos reciclados de otros conflictos y cuentas automatizadas que amplificaban narrativas de ambos lados. La empresa de análisis digital NewsGuard documentó cuentas que distribuían un video de una explosión masiva atribuyéndola erróneamente a un ataque iraní sobre un sitio nuclear en Israel. El clip era en realidad de un incendio en un depósito de municiones en Ucrania, en 2017.
El mismo 28 de febrero, en las horas siguientes al inicio de los ataques, más de 60 grupos hacktivistas se activaron en Telegram. La empresa de ciberseguridad CloudSEK documentó esta activación sin precedentes, advirtiendo que la convergencia de herramientas de IA accesibles y la exposición de más de 40,000 sistemas de control industrial en internet creaba una amenaza sin precedentes para infraestructura crítica de Estados Unidos. El 2 de marzo, Irán lanzó ataques contra tres centros de datos operados por Amazon Web Services, interrumpiendo temporalmente el acceso global al propio Claude.
La desinformación generada con IA operó en dos direcciones simultáneas:
Fabricar una ‘victoria ficticia’ para la audiencia doméstica iraní y sembrar el miedo en la opinión pública global, con imágenes falsas de Tel Aviv en ruinas y representaciones exageradas del poderío militar iraní.
Las preguntas sin respuesta: Ética, responsabilidad y el futuro
La muerte de 165 niñas en Minab plantea una pregunta que ni el Pentágono, ni el Congreso, ni la industria tecnológica han respondido con claridad: cuando un sistema de IA ayuda a identificar un objetivo y ese objetivo resulta ser una escuela, ¿quién es responsable?
Más de 120 congresistas demócratas enviaron una carta al secretario de Defensa Pete Hegseth exigiendo respuestas sobre el papel de la IA en el ataque a la escuela. La congresista Sara Jacobs y sus colegas preguntaron explícitamente: ‘¿Fue la IA utilizada para identificar la escuela Shajareh Tayyebeh como objetivo? Si es así, ¿verificó un ser humano la exactitud de ese objetivo?’. El plazo para responder venció el 20 de marzo. No hubo respuesta pública.
El experto Craig Jones identificó el problema estructural con claridad: El sistema de IA no identificó la escuela como tal. El New York Times verificó, mediante imágenes satelitales, que existe un muro construido hace 13 años separando la escuela de un cuartel del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica adyacente.
Si alguien hubiera monitoreado el dron sobre la zona durante media hora antes del ataque, habría visto a los padres dejar a 170 niñas en la puerta esa mañana.
Resolución ONU — Diciembre 2025
La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó en diciembre de 2025 una resolución sobre ‘Inteligencia Artificial en el dominio militar y sus implicaciones para la paz y la seguridad internacional’. La resolución alienta el diálogo multilateral; una reunión de tres días está programada para junio de 2026. Los ataques en Irán ocurrieron antes de que ese diálogo pudiera producir cualquier acuerdo vinculante.
La investigadora Lauren Kahn, del Centro para la Seguridad y la Tecnología Emergente de la Universidad de Georgetown, advirtió en NPR sobre el fenómeno más inquietante:
No es que la IA tome decisiones de vida o muerte de forma autónoma —al menos formalmente no—, sino que su integración es tan profunda y ubicua que resulta casi imposible determinar ‘dónde comienza la IA y dónde termina’.
Lo que está emergiendo es una nueva forma de responsabilidad diluida. Anthropic dice que no puede controlar todos los casos de uso en operaciones clasificadas. Palantir dice que es el cliente quien decide cómo emplear la plataforma. El Pentágono dice que los humanos mantienen el control final. Nadie dice claramente qué ocurre cuando la máquina falla a la velocidad de la luz.

Conclusión: La primera guerra del Algoritmo
La Operación Epic Fury no es sólo un conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. Es el primer gran laboratorio de la guerra algorítmica, el ensayo a escala real de una doctrina militar construida sobre la premisa de que la velocidad de la IA supera cualquier deliberación humana posible. El secretario de Defensa Pete Hegseth lo dejó por escrito en su estrategia de Inteligencia Artificial de enero de 2026: el objetivo es convertir al ejército estadounidense en una ‘fuerza combatiente con IA primero’.
La paradoja histórica de este conflicto es que la empresa que construyó el modelo más usado en la guerra —Anthropic, fundada bajo la premisa de desarrollar IA segura y beneficiosa para la humanidad—, terminó siendo expulsada del ecosistema militar por negarse a eliminar sus propias salvaguardas éticas. Y el ejército continuó usándola de todas formas, porque no había otra opción operativa.
El consenso entre los expertos es unánime en un punto: la compresión del ciclo de detección, decisión y acción que produce la IA aumenta el riesgo de escalada rápida si los sistemas se mueven más rápido de lo que los líderes políticos pueden intervenir. En Irán, esa velocidad ya produjo 165 niñas muertas en una escuela que ningún algoritmo supo reconocer como tal.
La Inteligencia Artificial se está convirtiendo en el sistema nervioso central de la guerra moderna. Fusiona datos de satélites, drones, inteligencia electrónica y sensores de campo de batalla en un panorama operacional en tiempo real, comprimiendo el tiempo entre detección, decisión y acción: John Keith King, estratega tecnológico y exingeniero del gobierno de EE.UU.
Lo que viene, según todos los indicios disponibles, es una profundización acelerada de esta tendencia: Drones autónomos coordinados por IA, modelos de lenguaje large integrados en cada nivel de la cadena de mando, y un debate ético y legal que corre varios años detrás de la tecnología que pretende regular.
La primera guerra del algoritmo ya ocurrió. La segunda será más rápida, más automatizada y más opaca. La humanidad tiene muy poco tiempo para decidir si eso es aceptable.
Fuentes y Referencias

