Tras décadas de postergación, la Unión Europea (UE) ha reconocido el error estratégico que supuso la renuncia a la energía nuclear, procediendo ahora a reactivar la expansión de esta tecnología de generación eléctrica. Este giro institucional fue formalizado por la presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante la Cumbre de Energía Nuclear, en París.
Lorenzo Carrasco
Dicho pronunciamiento sucede al anuncio de un ambicioso programa de apoyo financiero destinado a tecnologías de vanguardia, con especial énfasis en los Pequeños Reactores Modulares (SMR), cuya viabilidad comercial se proyecta para inicios de la década de 2030.
En su intervención, Von der Leyen señaló: “En 1990, un tercio de la electricidad de Europa procedía de fuentes nucleares; hoy, esa cuota apenas alcanza el 15 %. Esta contracción ha impactado negativamente en las metas de reducción de emisiones”. Además, subrayó que la energía nuclear implanta una fuente de suministro estable y continua operativa las 24 horas del día. En este sentido, la estrategia europea propone un modelo de eficiencia basado en la coexistencia de la energía nuclear y las renovables, sustentado en sistemas de almacenamiento, flexibilidad operativa y redes de próxima generación, elementos que se perfilan como exportaciones de alto valor añadido para la industria tecnológica del continente (Petronoticias, 11/03/2026).
De acuerdo con las directrices oficiales, la Estrategia Europea para SMR dispondrá de una inversión inicial de 200 millones de euros, financiados mediante el Sistema de Comercio de Derechos de Emisión. El plan se articula sobre tres ejes fundamentales: la simplificación normativa, la creación de entornos regulatorios experimentales (sandboxes) para el testeo de innovación y la armonización de estándares técnicos entre los Estados miembros.
Este renovado impulso europeo
Se alinea con el compromiso internacional de triplicar la capacidad nuclear global para el año 2050 —acordado originalmente en la COP-28 de Dubái (2023)—, al cual se han sumado recientemente cuatro naciones clave: China, Italia, Bélgica y Brasil.
El caso de Italia resulta particularmente significativo. La administración de la primera ministra Giorgia Meloni ha situado la reactivación nuclear como un pilar de su soberanía energética. Tras haber desmantelado su infraestructura nuclear a raíz de los referéndums de 1987 (post-Chernóbil) y 2011 (post-Fukushima), el gobierno italiano busca ahora mitigar los elevados costes eléctricos nacionales mediante la implementación de reactores modulares. Se estima que esta tecnología podría cubrir entre el 11 % y el 22 % de la demanda eléctrica del país.
Por su parte, Bélgica ha rectificado su política de desmantelamiento, optando por extender la vida útil de sus plantas y apostar por los SMR para asegurar una cuota de generación nuclear de entre el 35 % y el 40 %. Simultáneamente, China reafirma su hegemonía en el sector con 57 reactores operativos y 33 adicionales en fase de construcción, consolidando una capacidad de 91 GW mediante el desarrollo de tecnología propia y rusa.
En contraste con dinámica global, en Iberoamérica no sopla el viento de la innovación
En un panorama sombrío, la región parece asfixiada mientras contempla la frescura de los molinos de viento y otras opciones, escritas en el menú de las que se dicen ser energías limpias como si estas fuentes fueran capaces de saciar la demanda energética. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y el gobierno del presidente Lula da Silva en Brasil coinciden en su desdén por la energía nuclear.
En el caso brasileño, aunque existen proyectos prometedores de microrreactores, estos avanzan a paso de tortuga. El punto crítico reside en la finalización de la central Angra 3, paralizada desde hace más de dos décadas.
Según informes del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES, la conclusión de la obra requeriría una inversión de aproximadamente 24.000 millones de reales, cifra que apenas supera el coste estimado de su desmantelamiento.
A pesar de que el Plan Energético Nacional 2055 contempla un objetivo de 14 GW de origen nuclear, la inercia política que ha caracterizado a las sucesivas administraciones sugiere que, sin una reconfiguración profunda del pensamiento estratégico nacional, tales metas resultarán inalcanzables.
Un triste ejemplo del repudio a lo nuclear se vio en la escasa atención prestada a la muerte del físico Rex Nazaré Alves, el 6 de enero último. Uno de los más grandes científicos brasileños de todos los tiempos, fue presidente de la Comisión Nacional de Energía Nuclear (CNEN) entre 1982 y 1990, período durante el cual coordinó uno de los mayores logros científicos y tecnológicos del país:
El programa nuclear paralelo de la Armada brasileña, que culminó con su dominio de la tecnología de enriquecimiento de uranio, lo que situó a Brasil en un selecto grupo de apenas un puñado de países con esta capacidad. Un detalle, tal éxito fue omitido en el comunicado oficial del gobierno al pronunciarse sobre el deceso.

