Cuando la vida te presente razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones para reír y ser feliz.
Ivette Sosa
Reynaldo Pino González, Director de Finanzas y Administración, es un ejemplo de lucha, no sólo por su tesón en estudiar y alcanzar sus sueños. También, porque el destino lo puso a prueba, cuando tuvo un severo accidente automovilístico, que lo mantuvo al borde de la muerte.
Dejemos que sea él quien se presente:
Soy nacido y criado en una casa de dos cuartos de adobe y cocina de cartones. Hice todos mis estudios en escuelas oficiales; la gran ventaja que tuve es que aprendí inglés, desde niño, y eso me abrió las puertas de empresas internacionales que cambiaron totalmente mi vida y la de mi familia. Hasta pude conocer y trabajar en Europa, todo un sueño para el niño pobre que era yo.
Sobre su accidente, el egresado de la Universidad de Sonora, comenta a diarionoticasweb.org:
Contemos también lo bueno. De ese carro hecho pedazos, me sacaron más muerto que vivo, después de chocar entrando a Monterrey. Iba a firmar un contrato con una gran empresa, para escalar mi carrera a un nivel muy alto.
Yo trabajaba con Sumitomo, en Coahuila, y cuando le dijeron a mi jefe japonés, el señor Teruyasu Iwakura, que tuve un accidente yendo a ver otra empresa, éste mostró su humanidad y su nobleza, oculta bajo ese carácter tan rasposo:
No me importa que andaba haciendo, lo que me importa es que me lo traigan vivo, completo, igualito que el ultimo día que lo vi, cueste lo que cueste. Me lo traen de regreso a su casa, con su familia.
Dos veces me dieron por muerto
Fueron 16 cirugías en cuatro años, pero gracias a Dios, a los doctores del Muguerza y al dineral que pagó Sumitomo por recuperarme, ¡heme aquí!, casi igualito.
Recuerda que en cuanto pudo pararse, apoyado en muletas y lleno de fierros, fue a ver a Iwakura, para darle las gracias y explicarle las cosas, pero la respuesta de él fue sublime:
No te quiero ver hasta que tu salud ya no sea tu preocupación, ¡vete a recuperarte!, descansa. Tu lugar no lo va a ocupar nadie y tu sueldo completo se te seguirá pagando, como siempre.
Al caminar con bastón le pedí permiso de regresar a trabajar, y me dijo que sí, en un mes, pero que no podía igualar el sueldo que me pagaban en Monterrey.
Y yo, llorando, le dije que perdería todos mis valores si me iba después de todo lo que hizo por mí.
El señor Iwakura era un líder, no chingaderas. Le debo una enorme gratitud, siempre está en mi memoria, señala Reynaldo Pino González.
Para finalizar la plática, asevera que es un error decir cosas negativas de las empresas extranjeras, mucho menos de las firmas japonesas y alemanas, que han dado y hecho tanto a países como México y por sus trabajadores, y me consta -añade-, como administrador de sus plantas de manufactura.
-Algo que desee agregar…
Es un honor que se conozca esta historia.

