Arturo Ríos
Desde hace más de 400 años, en el pueblo de Mixquic, uno de los siete pueblos originarios de la alcaldía Tláhuac, a la orilla poniente de la Ciudad de México, se festeja a los muertos a partir de este domingo 31 de octubre.
La celebración implica el montaje de ofrendas y flores, comida y otros elementos; obras de teatro, música, danza y pinturas de arena en el piso.
La mística es impresionante
Se adornan mesas con mantel y encima, las ofrendas como la sal, agua, veladoras, para alumbrar el camino a los difuntos que llegarán, y la flor de cempaxúchitl, de un amarillo encendido, típicamente azteca.
La ofrenda se complementa con frutas, pan de muerto; para el caso de los niños se incluyen figuras de xoloitzcuintles, perros aztecas, para que guíen sus almas por el inframundo.No faltan las flores blancas, que representan la pureza de los niños y amarillas que iluminan la vía de las almas de los adultos.
El primero de noviembre
Al sonar las campanas o seña, vocablo chileno, a mediodía, para anunciar la llegada de las ánimas de los niños y adultos.El día 2, se rinde homenaje a los difuntos. Familiares y amigos arriban a los panteones y decoran las tumbas; están hasta entrada la noche.
Los fieles creen que el alma del fallecido baja y degusta los alimentos y bebidas que saboreó en vida, por eso sus familiares se los ofrecen a través de las ofrendas. (Fuente: Bertha Lucila Vázquez Martínez).

