Arturo Rios
Debajo de la tierra se esconden secretos que superan la imaginación. La Cueva de la Orquídea, en Xalapa, Veracruz, es un ejemplo de ello.
Su historia antecede a cualquier presencia humana en la zona. Se estima que, hace unos 30 mil años, el volcán Macuiltépetl hizo erupción.
El magma fluyó a los alrededores, perforando el suelo dando origen a la cueva. Se formó una burbuja de esta sustancia que, al estallar y solidificarse, resultó en una formación rocosa que asemeja una orquídea. De ahí su nombre.

Cerca de 1,500 A.C.
Un personaje importante fue sepultado en la Cueva; junto a su cuerpo, había ofrendas de todo tipo: vasijas de barro, hachas de piedra y un yugo decorado lujosamente y otros más.
La cueva permaneció durante siglos en el olvido. Xalapa fue construida a su alrededor y nadie supo de su existencia. En 1943, un hombre picaba piedra en la zona y al dar un golpe, descubrió un gigantesco agujero.
A pesar de la novedad, las faltas de conservación propiciaron que, en 1950, la cueva fuera usada como basurero.
En 1995, civiles limpiaron y extrajeron más de 15 toneladas de basura. Sin embargo, después de este esfuerzo, la cueva siguió cerrada y deteriorándose. Fue hasta 2011 que el gobierno decidió rehabilitarla, convirtiéndola en atracción de ecoturismo.

