La guerra contra Irán es una consecuencia directa del proyecto sionista fundamentalista del Gran Israel, que contempla la anexión total de Gaza y Cisjordania, así como partes de Líbano, Siria, Irak y Arabia Saudita, y la virtual destrucción del país persa, su principal adversario en la región.
MSIA Informa
El primer ministro Benjamin Netanyahu logró involucrar a Estados Unidos en esta empresa, quizás mediante algún tipo de chantaje vinculado al escándalo Epstein.
Tras seis semanas de guerra, es evidente que Irán está demostrando ser un adversario mucho más difícil de lo que Bibi y Trump imaginaban.
A pesar de los graves daños sufridos, ha lanzado duros contraataques contra la infraestructura militar de Estados Unidos y sus aliados del Golfo Pérsico, así como contra el propio Israel, que nunca se había enfrentado a un enemigo de tal capacidad.

Este problema se agrava con el refuerzo del Hezbolá libanés, Ansar Allah yemení y las milicias chiíes iraquíes.
El retorno a las fronteras de 1967
Reconocidas internacionalmente, parte de un acuerdo amplio, podría garantizar la continuidad de Israel y establecer la presencia del derecho internacional en la región, que ha sido sistemáticamente violado por Israel desde su fundación y las interminables guerras neoconservadoras de las últimas décadas.
Sin embargo, una condición prácticamente indispensable para ello sería la salida de Benjamin Netanyahu, es decir, un cambio de régimen en Israel.

