julio 17, 2026

Netanyahu, en modo supervivencia

Netanyahu, en modo supervivencia

Las acciones de Israel contra Hezbollah y Hamás, asesinando a líderes de los dos grupos en Beirut y Teherán, fue una anzuelo desesperado del primer ministro Benjamin Netanyahu para atraer a Estados Unidos, a un conflicto generalizado, pensando vanamente en su supervivencia política. Desde luego, un objetivo bárbaro compartido con él por el eje de poder mundial Washington-Londres. 

MSIA Informa*

Está claro que tal escalada cuenta con el apoyo directo de Washington, donde “Bibi” se encontraba de visita, habiendo recibido una ovación de pie en el Congreso por cada párrafo de su discurso, además de reuniones con el presidente Joe Biden, la vicepresidenta Kamala Harris y, no menos importante, el expresidente y favorito en las elecciones de noviembre, Donald Trump.

Sin mencionar el hecho de que el ataque aéreo en Teherán que mató al líder político de Hamas, Ismail Hanyieh, no podría haberse llevado a cabo sin la colaboración de los servicios de inteligencia estadounidenses. Llamó la atención la negación inmediata del secretario de Estado, Antony Blinken, sobre cualquier participación en el ataque.

Con la eliminación de Hanyieh, un moderado, “Bibi” ha demostrado que no tiene interés en negociaciones serias para poner fin a la guerra en Gaza, que ya se ha cobrado la vida de más de 40.000 palestinos, en su mayoría mujeres y niños.

Del mismo modo, el bombardeo de la aldea drusa de Majdal Shams en los Altos del Golán, ocupada por Israel desde 1967, que mató a 12 niños y adolescentes en un campo de futbol el 26 de julio, lleva las huellas de un ataque israelí disfrazado. A pesar de atribuirlo a Hezbolá, que lo negó rápidamente (con gran credibilidad, ya que el grupo nunca ha atacado a civiles drusos en Israel y siempre asume sus ataques), testigos locales afirman que la causa de la explosión fue un misil del sistema de defensa aérea israelí, un hecho común en la región. 

Aunque Tel Aviv ha aprovechado el episodio para justificar el ataque a Beirut y una posible acción militar en Líbano, tanto Netanyahu, que regresó apresuradamente de Washington, como su ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, fueron desdeñados cuando llegaron al lugar para expresar sus “condolencias” a las familias de las víctimas.

Igualmente relevante es que el ministro de Exteriores libanés, Abdallah Bou Habib, pidiera una investigación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre lo sucedido, pero subrayó que no había “ninguna lógica” que justificara su autoría por parte de Hezbolá (Sky News, 29/07/2024).

La intranquilidad de Netanyahu por su futuro inmediato, eclipsa cualquier otra alternativa estratégica, en lo que también pesa la deplorable situación del país

Desde octubre de 2023, el Estado de Israel ha visto desmoronarse el pilar central de su estrategia supremacista: la cacareada superioridad militar sobre cualquier oponente regional, disputada por la incapacidad de derrotar a Hamás en Gaza y desafiada, sobre todo, por las capacidades demostradas por Hezbolá, Yemen e Irán para alcanzar objetivos en prácticamente cualquier parte del país. En un conflicto de gran envergadura, incluso con la esperada participación de EE.UU. y, eventualmente, de otras potencias de la OTAN, será imposible evitar costos humanos y materiales potencialmente catastróficos en el país, un golpe devastador a la pieza clave del proyecto sionista del Estado de Israel: la capacidad de garantizar un hogar seguro para los judíos que quieran vivir allí.

En cualquier escalada bélica, un objetivo principal sería el sistema eléctrico israelí, alimentado básicamente por siete centrales termoeléctricas y, según el presidente del Operador del Sistema Independiente (NOGA), Shaul Goldstein, extremadamente vulnerable a los ataques (Strategic Review, 26/06/2024).

Como dijo el general retirado del Ejército Itzhak Brik, lanzar un ataque contra Hezbolá es un suicidio colectivo (Jerusalem Post, 25/06/2024)”.

Al mismo tiempo, la economía israelí se ha sido duramente golpeada por el conflicto

A principios de julio, las operaciones militares y el gasto en la población desplazada habían alcanzado los 60.000 millones de dólares. Varios sectores de la economía, como el turismo y la construcción civil, se han visto fuertemente afectados, entre ellos por la movilización de una gran parte de la fuerza laboral por parte del Ejército.

Desde octubre de 2023, más de 45 mil empresas han cerrado en todo el país y se espera que el número llegue a 60 mil a finales de este año. Más de 125.000 personas han tenido que ser evacuadas de las afueras de Gaza y del norte del país, y los costes de su reubicación y mantenimiento han sido asumidos por el gobierno.

El puerto de Eilat, en el Mar Rojo, se declaró en bancarrota en julio como resultado del exitoso bloqueo de Yemen a la navegación comercial hacia Israel. El Banco de Israel estima que se espera que la guerra provoque una reducción del crecimiento del PIB (Producto Interior Bruto) al 2% en 2023 y 2024, frente a las previsiones anteriores del 2,3% y el 2,8%, respectivamente.

Una consecuencia de esta situación fue la salida del país de 470.000 personas, un aumento de casi el 300% con respecto a las cifras de años anteriores, la mayoría de las cuales no se espera que regresen a Israel.

En un artículo publicado el 26 de junio en el periódico Ha’aretz, el ex primer ministro Ehud Olmert describió el escenario de la siguiente manera: “(…) Un colapso sin precedentes de todos los servicios que la ciudadanía necesita en circunstancias normales, y especialmente en las circunstancias muy excepcionales que estamos viviendo desde octubre de 2023. Los servicios públicos se están derrumbando, zonas enteras del país están desiertas y el gobierno no tiene ningún plan ni ha hecho ningún esfuerzo para crear una respuesta que pueda mejorar la situación y encender una chispa de esperanza”.

Y concluyó acusando a “Bibi” de traición al Estado de Israel: … Netanyahu debe ser llevado ante los tribunales por el pueblo de Israel. Esto no debe demorarse. 

Fotos: Pixabay

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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